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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 15

Ágora: Autonomía y autogestión

Robert Paul Wolff

«Durante mi primer año como miembro del Departamento de Filosofía de la Columbia University, di un curso sobre filosofía política en el que anuncié temerariamente que formularía y después resolvería el problema fundamental de la filosofía política. No tuve dificultad en formular el problema: en términos generales, cómo hacer compatible la autonomía moral del individuo con la legítima autoridad del estado ... Confiaba total-mente que podría encontrar una justificación satisfactoria para la doctrina democrática tradicional a la que más bien irreflexivamente guardaba lealtad...

Tampoco tuve dificultad en refutar una serie de supuestas soluciones al problema que habían sido propuestas por diversos teóricos del estado democrático. Pero a mitad del curso, me vi obligado a comparecer ante mi clase, desmoralizado y muy tenso, para anunciar que no había conseguido descubrir la gran solución ...

Mi fracaso para encontrar una justificación teórica a la autoridad del estado me había convencido de que no existía tal justificación. En resumen, me había convertido en un anarquista filosófico...

Es posible que todas las creencias en la autoridad estén equivocadas: puede no haber existido un sólo estado en la historia de la humanidad que haya tenido o tenga el derecho a ser obedecido. Puede incluso ser imposible que tal estado exista...

Si uno se responsabiliza de las propias acciones, significa que ha de tomar las decisiones finales sobre lo que ha de hacer. Para el ser humano autónomo, no existe. en sentido estricto, orden alguno externo... que anule su autonomía...

(Pero) cuando los humanos racionales, en pleno conocimiento de las consecuencias próximas y distantes de sus acciones, determinan dejar a un lado los intereses privados y buscar el bien general, tiene que serles factible la creación de una forma asociativa que cumpla tal fin sin privarles de parte de su autonomía moral...

Sólo una descentralización económica hasta el límite permitiría el tipo de coordinación económica voluntaria compatible con los ideales tanto del anarquismo como de la abundancia. Actualmente, desde luego, tal descentralización produciría caos económico, pero si poseyéramos una fuente de energía barata y local, junto a una tecnología avanzada de producción en pequeña escala, y si además estuviésemos dispuestos a aceptar un alto nivel de despilfarro económico, podríamos romper la economía americana en unidades regionales y subregionales de dimensión controlable. Los intercambios entre las unidades serían ineficientes y costosos –amplísimas contabilidades, inelasticidades de oferta y demanda, considerable despilfarro, etc.–. Pero, a cambio de este coste, los humanos tendrían una libertad creciente para actuar autónomamente. En efecto, tal sociedad permitiría a todos los seres humanos ser agentes autónomos, mientras que en nuestra sociedad actual, los relativamente escasos hombres autónomos son por así decir parásitos de las masas obedientes y respetuosas de la autoridad.»

Robert Paul Wolff, -In defense of anarchism-.

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