En
Francia ha empezado a hablarse masivamente de ellos hace tan sólo unos días. A partir de
los enfrentamientos en la huelga de metalúrgicos, recientes aún las famosas acciones
violentas de Saint-Lazare. Empiezan a teorizar los sociólogos, a descalificar con finura
dialéctica los teóricos, a denunciar los sindicatos reformistas (no hay otros). La
policía misma trata de infiltrarlos y manipularlos, con cierto éxito, aunque sin ninguna
eficacia ya que no se trata de algo que pueda «desarticularse» (al modo de Conesa con
sus «grapos»).
Son algo diferente (aún cuando a veces convergente) de los movimientos por la autonomía
obrera que surgen a partir del movimiento libertario o de núcleos de ex-militantes
sindicales. Les aleja de ellos su aversión a la militancia y a un trabajo continuado, al
debate teórico, al establecimiento de una estrategia que parte de analizar la situación
. . .
Se trata de gente que rompió con el «gauchismo» (izquierdismo, maoistas, trotskistas,
etc., encerrados en estériles pugnas ideológicas), que asistió a la descomposición de
sus últimas organizaciones con cierta vida como Izquierda Proletaria o Viva la
Revolución. En realidad, al final la extrema izquierda organizada no ha acabado
ofreciendo otra cosa que no sea el llamado «apoyo crítico» a la unión de izquierda del
PS y el PC.
En Otoño de 1977, después de las grandes manifestaciones antinucleares (Malville), toda
una serie de gente empieza a encontrarse una y otra vez en las mismas acciones, todas con
una fuerte carga espontánea, son las respuestas autónomas al asesinato estatal del grupo
Baader en Alemania, de resistencia contra la extradición de Croissant. Se va fraguando un
movimiento tendente a la autonomía radical . . ., jóvenes trabajadores radicalizados,
estudiantes proletarizados, marginales, delicuentes, inmigrados, ecologistas, no
violentos, insumisos, mujeres, homosexuales ...
«Nuestra corriente es radical, en el sentido de que desea luchar por un tipo de sociedad
donde no haya más explotación. Ni por la burguesía, ni por los patronos..., ni incluso
por los burócratas o los futuros burócratas..., yo no deseo hacer una revolución para
que mañana haya nuevos tipos que nos exploten o nos fusilen. Aparte de ésto, la
autonomía es tener un discurso que no sea mil veces diferente de lo que se vive...»
En Marzo de 1978 se crea un colectivo autónomo en Paris. Las bases son algo parecidas a
lo que había sido la Izquierda Proletaria (prochinos autosueltos en el 74). Se proponen
boicotear la copa del mundo de Argentina y el mitin de la «euroderecha». Llevan a cabo
algunas acciones muy duras que la prensa suele silenciar ... ; finalmente se disuelven por
cuestiones internas entre las que incluyen problemas «afectivos». Pero en muy poco
tiempo se va proyectando un nuevo colectivo y una coordinación de colectivos, que no
suponga menoscabo de la autonomía de cada uno, pero que las mantenga relacionados, como
se ha hecho con las radios libres. Las acciones siguen, aunque espaciadas.
«Hay siempre en la vida cosas, situaciones que te joden. Puede ser el ejército, una
agencia de empleo eventual, los paneles de publicidad, los parquímetros, la tortura en
Argentina, un patrón de café racista ... Esto te hace vibrar. Tienes ganas de romper, de
destrozar. En este momento preciso es tu propio motor el que te dirá: "no puedo
más, este rollo me está jodiendo demasiado". Entonces, y antes de esperar ninguna
hipotética luz verde de una organización política, que no hará nada (salvo, puede ser,
una manifestación o una recogida de firmas), te organizas tu propia acción ... »
La coordinación se va estableciendo poco a poco. Se busca ahora una ocasión propicia
para salir a la luz, para hacer un test sobre la propia fuerza y coherencia de los
autónomos. Se elige la zona y unos cuantos objetivos contra los que actuar, se pone un
anuncio discreto en «Liberation» a primeros de enero. Todo acabará en un cierto
«vandalismo» incontrolado, que los propios autónomos explicarán, mediante la
aparición de factores imprevistos, fallos en las citas, dos grupos de manifestantes que
no pueden encontrarse a causa de¡ tráfico. . ., gente que lleva el «material» y no
sabe qué hacer con él. Al final se destrozan algunos de los objetivos programados
(inmobiliarias, oficinas de impuestos, agencias de trabajo eventual ... ), y se saquean un
montón de tiendas (lo que no estaba previsto) y se larga un montón de gente ante
improvisaciones con las que no está de acuerdo. Finalmente, todo ésto sirve de pretexto
al Estado para «criminalizar» la acción como robo común.
«De todas formas no haremos un juicio moral contra nuestros compañeros que, con un
trabajo precario, no tienen otro medio de comprar que su barra de hierro. . .»
Lo cierto es que los hechos han desbordado a los autónomos y retrasarán varios meses su
proyecto de coordinación, convirtiendo en objetivo central de la lucha la lucha por la
liberación de los compañeros detenidos tras las acciones de Saint-Lazare. La prensa
monta su gran campaña contra los autónomos, tratando de crear una opinión popular
contra ellos en el momento en que el movimiento busca el encuentro con el pueblo, víctima
de «la vida cara» que es el móvil, ciertamente economicista de la mani.
Y ese es precisamente uno de los problemas sin resolver: la búsqueda de una respuesta
solidaria a sus acciones que tenga un carácter masivo. Es el objetivo central. Sin contar
con una base obrera organizada, tratan de dar por todos los medios un impulso salvaje e
igualitario a las luchas, al margen de las consignas sindicales: absentismo, sabotaje,
huelga salvaje, ocupación, destrucción de medios ... Pero el campo es hostil, aunque no
falten razones para plantear la lucha en el terreno de los autónomos. De esta forma, una
acción como la de Saint-Lazare es manipulada por el Estado para que repugne al hombre de
la calle, y ésto les corta la relación con «las masas», dejando reducido el campo de
los que pueden «asumir» sus acciones al círculo formado por ... ellos mismos. A pesar
de todo:
«... No trabajamos para ligarnos a las masas. Las masas somos nosotros. Bueno nosotros,
pero también nosotros. Se está dentro de las masas y se trata de hacerles comprender a
la gente que el trabajo, la burocracia de izquierda o de derecha, no sirve para nada. Se
vivirá siempre la misma mierda. La fábrica roja no existe ... »
Otra de las acciones de los autónomos, que más resonancia ha tenido es la destrucción
simultánea de cientos de parquímetros. La crítica será inmediata (por ejemplo, desde
sectores libertarios): «sólo beneficia vuestra acción a los que tienen coche». Del
mismo modo se han criticado los objetivos de sus acciones anteriores «contra la vida
cara» o contra el paro, como economicistas e integradores. ¿Es que se quiere reivindicar
el trabajo asalariado a plena jornada? Está claro que no, como también está claro que
hay una cierta falta de creatividad o cierto exceso de «populismo» en sus luchas y
objetivos, comparado con los medios que emplean.
Lo cierto es, contestan los autónomos, que nuestros objetivos son retomados en otras
partes, por ejemplo en Nantes, donde los obreros de Brissonneau-Lotz reforzaron sus cajas
de resistencia destripando parquímetros. En cualquier caso «tratamos de reforzar las
potencialidades de la revuelta de los proletarios sin esperanza».
A estas alturas, si bien está claro que el movimiento tiene un carácter de algo nuevo,
sin un montaje teórico previo a las acciones, se plantea una disyuntiva en cuanto al
objetivo y al terreno de la lucha que ellos mismos resumen:
«La disyuntiva está entre la posición que consiste en conducir prioritariamente las
luchas sobre el terreno del Estado, diciendo que, en tanto no se le haya destruido, él
romperá cada una de nuestras formas de luchar, que en tanto que las luchas no encaren una
problemática global contra el control social, contra la manera en que las instituciones
pesan sobre la vida, las luchas y el deseo, todo está siendo canalizado por el Estado.
«La otra posición consiste en intentar, a partir de las luchas, crear rupturas en la
relación con el Estado, desplazar los espacios de enfrentamiento de las opciones
tácticas que nos impone, mostrar una inteligencia creativa que ponga de manifiesto
nuestra identidad, y no sólo nuestra relación con la represión. Es preciso crear
situaciones políticas con medios y armas que estén fuera del Estado, de la política ...
»
El 22 de Marzo tiene lugar la última acción espectacular de los autónomos durante la
manifestación organizada por la CGT sobre París para protestar por la crisis del sector
metalúrgico. Los autónomos, tratan de radicalizar la manifestación, luchando a brazo
partido con los servicios de orden y la policía. Además parece que en sus filas se ha
metido algún policía, tratando de manipular y fichar a la gente. A pesar de todo se
consigue desbordar la procesión. Entre los núcleos de autónomos rompiendo escaparates,
o apedreando los coches de la poli, se ven grupos de jóvenes metalúrgicos, con sus
cascos de fábrica, y hasta alguna pancarta de la CGT:
« ... reforzar las potencialidades de la revuelta de los proletarios sin esperanza ... »
La bofia consigue trincar a unos cuantos, en la mayoría de los casos sin ninguna base,
manipulando «pruebas» y «testimonios». La mayoría de los que se juzgará el 3 de
Abril son gente muy joven, estudiantes de bachiller, algunos ... a los que se impone penas
de hasta 30 meses de prisión.
A pesar de todo, a pesar de la posibilidad de manipulaciones e infiltraciones, el
movimiento autónomo va desarrollándose, se refuerza, recogiendo contenidos y ganas de
marcha, que están en el ambiente y a los que nadie sabe dar forma. Los autónomos se van
agrupando, sin presumir de coherencia, sin grandes justificaciones ideológicas. Son gente
que ha ido eligiendo una práctica colectiva de grupo antes que un carnet:
« ... La autonomía para nosotros es ésto. Hay en Francia luchas que rehúsan las
derechas, las izquierdas, los izquierdistas. Hay gentes que luchan con sus propios medios,
nosotros queremos estar con ellos. Más aún, ésto es una necesidad. Varios companeros se
han suicidado. Alrededor de nosotros está el desierto, no se puede permanecer solo, hay
que reagruparse. No hay nada más, hay el vacío..., ahora, es el despertar...»
EL TRABAJO
«Hacernos pequeños trabajos. No decimos «no trabajaremos nunca», pero trataremos de
arreglarnos la vida trabajando un mínimo, se vive también con el paro ... pero no
queremos convertirnos en completamente marginales. . ».
¿ROBAR?
«Nuestras luchas están ligadas a las condiciones de vida inmediatas, por eso vemos bien
el pillaje, el robo, la delicuencia en masa (robo en supermercados, cheques sin fondos,
etc.), que expresan un rechazo masivo al intercambio mercantil y la sumisión que implica.
«El robo es una práctica negada por las organizaciones de izquierda (cuando hay miles de
personas que roban, por ejemplo en los teléfonos públicos o en los almacenes). Nosotros
lo asumimos como práctica como componente del rechazo a la explotación. Para nosotros el
porvenir es desarrollar estas prácticas . . ., robar colectivamente . . ., reivindicar
colectivamente. . .»
EL FUTURO DE LA AUTONOMIA
«Vemos un porvenir brillante porque la reestructuración del capitalismo multiplica el
número de trabajadores marginados, interinos. . ., crea esta nueva clase obrera que no
respeta ni la herramienta ni el trabajo, no está ya ligada a la organización social del
capital y puede, a diferencia de la vieja, pensar por ella misma, sin necesidad de burós
políticos.»
LA LUCHA ARMADA
«La autonomía no tiene nada que ver con los métodos de la R.A.F. (Fracción del
Ejército Rojo alemán donde militaban Baader y Meinhoff), porque estamos contra la
clandestinidad, y las únicas acciones violentas que concebimos son acciones de masas
contra los bienes y no contra las personas. En las fronteras de la autonomía existen
tentaciones de lucha creada clandestina, pero no en el interior.»
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