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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Núm. 19

Formación de la ideología de la CNT en sus congresos

J. PEIRATS

SI aceptamos como antecesores de la CNT todas las formas y denominaciones que tomó con el tiempo nuestro movimiento obrero, no cabe duda de que la ideología de nuestra organización corresponde a la federalista libertaria de la I Internacional. El hilo conductor es el siguiente: Federación Regional Española (1870-1881), Federación de Trabajadores de la Región Española (1881-1888), Pacto de Unión y Solidaridad de los Trabajadores de la Región Española (1889-1896), Confederación «Solidaridad Obrera» 1907-1910), Confederación Nacional del Trabajo (1910 hasta nuestros días). El bache entre 1896 y 1907 no es tal si tenemos en cuenta las formas orgánicas que posibilitaron la huelga de los metalúrgicos, luego huelga general, de 1901-1902, en Barcelona, y la Unión Local de Sociedades Obreras, también barcelonesa, desde 1904 a 1907. La huelga general de 1902, que torpedearon los socialistas cuanto pudieron (notablemente Pablo Iglesias desde el Parlamento), fue tan virulenta y trágica que inspiró al pintor Ramón Cases su famoso «La carga».

Si de las formas orgánicas pasamos al aspecto ideológico cabe constatar la siguiente correlación. Entre los documentos entregados por el emisario de Bakunin, José Fanelli, a los primeros internacionalistas, en el invierno de 1868-69, figuraban, además de los estatutos de la Internacional, la declaración de principios de la Alianza de la Democracia Socialista: «La Alianza quiere ante todo la abolición definitiva y completa de las clases y la igualdad económica y social de los individuos de ambos sexos ... Enemiga de todo despotismo, no reconoce ninguna forma de Estado ..., pues quiere que todos los Estados políticos y autoritarios actualmente existentes se reduzcan a simples funciones administrativas de los servicios públicos ..., estableciéndose la unión universal de libres asociaciones tanto agrícolas como industriales ...»

LA CGT NO ENSEÑO NADA

SEGÚN Anselmo Lorenzo, en el primer congreso de la Internacional española se marcaron cuatro tendencias, pero la mayoritaria fue la «idealista revolucionaria que, negando capacidad para el bien a las instituciones causantes del mal, lo mismo que a las ideas que les sirven de fundamento, iba directamente a la renovación de la sociedad partiendo del concepto racional del individuo». En aquel mismo congreso (fundacional de la Federación Regional Española) fue establecido un plan de estructuración orgánica, ampliamente federativo, que dejó boquiabierto a Carlos Marx cuando el propio Anselmo Lorenzo se lo dio a conocer en Londres, en vísperas de la Conferencia Internacional de 1871. Este plan de organización había sido refrendado y ampliado en una Conferencia que tuvo lugar posteriormente en Valencia, y, al parecer, el artífice había sido «un joven estudiante llamado Meneses, delegado de varias sociedades de Cádiz». El mismo Anselmo Lorenzo se sonreía a principios de este siglo cuando hubo la pretensión de que nuestro sindicalismo revolucionario había sido inspirado de cabo a rabo por la Confédération Générale du Travail francesa. Yo voy más lejos todavía, puesto que veo en el plan Meneses el verdadero origen de las federaciones nacionales de industria que la escuela de Juan Peiró creyó haber heredado del sindicalismo francés. De aquí a afirmar que el sindicalismo revolucionario nació en España hay poco trecho.

La AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores), tuvo su grave crisis en el congreso de La Haya de 1872 al querer imponer los marxistas el abandono de la línea federalista y propiciar la formación de partidos políticos obreros. Abandonaron el congreso, entre otras delegaciones (belga, suiza, italiana, etc.), los delegados españoles. Todos ellos se reunieron en Saint-Imier inmediatamente, donde declararon: «1.° La destrucción de todo poder político es el primer deber de los trabajadores. 2.° Que toda organización de un poder político, supuesto provisional y revolucionario para llegar a esta destrucción, no puede ser más que un engaño más y sería tan peligroso para el proletariado como todos los gobiernos que existen hoy. 3.° Que para llegar al cumplimiento de la revolución social, los proletarios de todos los países deben establecer, fuera de toda política burguesa, la solidaridad de la acción revolucionaria.»

A partir de entonces puede decirse que la Federación Regional Española tuvo una línea ideológica definida, pues la resolución de Saint-Imier sería refrendada el mismo año en congreso. También fue ratificada por la Federación de Trabajadores de la Región Española en su congreso de Sevilla de 1882, congreso que se declaró «netamente anarquista». Poco sabemos en cuanto a la orientación ideológica de la organización siguiente: Pacto de Unión y Solidaridad de los Trabajadores de la Región Española, aunque Palmiro Marbá sostiene que no fue «otra cosa que la continuación de las disueltas federaciones obreras».

Ya nos hemos referido a la gran huelga general de 1901-1902 iniciada por los metalúrgicos de Barcelona y en la que el conflicto produjo un saldo de centenares de detenidos y decenas de heridos y muertos entre las patas de los caballos de la guardia civil. La significación ideológica de aquellos luchadores sobresale de unas declaraciones del líder socialista Pablo Iglesias, el cual, preguntado sobre si tenía algo que ver su partido, respondió tajantemente: «No; es exclusivamente anarquista. El Partido Socialista condena la huelga general por ahora ...»

ANTECEDENTES DE LA CNT

ES innegable que hubo una baja de régimen en el movimiento obrero revolucionario en los últimos años del siglo pasado y principios del actual. El bache coincide con el período de los atentados terroristas en Cataluña, el proceso de la «Mano Negra» y la sublevación de Jerez en Andalucía. En cambio nunca rayó a mayor altura la propaganda de las ideas anarquistas en periódicos y revistas que alimentaban, también, nuestras mejores plumas.

La Unión Local de Sociedades Obreras de Barcelona empalma desde 1904 con la Confederación Solidaridad Obrera, fundada ésta en 1907 como réplica a la concentración electoral llamada Solidaridad Catalana. El primer número de su órgano en la prensa, «Solidaridad Obrera», 19 de octubre de 1907, presenta a ésta bajo forma de una trabajadora que sacude a un obrero dormido de bruces sobre una mesa. «i Proletario, despierta!», le dice «Soli» al durmiente que estaba soñando en un cuerno de la abundancia al lado de una «bailada» de sardanas en torno a la «senyera» catalana. La sátira no puede ser más elocuente. Hubo quien atribuyó este dibujo a Apeles Mestres.

Lo cierto es que después de los martirios de Montjuich, consecuencia de la bomba de Cambios Nuevos, la reorganización reemprende. La nueva organización proclama su neutralidad política, cosa comprensible pues en la fundación de Solidaridad Obrera han participado los socialistas catalanes, sin duda resentidos por la posición de Pablo Iglesias durante la huelga de 1902, que hizo caer en bloque sobre ellos el epíteto infamante de «amarillos». Pero el periódico «Solidaridad Obrera» ha sido posible gracias a un mecenas de talla: Francisco Ferrer Guardia, que además de sus escuelas racionalistas había lanzado como un desafío otro órgano: «La huelga general». Estos antecedentes, más el atentado de Mateo Morral contra los reyes, serían la base de la absurda acusación tras los hechos revolucionarios de 1909. En su primer número, «Solidaridad Obrera», en medio de una serie de reivindicaciones, escribía: «Por último, también, como fin de nuestras aspiraciones económicas, afirmamos y queremos la emancipación total de los trabajadores del sistema capitalista,sustituyéndolo por una organización obrera transformada en Régimen Social del Trabajo».

Solidaridad Obrera pasó a ser regional en 1908 y nacional en 1910. En el congreso de este mismo año optó por constituirse en Confederación Nacional del Trabajo ya bajo la inspiración del sindicalismo revolucionario, que si no debía considerarse como un fin, se proponía, por medio de una lucha intensificada, conseguir «la emancipación económica integral de toda la clase obrera mediante la expropiación revolucionaria de la burguesía». Como táctica consideraba la huelga general no pacífica. «La huelga general ha de ser revolucionaria, porque los guardadores del orden (...) no conocen o no ponen en práctica otros medios que los de perseguir y encarcelar a los más activos (...) y el resto de los obreros ha de protestar de la práctica de estos medios, y esta protesta debe ser violenta, pues de lo contrario, en lugar de vencer a los tiranos inmolarían nuevas víctimas.»

LOS CONGRESOS CONFEDERALES

EL primer congreso de la CNT (8, 9 y 10 de septiembre de 1911) remitió el tema de su fusión con la UGT al momento en que ambas fuerzas fueran equiparables. Acordó convertir el semanario «Solidaridad Obrera» en diario. Realizar una amplia excursión de propaganda por toda España y la implantación de escuelas racionalistas. El congreso debía pronunciarse sobre la táctica llamada de «base múltiple», resolviendo en contra: «Esta ponencia, con absoluta unanimidad, conceptúa que esta forma de organización obrera es una verdadera, una evidentísima utopía. Organizarse los trabajadores para la lucha económica, para la lucha política, para el cooperativismo, para el apoyo en enfermedades, para el auxilio en persecuciones, para proporcionarnos un jornal cuando somos viejos, es, sencillamente, no organizarse para nada ... a la sociedad burguesa, en fin, no la venceremos a puñados de dinero, sino a golpes de voluntad, a golpes de energía. Sobre estas bases indestructibles y fecundísimas ... hemos de fundar el sindicalismo» El congreso se pronunció por defender la libertad y los derechos adquiridos. «Pero ante una revolución política, que sólo tuviese por objeto un simple cambio de forma en el actual Estado capitalista, que dejaría en pie las mismas causas de explotación y de servitud económica, no nos prestaremos a engaño...»

Dejando en un amplio paréntesis el congreso regional llamado de Sants, tan importante en cuanto a los aspectos de estructuración orgánica (creación de los sindicatos únicos), hay un salto desde 1911 (puesta de la CNT al margen de la legalidad por algunos años) al próximo congreso confederal y más importante para el objeto de este trabajo. Fue el II ordinario celebrado en Madrid del 10 al 18 de diciembre de 1919. La importancia consiste en su neta y detonante declaración de principios que dice así: «Al Congreso: Los delegados que suscriben, teniendo en cuenta que la tendencia que se manifiesta con más fuerza en el seno de las organizaciones obreras de todos los países es la que camina a la completa, total, absoluta liberación de la humanidad en el orden moral, económico y político; y considerando que ese objetivo no podrá ser alcanzado mientras no sea socializada la tierra y los instrumentos de producción y de cambio, y no desaparezca el poder absorbente del Estado, proponen al congreso que, de acuerdo con la esencia de los postulados de la Internacional de los trabajadores, declare que la finalidad que persigue la Confederación Nacional del Trabajo de España es el Comunismo libertario.»

Estos principios han sido ratificados por todos los congresos regulares celebrados después, en el de Madrid (1931) y en el de Zaragoza (1936), así como en todos los comicios regionales, y, por lo tanto, continúan vigentes.

La época excepcional de los tres años de guerra y sus secuelas no pueden tomarse en consideración, no sólo por motivos de dispersión (en el frente y en la retaguardia) sino porque la dialéctica «circunstancialista» fue empujada a tal extremo que algo tan consubstancial a nuestro movimiento histórico como es el federalismo funcional, brilló poco menos que por su ausencia.

Podrán aducirse cuantas explicaciones tengan a bien aportarse. No voy a entrar en ellas y hasta creo que mejor sería correr un velo piadoso, y si de velar se trata, velemos porque la historia futura no nos sitúe de nuevo ante una situación tan violenta como a partir de julio de 1936 nos colocó la problemática bélica.

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