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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 13

Libros

FREGENAL DE LA SIERRA: UNA EXPERIENCIA DE ESCUELA EN LIBERTAD.

Este libro relata una experiencia apasionante en un medio escolar corriente, en Extremadura, dándonos una cronología paralela de un experimento en evolución, de la promotora y sus experiencias personales, así como sus bases ideológicas, o mejor dicho, pedagógicas.

Esta lectura, con la de la «educastración», de Julio Celma (hispanofrancés, cuyo padre es un cenetista conocido de Toulouse), me ha enseñado mucho, porque, aunque soy enseñante, casi nunca ha podido leer obras de pedagogía ya sea porque ocultaban la falsedad de¡ sistema escolar, ya sea porque describían un medio totalmente ajeno al que practico, si bien tan inmerso en la sociedad.

No discutiré una serie de particularidades y me limito a lo que me parece el esqueleto de¡ libro. La autora directora de un colegio-¡nternado con 200 niños y niñas de 6 a 15 años decidió, tras un experimento de un año de pedagogía de tipo soviético (de Makarenko, casi nunca aplicada en los países del Este, según lo que sé), pasar a una experiencia de libertad en la organización interna del colegio, experiencia refrendada al principio por las autoridades superiores.

Dicha decisión no fue avalada por el conjunto del claustro y tampoco afectaba al personal de servicio. Por lo general, los padres de alumnos no respaldaron el ensayo.

El diario de Josefa tiene el gran interés de presentar los problemas diarios y las tensiones resultantes de la liberación de los alumnos hacia ella, emanación del poder supremo, o sea una superagresividad al principio, que había que atajar sin caer en el autoritarismo. El gran logro de Josefa fue -para mí- el haber abandonado el sistema basado en la competencia entre grupos de alumnos, que es un tipo de psicología manipulada inherente al sistema castrense y la nueva organización del capitalismo para sustituir las cadenas (Kalmar en Suecia, para Volvo), y haber pasado a un sistema totalmente permisivo en que la agresión que brota al principio, con el egoísmo, queda finalmente compensada, atenuada y reguiada por la necesidad vital de quitar la suciedad el desorden amontonado.

En tal sistema, el miedo a la libertad es muy fuerte, ya no hay norma ni jerarquía, la meta es: «Puedes hacer lo que quieras siempre que no hagas daño a nada ni a nadie» (p. 33). Y la tensión de la busca progresiva es indispensable porque «es una vivencia que vamos a intentar que padezcan, puesto que la palabra dicha al niño no tiene sentido, ya que es algo que cae fuera de sus intereses y comprensión. Es necesario que viva la situación con sus beneficios y perjuicios para que pueda percatarse conscientemente. » (p. 23).

Dentro de este clima, desde el inicio, el alumnado se divide en dos partes: un grupo que comprende y otro que se opone decididamente, haciendo casi todo lo posible para molestar al primero. Son muy notables la negativa a la responsabilidad y el abusar de los pequeños (hasta que finalmente éstos se organicen, p. 143).

La evolución del ambiente se hizo lentamente en gran parte aprovechando la fiesta de Navidad (partido de fútbol y baloncesto entre alumnos y profesores, grupos de «buenos» y «malos»), asambleas cada vez más responsables de alumnos, cambios en los dormitorios, etc.

Un estímulo a la evolución, fue de parte de Josefa la utilización de los caracteres de líderes entre los alumnos (p. 64, 68,135,140,178), cosa que me parece muy peligrosa.

Finalmente la inspección cercenó la experiencia cesando a Josefa de su puesto y mandándola en una escuelita lejana, con el ascenso de una colega que hacía todo para denunciar a la autora y cogerle el puesto.

Pero el libro no termina tan brutalmente, ya que están los resultados estadísticos de una encuesta sobre las reacciones de los niños al experimento. Lo que me ha llamado la atención es la estimación que tienen los niños a sus padres (p. 203, 217), para la comprensión que pueden tener, cuando en todo el libro, los padres son marginados de la experiencia (me parece un error) y aparecen como contrarios. Otro punto, cuya ausencia puede ser normal, ya que Josefa sigue siendo funcionaria, ese papel muy limitado de la sexualidad -entre jóvenes, entre jóvenes y enseñantes que sin embargo está siempre presente y latente (léase a Celma). Un libro muy bueno que hace falta meditar.

04.jpg (2704 bytes)MEMORIAS, IMPROVISACIONES Y OLVIDOS DE UN EX-MINISTRO.

Millares de anarcosindicalistas participaron en el historial de la CNT hasta el exilio, pero, ¿quiénes pueden escribir sus memorias con la seguridad de verlas publicadas?. Sólo los más conocidos. No forzosamente los mejores. Y así tenemos un puñado de obras, que se vapulean a veces, dando una visión insuficiente del anarcosindicalismo. Y mientras tanto, podemos decir, al igual que para la cultura africana: en cada abuelo, en cada militante que muere, sin haber legado sus memorias, hay un libro que se destruye . . .

García Oliver escribió solo, fingiendo desconocer las obras de historiadores y compañeros suyos, el resultado es que los ajustes de cuentas personalistas desequilibran el escrito. El autor aparece convencido de sus dotes para el análisis político -y debió ser el caso muchas veces-, pero a primera vista su libro cae en el diálogo huero del profe que suelta el rollo (y boquiabiertos le escuchan Durruti, Ascaso, los soviéticos preparando la defensa de Madrid, etc.), y se autodefine «vidente- (pp. 189, 565), dando rapapolvo a los alumnos díscolos (la militancia).

A segunda lectura, García Oliver es una mentalidad típica de líder anarcosindicalista o anarco a secas. Empieza por difundir la práctica cenetista -y no parece falso que Pestaña y Peiró pidieron que se organizase un grupo de compañeros para liquidar a Martínez Anido y otros perseguidores de la CNT. Y así nació «Nosotros», con Durruti, Ascaso, García Oliver, y otros compañeros. Ahora bien, si Pestaña y Peiró dejaron esta táctica en 1923, « Nosotros» la continuó, y García Oliver hasta 1933. Y es notable que todos coincidieran en el chalaneo político durante la guerra, despreciando el consultar a la base.

Pero detallando será más claro. La justificación de García Oliver fue la plataforma de 1926-27 de algunos compañeros anarquistas rusos que querían adoptar el autoritarismo bolchevique. Archinov y su grupo trataron de dejar constancia a su paso por la revolución rusa, elaborando su plataforma que pretende en sustancia que los anarquistas, o dejan la pretensión de ser revolucionarios, o deben organizarse de manera que la dirección revolucionaria «sea ejercida desde un principio y proseguida hasta la total eliminación de todas las causas de injusticia social» (p. 84).

Así G.O. declara en 1931, que hay que lanzarse a la revolución sin esperar, y que los treintistas la remiten a «fechas completamente absurdas de dos o más años» (nota del editor p. 126). Pero en Diciembre de 1933 se opone a la tentativa de Durruti y Ascaso y la regional aragonesa, cuando estaba de acuerdo para la de enero. Y todo ello sin estar en la FAI que aparecía como responsable y cuyos militantes luchaban (p. p. 132-133). Aquí está claro a la vez la manipulación (en nombre de las ideas como siempre), aunque G.O. se muestra quisquilloso en materias de diplomacia orgánica (pp. 155, 373) y en la oposición artificial contra el trentismo, que no era -opinión personal- más que una lucha de tendencias, sin apelar nunca a la base.

En el congreso de Mayo de 1936, G.O. afirmaba que fue el artífice de la reunificación pero que su proyecto de ejército no fue adoptado a causa de la labor de desmadre, de follones de Federica Montseny y Cía, Santillán y Cía., Miró y Cía. De paso se puede observar, según los textos que publicó Elorza en «Revista del Trabajo». nº 32, que los proyectos para el Congreso de Zaragoza de los sindicatos de Santillán y G.O. no se diferencian mucho, en particular para la cuestión militar (en la p. 233 se lee lo contrario).

Tras los días de lucha de Julio en Barcelona (debiéndose la victoria según G.O. a la organización dada por él), tuvo lugar un pleno de locales y comarcales el 23 de Julio de 1936 (p. 171 y 184 y ss.). G.O, y la comarcal del Bajo Llobregat propusieron «ir a por todo» pero hubo unanimidad en contra, y muy honradamente G.O. se plantea el por qué, pareciendo sugerir dos explicaciones: a) la ignorancia del anarquismo; b) la actividad de los grupos «disolventes» (el adjetivo es mío porque así me llaman en París) de la Federica y otros. De hecho el problema básico es, aquí también, que la base no fue consultada, los delegados tomaron una decisión sin referir con nadie, se impuso lo que ya era práctica en algunos momentos, como la lucha entre faístas y treintistas: los nobles decretaban y querían disciplina de arriba a abajo.

Y G.O. tiene luego un análisis muy importante: «No había que olvidar que la mecánica de nuestra organización no se asemeja a la de un partido político, como el comunista por ejemplo, que es monolítico, sino que la composición heterogénea de nuestra organización determina que siempre se ande entre dudas y vacilaciones. Por ello fue siempre dirigida, en realidad, por un grupo más o menos numeroso. La constitución de los «Treinta» perseguía esta finalidad. Con el grupo Nosotros» también lo hemos intentado ...

0 sea que la base no pintaba gran cosa. Mejor dicho, cada local aplicaba a su manera lo que le querían endilgar los notables de turno. Y gracias a esta agilidad local se hizo el comunismo libertario, que nadie exaltó desde la cumbre CNT-FAI en los días de julio de 1936.

Para G.O. no era así. Era «su presencia» en el Comité de Milicias la que lanzó las colectivizaciones (!) (p. 206, 281). Además, al salir de Barcelona para Madrid en Noviembre de 1936, declara: «fuera yo de aquí saltarán todas las amarras, y a no tardar Cataluña entera llegará al Caos» (p. 292).

Como en «Por qué perdimos la guerra» de Santillan, el «Durruti», de Abel Paz, etc., cada uno tiene un plan anarquista para tomar el oro y adquirir armas que falla «por culpa» de los otros cenetistas. G.O. también tiene su golpe ya el 23 ó 24 de Julio de 1936, siendo el freno Durruti (El gran incapaz según G.O.), y si el oro se fue a Moscú la culpa fue de Cipriano Mera (p. 320).

Pero donde G.O. es claro, es en el problema militar. Si bien cita la guerrilla para criticar a Durruti mejor (p. 147), su tema era el de «un ejército popular superior», formado por masas obreras, guardias civiles y guardias de asalto, que tendrían oficiales instruidos en una escuela militar de nuevo tipo (nota del editor p. 223). La guerrilla fue el gran descubrimiento de G.O. a fines de 1937 (P. 483 y ss.), Cuando Maroto ya la hacía desde fines del 36, y le hablan encarcelado los peces, sin que el ministro de la justicia hiciera gran cosa. De paso se puede ver la entrada de G.O. en el ministerio aparece como una petición de la Federica, p. 292, 293 (si tan esquinados estaban, ¿qué hacían siempre juntos?) y nos dice sinceramente que le gustó, porque se puede ser anarquista y ministro (p. 299), con un traje, no como en Barcelona (p. 317). La ingenuidad de G.O. es apabullante, hasta como para declarar sus prejuicios antiandaluces (p. 403), su odio a los militantes inválidos (Balius, p. 420, 443), y de los gitanos (Vázquez, p. 469, 524).

Nunca ministro anarquista fue más tajante en sus memorias: «Con Galarza hice esfuerzos de apagafuegos, con excelentes resultados» (p. 415, se refiere al golpe anticolectivista de Vilanesa). «Lo que importaba era apagar aquella hoguera» (p. 424, refiriéndose a los hechos de Mayo, 1937). El colmo fue quizá la creación de un Comité Ejecutivo: «con todas las facultades para hacer y deshacer, con la misión de contener el pánico y el caos, aunque se resintieran los principios del anarquismo» (p. 502) en Abril de 1938, con . . los Montseny - Santillán - Miró.

Menos claro es G.O. sobre la muerte de José Antonio (p. 342), dada como con la conformidad de todos los ministros, pero se dice que fue decisión expresa de G.O., y, si así fue no veo por qué ocultarlo. Para la muerte de Durruti, por fin dice claramente las cosas, pero queda culpable de haber dado la versión cretina de la muerte ante el enemigo, cuando la herida era a quemarropa, y ... también se dice que fue su actuación anticomunismo - libertario, como en el caso de la Madera de Barcelona que explica Marcos Alcón -uno de los pocos que no aparecen como tontos en el libro-, citado por V. Richards en «Enseñanzas...» (p. 164, ed. Campo Abierto).

A García Oliver hay que felicitarle por su franqueza tardía que nos restituye la personalidad de un notable de la CNT-FAI, capaz de lanzar consignas en pro de gobiernos con el P.C. en 1944. Hay que leer este libro para saber y comprender.

FRANK MINTZ.

Juan García Oliver, «El eco de los pasos. Barcelona. Ruedo Ibérico, 1978 (694 pp. 300 pts.)

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