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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 15

Dossier autónomos. Sin respeto ni esperanza

En Francia ha empezado a hablarse masivamente de ellos hace tan sólo unos días. A partir de los enfrentamientos en la huelga de metalúrgicos, recientes aún las famosas acciones violentas de Saint-Lazare. Empiezan a teorizar los sociólogos, a descalificar con finura dialéctica los teóricos, a denunciar los sindicatos reformistas (no hay otros). La policía misma trata de infiltrarlos y manipularlos, con cierto éxito, aunque sin ninguna eficacia ya que no se trata de algo que pueda «desarticularse» (al modo de Conesa con sus «grapos»).

Son algo diferente (aún cuando a veces convergente) de los movimientos por la autonomía obrera que surgen a partir del movimiento libertario o de núcleos de ex-militantes sindicales. Les aleja de ellos su aversión a la militancia y a un trabajo continuado, al debate teórico, al establecimiento de una estrategia que parte de analizar la situación . . .

Se trata de gente que rompió con el «gauchismo» (izquierdismo, maoistas, trotskistas, etc., encerrados en estériles pugnas ideológicas), que asistió a la descomposición de sus últimas organizaciones con cierta vida como Izquierda Proletaria o Viva la Revolución. En realidad, al final la extrema izquierda organizada no ha acabado ofreciendo otra cosa que no sea el llamado «apoyo crítico» a la unión de izquierda del PS y el PC.

En Otoño de 1977, después de las grandes manifestaciones antinucleares (Malville), toda una serie de gente empieza a encontrarse una y otra vez en las mismas acciones, todas con una fuerte carga espontánea, son las respuestas autónomas al asesinato estatal del grupo Baader en Alemania, de resistencia contra la extradición de Croissant. Se va fraguando un movimiento tendente a la autonomía radical . . ., jóvenes trabajadores radicalizados, estudiantes proletarizados, marginales, delicuentes, inmigrados, ecologistas, no violentos, insumisos, mujeres, homosexuales ...

«Nuestra corriente es radical, en el sentido de que desea luchar por un tipo de sociedad donde no haya más explotación. Ni por la burguesía, ni por los patronos..., ni incluso por los burócratas o los futuros burócratas..., yo no deseo hacer una revolución para que mañana haya nuevos tipos que nos exploten o nos fusilen. Aparte de ésto, la autonomía es tener un discurso que no sea mil veces diferente de lo que se vive...»

En Marzo de 1978 se crea un colectivo autónomo en Paris. Las bases son algo parecidas a lo que había sido la Izquierda Proletaria (prochinos autosueltos en el 74). Se proponen boicotear la copa del mundo de Argentina y el mitin de la «euroderecha». Llevan a cabo algunas acciones muy duras que la prensa suele silenciar ... ; finalmente se disuelven por cuestiones internas entre las que incluyen problemas «afectivos». Pero en muy poco tiempo se va proyectando un nuevo colectivo y una coordinación de colectivos, que no suponga menoscabo de la autonomía de cada uno, pero que las mantenga relacionados, como se ha hecho con las radios libres. Las acciones siguen, aunque espaciadas.

«Hay siempre en la vida cosas, situaciones que te joden. Puede ser el ejército, una agencia de empleo eventual, los paneles de publicidad, los parquímetros, la tortura en Argentina, un patrón de café racista ... Esto te hace vibrar. Tienes ganas de romper, de destrozar. En este momento preciso es tu propio motor el que te dirá: "no puedo más, este rollo me está jodiendo demasiado". Entonces, y antes de esperar ninguna hipotética luz verde de una organización política, que no hará nada (salvo, puede ser, una manifestación o una recogida de firmas), te organizas tu propia acción ... »

La coordinación se va estableciendo poco a poco. Se busca ahora una ocasión propicia para salir a la luz, para hacer un test sobre la propia fuerza y coherencia de los autónomos. Se elige la zona y unos cuantos objetivos contra los que actuar, se pone un anuncio discreto en «Liberation» a primeros de enero. Todo acabará en un cierto «vandalismo» incontrolado, que los propios autónomos explicarán, mediante la aparición de factores imprevistos, fallos en las citas, dos grupos de manifestantes que no pueden encontrarse a causa de¡ tráfico. . ., gente que lleva el «material» y no sabe qué hacer con él. Al final se destrozan algunos de los objetivos programados (inmobiliarias, oficinas de impuestos, agencias de trabajo eventual ... ), y se saquean un montón de tiendas (lo que no estaba previsto) y se larga un montón de gente ante improvisaciones con las que no está de acuerdo. Finalmente, todo ésto sirve de pretexto al Estado para «criminalizar» la acción como robo común.

«De todas formas no haremos un juicio moral contra nuestros compañeros que, con un trabajo precario, no tienen otro medio de comprar que su barra de hierro. . .»

Lo cierto es que los hechos han desbordado a los autónomos y retrasarán varios meses su proyecto de coordinación, convirtiendo en objetivo central de la lucha la lucha por la liberación de los compañeros detenidos tras las acciones de Saint-Lazare. La prensa monta su gran campaña contra los autónomos, tratando de crear una opinión popular contra ellos en el momento en que el movimiento busca el encuentro con el pueblo, víctima de «la vida cara» que es el móvil, ciertamente economicista de la mani.

Y ese es precisamente uno de los problemas sin resolver: la búsqueda de una respuesta solidaria a sus acciones que tenga un carácter masivo. Es el objetivo central. Sin contar con una base obrera organizada, tratan de dar por todos los medios un impulso salvaje e igualitario a las luchas, al margen de las consignas sindicales: absentismo, sabotaje, huelga salvaje, ocupación, destrucción de medios ... Pero el campo es hostil, aunque no falten razones para plantear la lucha en el terreno de los autónomos. De esta forma, una acción como la de Saint-Lazare es manipulada por el Estado para que repugne al hombre de la calle, y ésto les corta la relación con «las masas», dejando reducido el campo de los que pueden «asumir» sus acciones al círculo formado por ... ellos mismos. A pesar de todo:

«... No trabajamos para ligarnos a las masas. Las masas somos nosotros. Bueno nosotros, pero también nosotros. Se está dentro de las masas y se trata de hacerles comprender a la gente que el trabajo, la burocracia de izquierda o de derecha, no sirve para nada. Se vivirá siempre la misma mierda. La fábrica roja no existe ... »

Otra de las acciones de los autónomos, que más resonancia ha tenido es la destrucción simultánea de cientos de parquímetros. La crítica será inmediata (por ejemplo, desde sectores libertarios): «sólo beneficia vuestra acción a los que tienen coche». Del mismo modo se han criticado los objetivos de sus acciones anteriores «contra la vida cara» o contra el paro, como economicistas e integradores. ¿Es que se quiere reivindicar el trabajo asalariado a plena jornada? Está claro que no, como también está claro que hay una cierta falta de creatividad o cierto exceso de «populismo» en sus luchas y objetivos, comparado con los medios que emplean.

Lo cierto es, contestan los autónomos, que nuestros objetivos son retomados en otras partes, por ejemplo en Nantes, donde los obreros de Brissonneau-Lotz reforzaron sus cajas de resistencia destripando parquímetros. En cualquier caso «tratamos de reforzar las potencialidades de la revuelta de los proletarios sin esperanza».

A estas alturas, si bien está claro que el movimiento tiene un carácter de algo nuevo, sin un montaje teórico previo a las acciones, se plantea una disyuntiva en cuanto al objetivo y al terreno de la lucha que ellos mismos resumen:

«La disyuntiva está entre la posición que consiste en conducir prioritariamente las luchas sobre el terreno del Estado, diciendo que, en tanto no se le haya destruido, él romperá cada una de nuestras formas de luchar, que en tanto que las luchas no encaren una problemática global contra el control social, contra la manera en que las instituciones pesan sobre la vida, las luchas y el deseo, todo está siendo canalizado por el Estado.

«La otra posición consiste en intentar, a partir de las luchas, crear rupturas en la relación con el Estado, desplazar los espacios de enfrentamiento de las opciones tácticas que nos impone, mostrar una inteligencia creativa que ponga de manifiesto nuestra identidad, y no sólo nuestra relación con la represión. Es preciso crear situaciones políticas con medios y armas que estén fuera del Estado, de la política ... »

El 22 de Marzo tiene lugar la última acción espectacular de los autónomos durante la manifestación organizada por la CGT sobre París para protestar por la crisis del sector metalúrgico. Los autónomos, tratan de radicalizar la manifestación, luchando a brazo partido con los servicios de orden y la policía. Además parece que en sus filas se ha metido algún policía, tratando de manipular y fichar a la gente. A pesar de todo se consigue desbordar la procesión. Entre los núcleos de autónomos rompiendo escaparates, o apedreando los coches de la poli, se ven grupos de jóvenes metalúrgicos, con sus cascos de fábrica, y hasta alguna pancarta de la CGT:

« ... reforzar las potencialidades de la revuelta de los proletarios sin esperanza ... »

La bofia consigue trincar a unos cuantos, en la mayoría de los casos sin ninguna base, manipulando «pruebas» y «testimonios». La mayoría de los que se juzgará el 3 de Abril son gente muy joven, estudiantes de bachiller, algunos ... a los que se impone penas de hasta 30 meses de prisión.

A pesar de todo, a pesar de la posibilidad de manipulaciones e infiltraciones, el movimiento autónomo va desarrollándose, se refuerza, recogiendo contenidos y ganas de marcha, que están en el ambiente y a los que nadie sabe dar forma. Los autónomos se van agrupando, sin presumir de coherencia, sin grandes justificaciones ideológicas. Son gente que ha ido eligiendo una práctica colectiva de grupo antes que un carnet:

« ... La autonomía para nosotros es ésto. Hay en Francia luchas que rehúsan las derechas, las izquierdas, los izquierdistas. Hay gentes que luchan con sus propios medios, nosotros queremos estar con ellos. Más aún, ésto es una necesidad. Varios companeros se han suicidado. Alrededor de nosotros está el desierto, no se puede permanecer solo, hay que reagruparse. No hay nada más, hay el vacío..., ahora, es el despertar...»

EL TRABAJO

«Hacernos pequeños trabajos. No decimos «no trabajaremos nunca», pero trataremos de arreglarnos la vida trabajando un mínimo, se vive también con el paro ... pero no queremos convertirnos en completamente marginales. . ».

¿ROBAR?

«Nuestras luchas están ligadas a las condiciones de vida inmediatas, por eso vemos bien el pillaje, el robo, la delicuencia en masa (robo en supermercados, cheques sin fondos, etc.), que expresan un rechazo masivo al intercambio mercantil y la sumisión que implica.

«El robo es una práctica negada por las organizaciones de izquierda (cuando hay miles de personas que roban, por ejemplo en los teléfonos públicos o en los almacenes). Nosotros lo asumimos como práctica como componente del rechazo a la explotación. Para nosotros el porvenir es desarrollar estas prácticas . . ., robar colectivamente . . ., reivindicar colectivamente. . .»

EL FUTURO DE LA AUTONOMIA

«Vemos un porvenir brillante porque la reestructuración del capitalismo multiplica el número de trabajadores marginados, interinos. . ., crea esta nueva clase obrera que no respeta ni la herramienta ni el trabajo, no está ya ligada a la organización social del capital y puede, a diferencia de la vieja, pensar por ella misma, sin necesidad de burós políticos.»

LA LUCHA ARMADA

«La autonomía no tiene nada que ver con los métodos de la R.A.F. (Fracción del Ejército Rojo alemán donde militaban Baader y Meinhoff), porque estamos contra la clandestinidad, y las únicas acciones violentas que concebimos son acciones de masas contra los bienes y no contra las personas. En las fronteras de la autonomía existen tentaciones de lucha creada clandestina, pero no en el interior.»

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