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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 15

De todos los mundos

A propósito de una convivencia con refugiados vietnamitas

Kamakura, diciembre-enero, 1977-78. Hace ya más de un año, pero no he podido olvidar sus rostros. Rodeados de nieve, a una hora de tren de Tokyo, una centena de refugiados vietnamitas esperaban ser acogidos por un país cualquiera, provisionalmente albergados en una vieja casa japonesa de madera y papel.

No teniendo yo mismo donde alojarme, los benedictinos de Tokyo habían accedido a que pasara dos semanas en aquella antigua casa de su propiedad, afectada por entonces a un reducido grupo de meditación zen y a los pocos vietnamitas admitidos transitoriamente por el gobierno japonés.

Personas de todas las edades, hombres y mujeres, vivían desde hacía meses el fin de una tragedia-el exilio forzoso-y el principio de otra -la incertidumbre sobre sus destinos-, en un clima de desconfianza: espías y delatores se encontraban probablemente entre ellos.

Mis primeros contactos fueron lentos, para evitar suspicacias. Poco a poco, algunos jóvenes fueron abriéndose y me resumieron, en un inglés o francés vacilante, verdaderas epopeyas: los difíciles preparativos de la fuga; el amontonamiento en frágiles barcas y balsas; la escasez de alimentos; las interminables jornadas de miedo a ser capturados o a ahogarse; la aceptación condicional del gobierno japonés y el cumplimiento estricto de sus directivas; la larga espera, cual objetos detenidos por la falta de un sello burocrático en una aduana cualquiera ... Algunos esperaban desde hacía un año, sin decidirse por aprender francés o inglés, ignorando si sería Francia o Estados Unidos su destino final.

Todos juzgamos a partir de esquemas preconcebidos y no pude evitar el sentimiento fiscalizador de saber los motivos de la huida de un país vencedor del colonialismo y supuestamente en un proceso de revolución liberadora. Algunos habían sido simples soldados del Sur; otros tenían padres colaboracionistas o que no se habían opuesto al régimen de Thieu; la mayoría huían sencillamente del hambre y de una vida insoportable.

¡Qué fácil es opinar a partir de fórmulas políticas y qué difícil cambiarlas ante realidades que no se dejan encerrar en ellas! De repente, como si se hubiera descorrido un velo deformador, una intuición vital me hizo comprender que las informaciones leídas sobre los refugiados vietnamitas no eran simple propaganda de derechas, ni consecuencias inevitables de una revolución inacabada. Algo marchaba mal en los países de la esperanza socialista. La posterior invasión de Camboya por el Vietnam y de éste por China han confirmado esta intuición.

Un exiliado es siempre digno de respeto y de ayuda -excluyendo naturalmente dictadores privilegiados y torturadores notorios-, especialmente si se forma parte de un exilio masivo y del pueblo llano. La proyección de Holocausto, sobre el exterminio del pueblo judío, ha conmovido al mundo. Las jóvenes generaciones no comprenden que sus padres fueran testigos mudos o avestruces ciegas ante la consumación del genocidio. ¿Qué hacen ahora ante el genocidio del pueblo camboyano y el éxodo del pueblo vietnamita?

En Nuevas Hébridas, archipiélago al nordeste de Australia compuesto de ochenta islas e islotes, treinta de ellas inhabitadas, Jimmy Stevens, jefe del Nagriamel, movimiento político autóctono, pretende traer tres mil refugiados vietnamitas, para instalarlos en las islas del norte, en contra de la voluntad del gobierno provisional (la independencia total está fijada para enero de 1980). No entro a juzgar los motivos de uno y otro: al jefe del Nagriamel, la consecución de su objetivo le aportaría fuerza política; al gobierno le añadiría un problema más a los muchos planteados por la independencia.

He recorrido grandes extensiones de tierra cultivable, completamente despoblada, en Brasil, en Australia y en otros países y no puedo menos que interrogarme sobre la validez de las fronteras políticas. Si bien fueron inadmisibles la invasión de Hungría y la de Checoeslovaquia por la Unión Soviética y discutibles las ya aludidas de Camboya por el Vietnam y de Vietnam por la República Popular de China, ¿es razonable permitir las atrocidades de Amin Dada sobre el pueblo ugandés, escudándose en el sacrosanto principio de la inviolabilidad de fronteras artificialmente establecidas? ¿Es moralmente justo cerrar un continente de siete millones setencientos mil kilómetros cuadrados en beneficio de quince millones de australianos?

En todo caso, asumo el riesgo de recibir ataques de todos lados, al no abanderarme bajo ningún Estado ni régimen político, pero no el de que mi conciencia me acuse dentro de unos años por haber callado.

ALFONSO COLODRON
Nuevas Hébridas, 15 marzo, 1979

PARIS: ANARQUISTAS CONDENADOS

En París, durante la manifestación del 23 de Marzo, organizada por la CGT, sobre la crisis siderúrgica, fueron detenidos e inculpados 12 compañeros de la Federación Anarquista, por llevar «armas», considerando como tales a los palos de las pancartas y banderas. Dos de ellos PATRICIO SALCEDO y PHILIPPE ROUSEL, han quedado detenidos en la cárcel de la Santé, y finalmente deberán cumplir un més de cárcel. El veterano militante Maurice Joyeux, que se presentó en el tribunal (ofreciéndose a ser detenido él también), hace una llamada en Le Monde Libertaire, para la lucha contra la represión: «es un terreno donde las diferencias deben borrarse, es el terreno de la solidaridad de clase».

TORTURA EN BARCELONA

Más de diez días permanecieron detenidos y bajo torturas los compañeros de CNT y Grupos Autónomos Libertarios, detenídos en Barcelona el 23 de Febrero. Como es lógico, sin presencia de abogados ni familiares, e incluso, en algún caso, con la coacción y detención de éstos:

«Queremos denunciar las diversas formas de tortura a la que hemos sido sometidos la mayor parte de nosotros:

- Permanecer suspendidos a veces durante períodos de más de media hora de una barra de hierro en posición forzada, lo que hace que los grilletes se claven en las muñecas, recibiendo balanceos y golpes que acentúan el dolor, ellos lo llaman «barra democrática».

- Con las manos esposadas y los pies inmovilizados y la cabeza envuelta en un pasamontañas y con un casco de motorista, dan golpes con porras de goma en la cabeza y otras partes del cuerpo. Ellos lo llaman «la moto».

- Colocando trapos mojados y muy apretados alrededor de la cara, comienzan a echarte agua cuando respiras, la cual penetra por la nariz y boca yendo directamente a los pulmones: ellos lo llaman «la sauna».

- Bolsas de plástico cerradas alrededor de la cabeza procurando la asfixia y la pérdida del conocimiento.

- Introducción de lápices entre dedos, apretándolos y haciendo palanca.

Todo ello acompañado de puñetazos y patadas que no tienen nada que envidiar a las más finas torturas del franquismo. Además se nos amenaza acusándonos de sucesos policialmente «resueltos» generalmente muertes. Igualmente con la coacción de detenciones de familias enteras (padres, mujeres, hijos, etc.).

Mientras todos estos hechos ocurrían en las dependencias de vía Layetana tanto el gobierno, como la oposición, jugaban a la democracia.

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