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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Núm. 20 |
Reconocezme en las calles |
MERCEDES Reconocedme en las calles, entre los borrachos, en el grito anónimo, las cartas sin remite o la cara angustiada de tantos, en cada espalda que suda en el metro y en todos los ojos que contemplan con sorpresa cómo el día inunda de nuevo su ciudad. Luchamos contra un terror sin dimensión ni nombre que ha instalado la muerte en cada uno de nosotros como una enfermedad incurable y nos resistimos porque nosotros somos LA VIDA, a pesar de que los diarios lo oculten deliberadamente. Ellos han tomado el tiempo y lo han limitado con sus relojes con el fin de tener el nuestro controlado y a su servicio, han puesto rejas al espacio y a la Naturaleza construyendo las ciudades, donde se nos observa, se nos engaña y se nos domina en masa con más facilidad, nos condenan a la lenta agonía de sus trabajos forzados, nos venden un hueco en sus colmenas de cemento por el módico precio de diez o más años de nuestra vida (¿muerte?), nos aplastan en su metro, nos asfixian con su contaminación, nos disparan con su policía y nos inundan de cosas importantes con que olvidar las miles de personas que pasan, viven y mueren a nuestro lado y que nos necesitan, como yo necesito de ti, de todos, paracrear ese lugar donde el hombre es feliz, donde las calles no recuerdan las autopistas y cada día es un nuevo juguete entre nuestras manos. Nos condenan por soñar, por intentar amar y ser amados, por sonreír en el metro a las ocho de la mañana, por estar vivos, por no entender nada, por asomarnos a todas las ventanas, por perseguir el vuelo de una estrella, por enredar la noche entre las piernas, por estremecer la lluvia en nuestras ropas, por estar hartos de asfalto y pesadilla, y, sobre todo, por estar siempre PROVOCANDO UNA EXPLOSIÓN DE AMOR CONSTANTE QUE DESTRUYA DE UNA VEZ POR SIEMPRE TODO LO «INÚTIL». Pero no nos pueden matar de una sola muerte, porque vivimos en todos y cada uno de nosotros, pues que somos los miles y miles de seres que nos negamos a vivir la vida que nos quieren imponer y que aún conservamos en nosotros mismos nuestros tesoros más queridos. Su ignorancia completa de lo que somos hace que cometan la tontería de querer limitarnos, porque no se han dado cuenta de que nada nos ata y podemos ir a cualquier lugar con todo el tiempo del mundo, ni tampoco saben que la Naturaleza, el Espacio y la Vida están de nuestra parte, muy dentro de nosotros y de sus bosques anatómicos sólo pueden recogerse las facturas. Y llegará el día en que y saltaremos de estrella en estrella, mientras ellos estarán muertos para siempre. Y, mientras tanto, sin aceptar ningún poder, ni dios, ni institución alguna que nos limite ni coaccione, cuando nos sentimos desanimados, levantamos la vista para tropezar con todo nuestro amor disperso en los miles de rostros, en las miles de caricias, en los miles de sueños, en la cara de un niño, en las pintadas, en los zapatos gastados y en los bancos de todos los parques. |