Durante el franquismo, mientras los mismos policías que hoy hacen
asociaciones «democráticas», torturaban gente a mansalva, más de uno pensó en que
quizá su caso podía ser atendido fuera del agujero ibérico en nombre de los Derechos
Humanos. Que los países democráticos se morían de ganas de hacer imperar el respeto
liberal a la persona. alguno llegó a recurrir a la ONU (lo que en muchos casos no hizo
sino agravar la condena y las hostias).
Con un poco más de perspectiva, y situados ya confortablemente en el mundo civilizado,
podemos dar un repaso somero a la realidad de los Derechos Humanos, y a las instituciones
internacionales encargadas de velar por ellos en nombre de los respectivos Estados.
Alguien levantó las campanas al vuelo cuando Carter
anunció que, si lo hacían presidente, los Derechos Humanos reinarían en el mundo. Fue
la nota más destacada en la campaña electoral del cacahuero sonriente: retomaba en plan
valiente el tema de los Derechos Humanos, tan desgastados y prostituidos desde que fueron
ratificados en la Convención de Ginebra en 1949. Caliente aún el terror nazi, era fácil
entonces ignorar las violaciones que llevaban a cabo las propias potencias firmantes, los
campos de trabajo en el interior de los Estados, la trata de mujeres, el trabajo forzado
de los niños en las colonias oprimidas, latinoamérica ...
Pero llegó Jimmy y las dictaduras se pusieron a temblar. Los dictadores sabían que sin
el apoyo de los USA, ya podían mandar el resto de la pasta a Suiza, y prepararse
uniformes nuevos y condecoraciones para el exilio glorioso. ¡Qué desagradecidos los
malditos yanquis!
Pero tras el «rostro humano» que trata de adquirir el imperialismo, está la realidad de
que las dictaduras están en un callejón sin salida, y de eso son conscientes los que
designan a Carter para que sea elegido, y elaboran su programa y hasta su eterno rictus
sonriente. Políticamente, las dictaduras, ya lejos de ahogar los impulsos
revolucionarios, los estimulan, y cada vez representan un peligro más serio para
encontrar salidas «centristas» que instauren democracias formales y controladas. Por el
contrario, fuerzan movimientos de liberación, que no parecen tener intención de pararse
ahí. Económicamente, no son rentables ni estables, generan procesos inflacionistas
imparables y al final empiezan a resultar demasiado caras de mantener.
Y así empieza todo el rollo de los Derechos Humanos, que, a pesar de estar en la boca de
un presidente de los USA, llega a despertar alguna esperanza pronto desmentida por la
realidad. Sólo rascando un poco se ve muy claro que la causa de los «Derechos del
Hombre» acaba cuando los contratos y la acción de las multinacionales peligran por la
aparición de alternativas revolucionarias. Por el contrario, cuando estas alternativas
están ya bien neutralizadas y masacradas, reaparece el discurso «humanitario». En
Chile, Argentina o Brasil, los USA, han esperado a que las posibilidades revolucionarias
fuesen aplastadas para «reclamar» respeto a los Derechos Humanos. ¿Que hay amenaza de
insurrección? Pues, a apoyar a Videla, Geisel o Pinochet, y a pasearse con ellos ante los
fotógrafos por los jardines de la Casa Blanca. Así se ha estado haciendo con el Sha,
hasta el último momento. ¿Estaba mal informado Carter sobre el aplastamiento de los
Derechos Humanos en Irán? Lo que ocurría era que las cosas no estaban tan claras como
para andarse con rollos humanitarios, que sólo se pueden usar si no peligran los
intereses USA en el país en cuestión.
Acordarse cuando no hay peligro
Luego. cuando la insurrección ha sido
machacada suficientemente, cuando ya es necesaria toda una nueva generación militante
para empezar a toserle al imperialismo -caso Chile-, entonces ya se puede amonestar al
dictador, «amenazarle», etc., y hasta hablar de Derechos Humanos, sabiendo que realmente
el pueblo ya no puede recuperarlos.
En la mayoría de los casos, los «castigos» y restricciones suelen ser simples
operaciones de fachada, que se compensan por otros medios. Chomsky cita numerosos casos
probados en los cuales lo que los USA quitan en plan moral por un lado, lo dan con creces
por otro mediante su intervención e influencia en las instituciones financieras
internacionales. Por ejemplo en Argentina, donde los Estados Unidos restringieron la ayuda
militar por los escándalos y denuncias en cuanto a las violaciones de los Derechos
Humanos, de 32 a 15 millones de dólares. Al mismo tiempo la Junta Militar recibió un
préstamo del Banco Mundial de 105 millones de dólares, un préstamo del Banco de
Desarrollo inter-Americano de 32 millones de dólares y una reserva crediticia del Fondo
Monetario Internacional de 100 millones de dólares (N. Chomsky: USA, mito, realidad,
acracia. Ed. Ariel (pp. 31, 45).
Otro caso que ha sido bastante sonado. Un informe del Departamento de Estado, aireado
imprudentemente por enanos infiltrados en la prensa, descubre que, Israel, máximo aliado
USA, practica sistemáticamente la tortura en ¡os territorios que ocupa en la franja de
Gaza, a los árabes. El informe lo hace oficialmente el Departamento de Estado a nivel
internacional, para, en el caso de que haya un país que no respete los Derechos Humanos,
vetarle el envío de armamento. Y ahora, ¿qué hacemos? (¿Os imagináis que a Israel le
cortaran el suministro de
armamento USA?) Se encontró la fórmula: «Israel es un país donde se respetan los
Derechos Humanos, las violaciones se han dado en los «territorios ocupados». Carpetazo y
adelante.
Tampoco se acuerda de los Derechos Humanos Carter al apoyar a uno de los más escandalosos
violadores, lan Smith, jefe del sistema racista imperante en Rodhesia, cabeza de un
gobierno declarado ilegal por la ONU, y que acaba de pasar por USA con todos los visados y
facilidades. ¿Cómo no se hace caso al Consejo de Seguridad de la ONU que, en 1968
adoptó una resolución en la que se pedía a todos los Estados miembros que impidiesen la
entrada a dirigentes rodhesianos?
Pero, ¿es que aún alguien puede creer en que las Naciones Unidas pintan algo en el tema?
0 más aún, ¿puede alguien pensar que los altos Organismos internacionales están al
margen de los negocios de las multinacionales? Hace ya bastante tiempo que todas las
estructuras dependientes de la ONU, y susceptibles de exprimir o utilizar, están minadas
por los comerciantes internacionales.
Algunos «affaires» ignorados
Así, por ejemplo, la FAO (Organización de la ONU para la Alimentación). En su seno, las
más grandes sociedades multinacionales constituyeron hace más de 10 años el PCI
(Programa de Cooperación Industrial). Además de meterse de una forma irregular en una
organización teóricamente alejada de todo lo que significase negocio y especulación,
las multinacionales obtenían informes preciosos sobre los sitios más interesantes para
invertir, de forma que la FAO, era en realidad un «agente» de las multinacionales en el
Tercer Mundo. Con la llegada en 1978 del nuevo Director General, Sacuma, se hace caso a
las protestas cada vez más ruidosas contra la acción del PCI, y se rompen sus lazos con
la FAO. No pasa nada. Se acude a la cabeza y en paz. Así, las multinacionales untan bien
al mismísimo Waldheim. El Secretario General les promete meterlos en la ONU, más a fondo
de lo que lo estaban con la FAO: les integra en el PNUD (Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo), que, no sólo incluye Agricultura (como la FAO), sino que interviene
en todos los programas de asistencia y en todos los sectores de la economía. De hecho, es
la oficina de la ONU en todos los países subdesarrollados, sus actividades están
estrechamente ligadas al Banco Mundial, y sus miembros tienen estatuto diplomático. No se
puede pedir más: vía libre a todos los negocios imaginables en aras del «desarrollo».
Discretamente Waldheim mete la inclusión del bloque de multinacionales PCI en el orden
del día de la sesión anual de dirección del PNUD, en el capítulo «asuntos varios».
Haciendo uso de sus prerrogativas como Secretario General, decide responsalizarse de una
nueva actividad llamada «Programa de Cooperación Industrial de las Naciones Unidas»
(PCINU), donde sus padrinos multinacionales casan perfectamente. No se podía esperar nada
mejor: cobertura al más alto nivel, para exprimir a los países subdesarrollados, y no en
nombre de la multinacional tal o cual, sino de la propia ONU.
Pero a última hora la operación se desbarata, ante las protestas de Suecia y otros
Estados, que se niegan a tragar tanto y tiran de la manta (quizá sin saber que la mierda
llegaba tan alto). Acosado, el Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo, acaba declarándose en retirada y confesando que el tema de la inclusión de
las multinacionales, con la tapadera del PCINU, es decisión personal de Waldheim.
No perdáis la esperanza
Ya se encontrará una nueva fórmula. Pero de momento
el tío sigue en su puesto, como máximo «vigilante» de los Derechos Humanos a nivel
mundial.
Como decíamos, ha sido Suecia, la que ha descubierto el «affaire». Un país
neutralista, con cuarenta años de gobierno socialdemócrata, artífice de un «modelo»
de sociedad. Alguien queda aún para hacer respetar los Derechos Humanos. Del sindicato
L.O. (la UGT sueca), base de todo el sistema socialdemócrata, han salido fuertes
campañas para impedir a las empresas suecas invertir en los países racistas, pidiendo el
bloqueo económico para Sudáfrica. Valientes campañas, pancartas, procesiones, luchas
por doquier ...
El problema viene, cuando el pequeño semanario anarcosindicalista ARBETAREN, descubre el
pastel: los sindicatos socialistas L.0. tienen invertidos más de cuarenta millones de
coronas en sociedades multinacionales con intereses en Sudáfrica (Alfa-Laval, OSEA, Atlas
Copco, SAAB, SKF ... ), es decir, que los mismos que piden dinero para liberar a los
negritos ... están haciendo de negreros.
Y ya es bastante por hoy, señoras y señores. Son sólo algunos botones de muestra para
saber cómo los Derechos Humanos imperan en las relaciones internacionales de la mano de
las multinacionales, el presidente Carter, la ONU, la Internacional Socialista, etc. Todos
juntos en unión, sirven para convencernos de que la historia progresa . . .
¡Y luego dirán que somos nihilistas!
Inicial
- Índice |