Antonio
Fuertes, Sociólogo, Ex-secretario de la F.P. de AA.VV. de Madrid, ilustra la tan
cacareada autonomía del poder municipal, descubriéndola como realmente es: un apéndice
necesario para el más eficaz control del poder del Estado sobre el conjunto de sus
súbditos. Mostrándonos también el camino que se está siguiendo para la desaparición
del importante movimiento ciudadano en España, a base a la presunta desaparición de sus
funciones gracias a los nuevos «Ayuntamientos democráticos».
Cuando Duval, prefecto en funciones durante la Comuna de París, hace emitir en una de las
proclamas: « ... París se ha convertido en una ciudad libre, ya no existe su potente
centralización . . .», denotaba uno de los aspectos que reivindicaban aquellos
revolucionarios, planteando, en embrión una alternativa de clase y modelo de una sociedad
en la que los individuos pudieran ser partícipes en la dirección, gestión, el
autogobierno, como respuesta a una relación de dominación centralizada y sustentada por
las clases dominantes.
En los modelos occidentales de sociedad capitalista, el aparato de Estado, en razón de un
control y mejor gestión del espacio territorial del que dispone, y también, obligado por
circunstancias propias del territorio, caracteres geográficos, históricos, humanos,
fracciona éste, en unidades diversas, desde todo el territorio del Estado, hasta el más
mínimo lugar donde existe un resorte de poder de la Administracción hacia el individuo.
La delimitación en nuestro país, desde el municipio, la provincia, hasta conformar todo
el espacio del Estado es clara. El último lugar que reproduce un núcleo de poder, es el
municipio y su institución, como afirma Christian Mingasson: (1) «La institución
municipal, en tanto que último eslabón de la administración del Estado, toma su
legitimidad del Estado central y a través suyo sitúa parcialmente en el plano del
ejercicio del poder, al alcalde y sus auxiliares como agentes del Estado», es así la
unidad mínima de reproducción del sistema, gozando de la capacidad de dirigir, ejecutar
y elaborar normativas en x aspectos concretos, que habitualmente tiene encomendados, tales
como x infraestructura urbana, equipamientos sociales, educativos, planificación, etc.,
en su ámbito geográfico.
Si en el marco de las relaciones de producción, el Estado supone un instrumento adecuado
a los intereses de la clase explotadora, sus unidades a cualquier nivel suponen el mismo
instrumento válido y concretizado en ese estadio, el municipio pues, tiene una clara
función dentro de la dominación ejercida a través del aparato de Estado, que se
traducirá en los aspectos que el poder central le encomiende.
¿Error o planificación?
Las características de proximidad y cotidianedad,
hacen que el poder local, en su estructura municipal y como encargado de una prestación
de servicios públicos y necesidades, muestre las contradicciones inherentes al sistema,
fiel a la lógica de las plusvalías de una minoría. Las «deficiencias» de un
planteamiento, un deficit escolar, etc., son un reflejo de la situación, es la forma de
traducir quien tiene los resortes de poder sobre el usuario. Las luchas de nuestro país,
protagonizadas por los diversos movimientos ciudadanos y vecinales, nacen de esta
situación y de la necesidad de las clases desposeídas de organizar formas que les sean
propias, frente a los poderes constituidos, para mejorar sus condiciones de vida.
Las contradicciones de clases en ese ámbito, se manifiestan con más claridad que en las
areas superiores de la administración del poder, las atribuciones encomendadas, que
inciden en el ciudadano diariamente, le hacen percibirlas con mayor crudeza, que las
formaciones más supraestructurales de la administración central, que aparece como si
fuese un alto estado mayor. Los órganos locales actúan cual fuerza de choque, que entra
en contacto con el «enemigo», cualquier vecino o entidad que tengan relación con estos
organismos, lo sufren así, como los medios informativos atestiguan constantemente.
La capacidad del poder local en relación con el central se ve aumentada, aunque no sea
homogéneamente en todas las demarcaciones del territorio. El desarrollo de las sociedades
avanzadas es un claro proceso de urbanización y de concentración de la población en
determinadas áreas, fruto de la planificación capitalista. En España, una
consideración sobre un municipio rural en Galicia de tipo agrario y población dispersa,
en relación con el municipio de Barcelona, supone los extremos de toda una escala de
valores, no sólo cuantitativos en cuanto a demografía, si no cualitativos en influencia
social y económica. Este desarrollo, basado en la lógica del beneficio, ha generado no
sólo la plusvalía extraída en un centro de producción, el mercado del suelo, la
construcción de viviendas, las deficiencias de equipamientos (en las zonas obreras
fundamentalmente), además ha supuesto tasas de beneficios tan altas y en tan poco tiempo,
que no admite comparación con otras actividades industriales.
El papel jugado por la administración local en nuestro país, ha sido decisivo para tales
actuaciones, ayudada por los poderes centrales cuando fue necesario con normas, aspectos
represivos, e incluso alterando sus normativas y disposiciones ya establecidas y que
reflejan simplemente las contradicciones inherentes a la estructura capitalista.
Estas contradicciones, reflejan la incapacidad de resolver los problemas creados y se
manifiestan sobretodo en las aglomeraciones urbanas, en su incapacidad de paliar todas las
deficiencias acumuladas. En un artículo reciente de CITTA-CLASE (2) sobre la crisis de
las ciudades en EEUU, refiriéndose al caso de Nueva York dice que «el resultado más
evidente de las contradicciones y los conflictos urbanos en el aparato de Estado es la
crisis de la fianzas locales de las grandes ciudades», en este caso, sólo la ayuda de la
administración federal va frenando el que se pueda llegar a una situación de colapso
total; es un ejemplo límite pero que ilustra cómo el sistema no puede dar alternativa a
algo que ha sido generado por él mismo. El poder local desbordado recurre al federal para
la habilitación de fondos, mostrándonos dos realidades, su dependencia y el límite de
su autonomía.
La autonomía de los antes locales, descansa sobre un papel asignado en el seno del
Estado, una centralización de todas las tareas no le sería posible, un cierto grado
autonómico en aspectos administrativos y una dependencia económica casi total le
mantienen firme como elemento de dominación sobre la sociedad.
Formar el Poder, gestionar su Poder
Las tentativas de toma de tal poder y del poder en
general, dentro del proceso electoral, por los grupos adscritos a la izquierda en Francia
e Italia se remontan a varias décadas, viendo tanto en la representación del poder
general (el parlamento), como en el del local (los ayuntamientos), palancas de
transformación de la sociedad con estos mecanismos. En un reciente análisis un grupo de
miembros del PC Francés (3) manifiesta: «Nuestra gestión municipal satisface ¡as
necesidades materiales de la gente de nuestros municipios, pero eso nos ha conducido
frecuentemente a una condición de gestores..., convirtiéndonos en gestores contribuimos
a la organización y extensión de la explotación, aceptando estar integrados en el
aparato de Estado y ser elementos de una estrategia determinada en función de las
necesidades del capitalismo monopo!ista».
Es lógico que el capitalismo monopolista pueda asimilar esos procesos, de hecho la
articulación del poder municipal tiene lugar en el aparato de Estado. La naturaleza misma
del aparato como instrumento coercitivo, en manos de una clase, no puede permitir, ni
fragmentarse, ni introducir cambios que modifiquen sus estructura, si no es para
perfeccionarla. Los pasos dados en sentido opuesto han sido por acciones o movilizaciones,
que desbordando el marco de la legalidad impuesta, introducen correcciones, obligan,
«coaccionan» al poder instaurado.
La distinción de Salvador Allende entre tener el Gobierno y no tener el poder es útil.
El simple acceso por medio electoral a los órganos representativos, no da la capacidad de
llevarlos en la dirección que deseen aquellos que vayan en nombre de los explotados. El
caso de tomar el poder local, con las experiencias acumuladas por la izquierda, allí
donde han -gestionado- municipios, ha sido asimilado, puesto que no ha afectado al centro
del sistema, que ya les ha repartido las funciones que deben desempeñar y lo que deben de
controlar, manteniendo las decisiones que sean de interés social, que siempre suponen
costos elevados, a merced de instancias superiores.
En este contexto, las formas de organización independientes del poder, fundamentadas en
el funcionamiento democrático de base, han jugado un papel activo en el sentido de
carecer de ligazones respecto al poder y plantear las exigencias de la clase trabajadora.
Organizaciones de ocupantes de viviendas, ecologistas, consumidores, son ilustrativas.
España puede aportar a este acervo una gran riqueza de todas esas formas organizativas,
vecinos, amas de casa, Ateneos de todo tipo, movimientos antinucleares etc., nacidas en el
fascismo y donde han existido verdaderos eiemplos de autoorganización, modélicos en
cuanto a las iniciativas y experiencias promovidas, como planes de remodelación,
escuelas, ocupación de viviendas sin utilizar, fiestas populares, en fin un movimiento
social de características amplias, hasta el punto de que muy pocas organizaciones de la
izquierda y menos aún otros fuerzas de índole opuesta han penentrado en él. Aunque eso
sí, estas fuerzas han intentado utilizarlo como medio de presión y movilización en
función de sus propios intereses partidistas.
Hoy, la proximidad del acceso al poder central y local, de algunos partidos en medio de la
fiesta electoral y la consagración mágica que parece que conlleva, les empuja al
abandono cuando no la reticencia hacia dichos movimientos, llevándose eso sí, muchos de
estos dirigentes para candidatos, ya que disponen de capacidad y conocimiento del tema, en
la certeza de que dichos movimientos ya han cumplido su papel.
Por último, hay que diferenciar claramente entre los organismos de base, con su propia
organización de democracia activa y participación, del poder municipal como integrante
del poder de Estado. Pues aunque el acceso a este puede estar regulado por medio de un
acto electoral, por un tiempo prefijado, siempre será la delegación de una función en
varios miembros, que suponiéndolos en representación de las clases populares y con una
clara disposición a la eliminación de entre burocráticos y represivos, para simplificar
todo tipo de gestión, les puede suceder lo que a las moscas en el panel de rica miel del
que hablaba la fábula, quedando las alternativas al capital, a sus órganos de poder, en
bonitos papeles, y el movimiento de base, elemento indispensable para las transformaciones
sociales, en espera de tiempos mejores.
Eso sí, a lo mejor nos ponen más papeleras y nos plantan algun arbolito.
ANTONIO FUERTES
(1) Urbanismo y práctica política. Ediciones de la Frontera -74.
(2) CITTA-CLASSE. Transición, nº4. Enero 78.
(3) Cahiers d'histoire 4º trimestre 74. «Le PCF et les municipalites».
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