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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 15

Cartas: los puntos sobre las íes

¡Qué difícil es, cuando todo baja, no bajar también!

Que el peor sordo es aquel que no quiere oír, resulta ya archisabido. Pero, hoy y siempre, frente a las aberraciones de toda naturaleza, al individuo que le place la verdad, sin afeites o añagazas con propósito de enturbiar la claridad de los conceptos, siempre puede quedarse la satisfacción de no ser cómplice, o de no transigir con aquello que no puede tener justificación plausible, ya que, ala postre, tiene el sofisma por fundamento.

Claro que ahora, lo expresado, atañe al militante propiamente dicho, al militante libertario, al compañero que ha actuado, que actúa, y que piensa seguir actuando en pro de lo que solemos llamar Organización. Cabe señalar habida cuenta que lo relativo está en todas partes, que al hablar del compañero que se considera consciente y, por lo tanto, conscientemente actúa o pretender actuar, que en ocasiones experimenta –¡flaca es la naturaleza humana!–, el cansancio físico o moral; el pesimismo, agudizado en raíz temperamental, cuando se cae en ámbito psicológico de vase clos, al faltar el arranque de otear el horizonte, puesto el ánimo en -abrir camino al andar«, como propiciaba el poeta León Felipe. Brota también en nuestro ambiente libertario (y lo subrayo para separarlo bien de ese cenetismo burocratizado que todavía perdura por ahí), se manifiesta en algunos, yen ocasiones, el escepticismo, incluso el senil acogota-miento de la voluntad. Necedad seria el pretender negar las deficiencias o los defectos existentesen la propia casa. ¡Es así como se va creando un empobrecimiento espiritual que seca la savia del ideal! ¡Exactamente lo que les ocurre a algunos que ya casi han olvidado las fuentes vivas de los principios doctrinales, de los que pretenden ser celosos guardianes, para vegetar dentro la rutina de los tópicos manidos, de la chabacanería dogmática y de una comodidad funcional, atenta a un materialismo, bien lejos de toda propensión romántica!

En pos de ir aclarando apreciaciones, cabe tener presente que en el orden de ideas doctrinales, por así decir, quienes nos hemos formado en el seno del anarquismo y de la CNT nada de cuanto a dichas tendencias, de cerca o de lejos pueda afectar, nos ha de ser ajeno. Máxime habida cuenta de que somos parte integrante de la corriente libertaria, ahora y siempre propicia a la unificación de esfuerzos, a base de una leal aglutinación de voluntades que excluya, por supuesto, toda clase de oscuras conspiraciones de clan, con propósitos de hegemonía, yugulando con ello el espíritu federalista y fraternal. Una de las cosas que importa puntualizar de un modo tajante es la de que los anarquistas que lo somos por convicción, por sensibilidad, por estudio y por experiencia; los anarquistas que tenemos una visceral repugnancia a todo lo que huela a dogmatismo, a capillismo, a modus vivendi burocrático, a liderismo, a bullanga demagógica, no aceptamos exclusivismos de etiqueta anarquista; no creemos en ningún monopolio anarquista, ya se halle establecido por elemento destacando un cierto barniz de cultura, o por quienes interpretan la ideología de una manera simplista, por pereza de adquirir siquiera unos conocimientos elementales. ¡Es de creer que con un enfoque partiendo de una concepciónácrata como la aludida puede observarse todo cuanto afecte a la CNT con la claridad del agua que brota de manantial!

Como la cabra tira al monte, así los amigos del cenetismo burocratizado, contra viento y marea han tratado de consolidar sus posiciones, bien sabemos que incluso tratando de herejes a quienes han razonado el discrepar de sus formas de actuar. Formas de actuar que incluso los compañeros de España, que han seguido con viva curiosidad las cosas del Exilio, saben que en evitación de todo diálogo pausado y esclarecedor, se ha usado el bolcheviante procedimiento de las expulsiones . . . ¿Puede extrañarnos el que, poco a poco, aumente el número de los compañeros en España que, conocedores de la realidad de un burocratismo perjudicial, expresen su deseo de que se desmonte ya de una vez toda esa especie de tinglado funcional, que si bien en organismos de formación política tienen su explicación, cosa que ya no es igual cuando hasta comiendo la sopa se blasona de libertario? ¡Ah, pero ante las sensatas consideraciones de muchos compañeros de España que se han enterado de como marcha todo fuera de España, en el llamado exilio, han reaccionado los oficiales de un modo original: saliendo por peteneras o esquivándose hacia los cerros de Ubeda! Veamos:

En el papel impreso que respalda el cenetlsmo burocratizado casi con un tono patético, se pretende hacer creer lo que es un absurdo a poco que se haga reflexionar la cabeza: Adúcese que se quiere disolverla CNT que se halle fuera de España. En realidad quienes ponen interés en hacer correr una tal versión no hacen más que difundir un burdo sofismo; un pretexto para mantener una estructura –¡Intercontinental nada menos!– que no tiene razón de ser. Lo que se desea eliminar es una dualidad inexplicable: Existiendo en España el Comité Nacional de la CNT, ¿qué pito ha de tocar el famoso Intercontinental? No se trata de disolver la CNT, que está encarnada en cuan-tos militantes, estemos ya en España, bien en Francia, o en las Islas Bienaventuradas. Lo que se pide –¡y lo saben bien quienes al respecto hacen el tonto!–, es que se desmonte el andamiaje burocrático y que pasen a España los Intereses creados: prensa, libros, archivos, fondo económico, etc. ¿Es que haciéndolo así se disuelve la CNT fuera de España? ¡Nada de esto! Los compañeros, los militantes que por motivos justificados nos encontramos fuera del país, podemos colaborar en todos los sentidos en la labor del organismo del cual formamos parte. ¿Que no trabajamos en España? Tampoco están en activo, en el sentido laboral, los compañeros o militantes que en nuestro pals se hallan jubilados. ¿Es que ello les inhabilita para actuar, en un sentido o en otro, dentro de la CNT?

¿Es que los más empeñados en la continuidad del cenetismo burocratizado no se han percatado de que cada día, en España, en nuestro ambiente, aumenta el tono de repulsa frente al burocratismo confederal IntercontinentaIizado? ¿Es que no se han dado cuenta los que tocan a rebato pidiendo que se apoye su prensa, que consideran Imprescindible, que en bastantes localidades de España la que llega a las FF.LL. apenas es ojeada, por el hecho de su procedencia? Que se haya di-cho en el periódico bilingüe que se edita en Toulouse que semanalmente viene costando medio millón de antiguos francos, y que anualmente supone un gasto de veinticuatro o veinticinco millones nos extrañemos que escandalice a los compañeros que en España han puesto y ponen toda su voluntad en el buen desenvolvimiento de la CNT. Con razón se preguntan: ¿Por qué regla de tres una tal inversión no ha de pasar a España que es donde verdaderamente hace falta? Y saben muy bien quienes ejercen funciones de administración y redacción en prensa del cenetismo burocratizado que de los compañeros franceses nunca se ha podido contar económicamente con una ayuda sustancial. Son como son; hacen labor a su manera, y es todo.

Parece ya función de darle vueltas a la noria el insistir constantemente en la necesidad de que por parte de todos se siente la cabeza, procurando eliminar, ya de una vez, los motivos que entorpecen la necesaria hoy más que nunca unidad libertaria. Siempre han habido problemas internos en la CNT. Pero las necesidades vitales de la hora han aconsejado el buscar vías de solución, dentro de lo relativo, claro está. Nunca como en el período actual, apenas desvanecida la terrible pesadilla del franquismo, se impone el examinar a fondo y buscar solución a nuestros problemas. La elocuencia triunfalista, la ditirámbica propensión a lo hinchado y estentóreo, en lo verbal o en lo escrito, cabe duda que ofrezca resultados pausibles; que consiga obtener importantes entradas de afiliados en la CNT, si antes no ha quedado resuelto el acuciante problema que a todos los militantes nos debe de preocupar.

¡Si falta inteligencia y sobre sectarismo, la CNT, sin duda alguna, no hará otra cosa que ir de mal en peor!

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