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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Núm. 16 |
anarquismo / consejismo 2: Paul Mattick |
| FRANK MINTZ Pese a su título un tanto contuso, «comunismo Anti-bolchevique» [Merlin Press (Londres 1878)] es un libro interesante, que recoge los ensayos de un trabajador. Paul Mattick nació en una familia obrera en Berlín en 1904, y fue trabajador en la Siemens, afiliándose al K.A.P D., escisión del P.C. socialdemócrata y moscovita, en la que militaban Gorter, Pannekoek y Rühle. En 1926 emigró a los EEUU entrando en la organización de tipo sindicalista revolucionario I.W.W. y animando luego revistas comunistas de consejos, con Panekoek y otros consejistas alemanes, refugiados en los EEUU a causa del nazismo. Mattick ha escrito también «Marx y Keynes», «Crítica de Marcuse»: el hombre unidimensional en la sociedad de clases», y en alemán «Crisis y teoría de la Crisis». También hay en francés su demoledora crítica del «Tratado de economía marxista» de Mandel, con artículos de Pannekoek en «La contra-revolución burocrática», y una semblanza de Rühle en el folleto «Fascismo oscuro, fascismo rojo» del mismo Rühle. En la antología citada al principio, tenemos 12 ensayos escritos entre 1935 y 1969 que marcan una constancia notable del pensamiento y un repudio indiscutible y claro del capitalismo privado y del capitalismo de Estado, si bien con un enfoque muy distinto al anarquista. Desde un punto de vista laboral, los principales artículos son 4: «El comunismo de consejo», «Espontaneidad y organización», «La gestión obrera» y «Otto Rühle y el movimiento obrero alemán». Al abordar el comunismo de consejo, Mattick plantea el problema del por qué del debilitamiento, la mengua del movimiento, yes importante seguir su análisis porque los anarquistas de todas las tendencias están en la misma postura. Empieza destacando que «los mismos trabajadores son más o menos conscientes de la imposibilidad de actuar contra el capitalismo». Este sentimiento no puede ser quitado por el uso de una «fraseología extremista» o la «sumisión completa» a las clases poseedoras. Tampoco se puede explicar la situación actual hablando de «traiciones» o de «renegados». Del movimiento obrero que sedesarrolló históricamente en varias naciones, sólo quedan organismos que no tienen nada que ver, y que están «tan integrados dentro de la sociedad existente que son incapaces de funcionar si no son instrumentos de la misma.» Mattick da «la explicación»: el marxismo no es culpable de tal decaimiento, puesto que fue rechazado y nunca comprendido como «guía no dogmática para la investigación científica y la acción revolucionaria». En comparación con el anarquismo, el argumento no es original, dado que lo mismo en la Rusia de 1917-18, que en la España de 1936-39, nuestra explicación de nuestro fracaso es la falta de anarquismo. Y Mattick prosigue dando los jalones de un renacimiento: el corte del «viejo movimiento obrero» con las viejas organizaciones. Aunque Mattick señala que en este viejo movimiento hubo el 1905 ruso, que dio por primera vez una orientación hacia la toma de los instrumentos de producción, considera que el carácter profundo de los trabajadores europeos era pro-capitalista. Lo que queda de los trabajadores capaces, consiste en los grupos comunistas de consejos que «son marxistas porque no existe aún una ciencia social superior a la que creó Marx»». Los grupos toman la situación actual sin sentimentalismo, como es. Consideran que «es imposible de organizar fuerzas anticapitalistas con importancia (más fuertes que el capital) dentro de la estructura de relaciones capitalistas». Afirman que dadas estas condiciones «las acciones espontáneas de masas insatisfechas, durante el desarrollo de la rebelión, crearán sus propias organizaciones, y que tales organizaciones, surgidas de las condiciones sociales, son las únicas que pueden dar término al tinglado social actual.» Y, agrega Mattick: se propone como estructura de la nueva sociedad una organización de consejos, con la adopción de un promedio de trabajo social horario, participando los trabajado-res directamente en todas las decisiones necesarias. Los grupos comunistas de consejos no dicen «estar actuando por los trabajadores», porque pertenecen a la clase: sugieren acciones, no las realizan «para la clase». Los grupos demuestran «por la palabra y los hechos» lo que el movimiento obrero puede realizar. «Espontaneidad y Organización»
está escrita en 1949 y de hecho descarta el problema como siendo
del pasado y el de «una clase trabajadora altamente desarrollada».
Sin embargo Mattick expone el concepto de George Sorel y de los sindicalistas
de la huelga general, sin dar directamente su opinión. Esta
falta de interés por el anarcosindicalismo y la falta de información
(incluyendo al bueno de Sorel), se repite en «La gestión
obrera», aunque reconoce que cultivaba la acción directa
y era menos burocratizada que los otros sindicatos. En cambio las afirmaciones del marxismo como análisis certero se repiten, como en la conclusión de dicho artículo sobre «La inevitabilidad de las crisis y las guerras». «La gestión obrera» es de 1967, y nos da una prueba de la estrechez de visión de Mattick (y a mi parecer de todos los consejistas), tras un estudio muy superficial de las relaciones entre Lenin y los consejos (como si no hubiera leído a Brinton, Volin o al propio Lenin), Mattick concluye: «la conciencia de clase debe haber faltado totalmente en Rusia, y sólo pone «según Lenin», para poder endilgar su esquema sobre el atraso de Rusia y por tanto el fracaso normal, como en cualquier otro país, siendo el nacionalismo siempre negativo (y no se comprende cómo pudo ser 1905 algo positivo ya que nacía en un país atrasado), en oposición a Alemania en que la revolución fracasó por «negatividad subjetiva». Siendo igual que en Alemania para Italia, Hungría y España. La vaguedad de la exposición para Alemania se acentúa con la evocación de Otto Rühle, acusado de revestir el marxismo con la sociología y la psicología burguesas, lo que da un «marxismo emasculado» porque «este tipo de marxismo no podía servir a las necesidades prácticas de los trabajadores, ni tampoco ayudar en la educación de los mismos». Esta incapacidad de Mattick para aceptar un instrumento indispensable para comprender el impacto de la familia, la educación y la propaganda es curiosa, pero si fuera capaz de proporcionar explicaciones a las fases de retro-ceso se podría perdonar el desconocimiento de W. Reich y Erich Fromm (y cito expresamente alemanes, porque, aparte de los acontecimientos alemanes, poca cosa de la historia proletaria parece conocer Mattick). Mattick sólo machaca análisis marxistas económicos y nada más, lo que reduce enormemente por ejemplo su crítica de Marcuse. Pero Mattick no es sectario en la medida en que declara que Rühle era un hombre no asimilable a una organización, y que tendía al anarquismo, lo mismo para Karl Korsch. En ambos casos, curiosamente, dice que no dejaron el marxismo (¡cómo para excusarles!). Es una lástima que ninguna revolución haya dado un período consejista, porque con el marxismo por una parte, y conceptos ya vistos sobre la sociología y lo que puede «ayudar en la educación» de los trabajadores... ¿Qué es el marxismo de Mattick? La introducción, sin lugar a dudas de 1978, es tajante: «En el pensamiento de Marx, un capitalismo plenamente desarrollado era el requisito para la revolución socialista». En cuanto a los países atrasados, el nacionalismo sólo las puede conducir a una forma capitalista. Esto no impide a Mattick evocar una organización consejista a nivel nacional. Y si la denuncia del bolchevismo en sí como entidad, agrupando el leninismo, al trotskismo y al estalinismo, está muy clara, no veo en que medida el marxismo no ha de incluirse también. Mayor-mente cuando Mattick –el que en todos sus análisis de Kautsky, Lenin, La URSS, no tome nunca como primer elemento de estudio el concepto o la situación de los trabajadores no deja de ser muy inquietante— afirma que Lenin era totalmente marxista en filosofía y economía. Otras contradicciones, en el marxismo de Mattick, es la repetición sempiterna del atraso de Rusia, sin explicar nunca el papel activo del campesinado ni tampoco las resistencias como Kronstad (citado una vez), La Oposición Obrera, La Majnovichna (nunca citados). La última contra-dicción es la afirmación repetida de que la URSS, es como la Alemania de Hitler, y en el ensayo contra Marcuse, la constatación de que en la URSS si los directores establecen leyes de mercado será una «contra-revolución»; por tanto en la URSS hay cierta revolución... ¿ ? Estos aspectos nebulosos no quitan el extremo interés de algunos análisis y sobre todo la postura sobre el comunismo de consejo, y destacan las posturas anarcomarxistas de Rühle y Korsch, si bien éste afirmó que el marxismo, su restablecimiento hoy por hoy es una «utopia reaccionaria». |