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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 14

Agora: Poder local, poder central: consideraciones

Antonio Fuertes, Sociólogo, Ex-secretario de la F.P. de AA.VV. de Madrid, ilustra la tan cacareada autonomía del poder municipal, descubriéndola como realmente es: un apéndice necesario para el más eficaz control del poder del Estado sobre el conjunto de sus súbditos. Mostrándonos también el camino que se está siguiendo para la desaparición del importante movimiento ciudadano en España, a base a la presunta desaparición de sus funciones gracias a los nuevos «Ayuntamientos democráticos».

Cuando Duval, prefecto en funciones durante la Comuna de París, hace emitir en una de las proclamas: « ... París se ha convertido en una ciudad libre, ya no existe su potente centralización . . .», denotaba uno de los aspectos que reivindicaban aquellos revolucionarios, planteando, en embrión una alternativa de clase y modelo de una sociedad en la que los individuos pudieran ser partícipes en la dirección, gestión, el autogobierno, como respuesta a una relación de dominación centralizada y sustentada por las clases dominantes.

En los modelos occidentales de sociedad capitalista, el aparato de Estado, en razón de un control y mejor gestión del espacio territorial del que dispone, y también, obligado por circunstancias propias del territorio, caracteres geográficos, históricos, humanos, fracciona éste, en unidades diversas, desde todo el territorio del Estado, hasta el más mínimo lugar donde existe un resorte de poder de la Administracción hacia el individuo. La delimitación en nuestro país, desde el municipio, la provincia, hasta conformar todo el espacio del Estado es clara. El último lugar que reproduce un núcleo de poder, es el municipio y su institución, como afirma Christian Mingasson: (1) «La institución municipal, en tanto que último eslabón de la administración del Estado, toma su legitimidad del Estado central y a través suyo sitúa parcialmente en el plano del ejercicio del poder, al alcalde y sus auxiliares como agentes del Estado», es así la unidad mínima de reproducción del sistema, gozando de la capacidad de dirigir, ejecutar y elaborar normativas en x aspectos concretos, que habitualmente tiene encomendados, tales como x infraestructura urbana, equipamientos sociales, educativos, planificación, etc., en su ámbito geográfico.

Si en el marco de las relaciones de producción, el Estado supone un instrumento adecuado a los intereses de la clase explotadora, sus unidades a cualquier nivel suponen el mismo instrumento válido y concretizado en ese estadio, el municipio pues, tiene una clara función dentro de la dominación ejercida a través del aparato de Estado, que se traducirá en los aspectos que el poder central le encomiende.

¿Error o planificación?

Las características de proximidad y cotidianedad, hacen que el poder local, en su estructura municipal y como encargado de una prestación de servicios públicos y necesidades, muestre las contradicciones inherentes al sistema, fiel a la lógica de las plusvalías de una minoría. Las «deficiencias» de un planteamiento, un deficit escolar, etc., son un reflejo de la situación, es la forma de traducir quien tiene los resortes de poder sobre el usuario. Las luchas de nuestro país, protagonizadas por los diversos movimientos ciudadanos y vecinales, nacen de esta situación y de la necesidad de las clases desposeídas de organizar formas que les sean propias, frente a los poderes constituidos, para mejorar sus condiciones de vida.

Las contradicciones de clases en ese ámbito, se manifiestan con más claridad que en las areas superiores de la administración del poder, las atribuciones encomendadas, que inciden en el ciudadano diariamente, le hacen percibirlas con mayor crudeza, que las formaciones más supraestructurales de la administración central, que aparece como si fuese un alto estado mayor. Los órganos locales actúan cual fuerza de choque, que entra en contacto con el «enemigo», cualquier vecino o entidad que tengan relación con estos organismos, lo sufren así, como los medios informativos atestiguan constantemente.

La capacidad del poder local en relación con el central se ve aumentada, aunque no sea homogéneamente en todas las demarcaciones del territorio. El desarrollo de las sociedades avanzadas es un claro proceso de urbanización y de concentración de la población en determinadas áreas, fruto de la planificación capitalista. En España, una consideración sobre un municipio rural en Galicia de tipo agrario y población dispersa, en relación con el municipio de Barcelona, supone los extremos de toda una escala de valores, no sólo cuantitativos en cuanto a demografía, si no cualitativos en influencia social y económica. Este desarrollo, basado en la lógica del beneficio, ha generado no sólo la plusvalía extraída en un centro de producción, el mercado del suelo, la construcción de viviendas, las deficiencias de equipamientos (en las zonas obreras fundamentalmente), además ha supuesto tasas de beneficios tan altas y en tan poco tiempo, que no admite comparación con otras actividades industriales.

El papel jugado por la administración local en nuestro país, ha sido decisivo para tales actuaciones, ayudada por los poderes centrales cuando fue necesario con normas, aspectos represivos, e incluso alterando sus normativas y disposiciones ya establecidas y que reflejan simplemente las contradicciones inherentes a la estructura capitalista.

Estas contradicciones, reflejan la incapacidad de resolver los problemas creados y se manifiestan sobretodo en las aglomeraciones urbanas, en su incapacidad de paliar todas las deficiencias acumuladas. En un artículo reciente de CITTA-CLASE (2) sobre la crisis de las ciudades en EEUU, refiriéndose al caso de Nueva York dice que «el resultado más evidente de las contradicciones y los conflictos urbanos en el aparato de Estado es la crisis de la fianzas locales de las grandes ciudades», en este caso, sólo la ayuda de la administración federal va frenando el que se pueda llegar a una situación de colapso total; es un ejemplo límite pero que ilustra cómo el sistema no puede dar alternativa a algo que ha sido generado por él mismo. El poder local desbordado recurre al federal para la habilitación de fondos, mostrándonos dos realidades, su dependencia y el límite de su autonomía.

La autonomía de los antes locales, descansa sobre un papel asignado en el seno del Estado, una centralización de todas las tareas no le sería posible, un cierto grado autonómico en aspectos administrativos y una dependencia económica casi total le mantienen firme como elemento de dominación sobre la sociedad.

Formar el Poder, gestionar su Poder

Las tentativas de toma de tal poder y del poder en general, dentro del proceso electoral, por los grupos adscritos a la izquierda en Francia e Italia se remontan a varias décadas, viendo tanto en la representación del poder general (el parlamento), como en el del local (los ayuntamientos), palancas de transformación de la sociedad con estos mecanismos. En un reciente análisis un grupo de miembros del PC Francés (3) manifiesta: «Nuestra gestión municipal satisface ¡as necesidades materiales de la gente de nuestros municipios, pero eso nos ha conducido frecuentemente a una condición de gestores..., convirtiéndonos en gestores contribuimos a la organización y extensión de la explotación, aceptando estar integrados en el aparato de Estado y ser elementos de una estrategia determinada en función de las necesidades del capitalismo monopo!ista».

Es lógico que el capitalismo monopolista pueda asimilar esos procesos, de hecho la articulación del poder municipal tiene lugar en el aparato de Estado. La naturaleza misma del aparato como instrumento coercitivo, en manos de una clase, no puede permitir, ni fragmentarse, ni introducir cambios que modifiquen sus estructura, si no es para perfeccionarla. Los pasos dados en sentido opuesto han sido por acciones o movilizaciones, que desbordando el marco de la legalidad impuesta, introducen correcciones, obligan, «coaccionan» al poder instaurado.

La distinción de Salvador Allende entre tener el Gobierno y no tener el poder es útil. El simple acceso por medio electoral a los órganos representativos, no da la capacidad de llevarlos en la dirección que deseen aquellos que vayan en nombre de los explotados. El caso de tomar el poder local, con las experiencias acumuladas por la izquierda, allí donde han -gestionado- municipios, ha sido asimilado, puesto que no ha afectado al centro del sistema, que ya les ha repartido las funciones que deben desempeñar y lo que deben de controlar, manteniendo las decisiones que sean de interés social, que siempre suponen costos elevados, a merced de instancias superiores.

En este contexto, las formas de organización independientes del poder, fundamentadas en el funcionamiento democrático de base, han jugado un papel activo en el sentido de carecer de ligazones respecto al poder y plantear las exigencias de la clase trabajadora. Organizaciones de ocupantes de viviendas, ecologistas, consumidores, son ilustrativas. España puede aportar a este acervo una gran riqueza de todas esas formas organizativas, vecinos, amas de casa, Ateneos de todo tipo, movimientos antinucleares etc., nacidas en el fascismo y donde han existido verdaderos eiemplos de autoorganización, modélicos en cuanto a las iniciativas y experiencias promovidas, como planes de remodelación, escuelas, ocupación de viviendas sin utilizar, fiestas populares, en fin un movimiento social de características amplias, hasta el punto de que muy pocas organizaciones de la izquierda y menos aún otros fuerzas de índole opuesta han penentrado en él. Aunque eso sí, estas fuerzas han intentado utilizarlo como medio de presión y movilización en función de sus propios intereses partidistas.

Hoy, la proximidad del acceso al poder central y local, de algunos partidos en medio de la fiesta electoral y la consagración mágica que parece que conlleva, les empuja al abandono cuando no la reticencia hacia dichos movimientos, llevándose eso sí, muchos de estos dirigentes para candidatos, ya que disponen de capacidad y conocimiento del tema, en la certeza de que dichos movimientos ya han cumplido su papel.

Por último, hay que diferenciar claramente entre los organismos de base, con su propia organización de democracia activa y participación, del poder municipal como integrante del poder de Estado. Pues aunque el acceso a este puede estar regulado por medio de un acto electoral, por un tiempo prefijado, siempre será la delegación de una función en varios miembros, que suponiéndolos en representación de las clases populares y con una clara disposición a la eliminación de entre burocráticos y represivos, para simplificar todo tipo de gestión, les puede suceder lo que a las moscas en el panel de rica miel del que hablaba la fábula, quedando las alternativas al capital, a sus órganos de poder, en bonitos papeles, y el movimiento de base, elemento indispensable para las transformaciones sociales, en espera de tiempos mejores.

Eso sí, a lo mejor nos ponen más papeleras y nos plantan algun arbolito.

ANTONIO FUERTES

(1) Urbanismo y práctica política. Ediciones de la Frontera -74.

(2) CITTA-CLASSE. Transición, nº4. Enero 78.

(3) Cahiers d'histoire 4º trimestre 74. «Le PCF et les municipalites».

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