SOBRE
AGORA VIOLENCIA
No sé que interés puede tener una carta, un tanto retrasada, sobre el número 9 de BICI,
pero, en cualquier caso, no he podido resistir el impulso de escribiros. Ante todo para
decir que está mucho mejor ahora la revista.
Y después, para señalar una cosa que me ha asombrado particularmente: en el oportuno y
bien confeccionado «Agora» sobre Violencia (donde, sin duda el artículo más
interesante y útil es, en mi opinión, el titulado «Lumpen y delicuencia»), he leído
una afirmación harto curiosa.
Es aquella que dice: «donde el golfo se cuela o manga, el ácrata practica la
auto-reducción». A mí, que tengo muchos amigos clasificables en eso que llamáis
«golfo» -yo mismo también lo soy, según ciertos anarquistas bienpensantes-, pero que
también tengo algunos amigos «progres», o ácratas como vosotros les llamáis, tan
sutil diferenciación me ha dejado estupefacto. ¿Donde está la diferencia entre
«mangar» y practicar la «auto-reducción»? ¿0 es que así se pretende introducir una
bienpensante separación entre los robos «malos» -o sea los que hacen quinquis, golfos y
demás «lumpenproletarios sin conciencia de clase» y los robos «buenos» o sea los que
hacen los «concienciados»? ¿Es que hay un robo que es «subversivo» y anticapitalista
y otro que no lo es? ¿En qué se basa tan curiosa diferenciación? Francamente, me
gustaría que explicitarais este punto.
Por mi parte, y como las exigencias de espacio no me permiten desarrollar el tema,
aconsejaría la atenta lectura del folleto «Sobre la delicuencia» (Ed. Etcétera,
Aptado. Correos 1363, Barcelona), y los artículos publicados, sobre el tema, en
«Solidaridad Obrera», como elementos de una discusión que creo fundamental. La
cuestión de la «delincuencia» es, creo, una cuestión crucial en la sociedad que
sufrimos y en la lucha contra ella. Por eso, deberíamos de evitar maniqueísmos o juicios
apresurados.
No me cabe la duda que la frase que ha provocado mi asombro, ha sido más bien producto de
una dificultad de redacción, que de esos maniqueismos y frivolidades, visto el contexto
de¡ artículo y del «Agora». Pero, con todo no está de más, creo, esta
puntualización.
JUANJO FERNANDEZ
LA CNT
El resurgir de la CNT fue fuerte y vigoroso con perspectivas de un futuro óptimo
proporcionando resultados positivos en el primer llamamiento público dirigido a la
opinión de los demás que no pudo ser más halagüeño; así quedó demostrado y
patentizado en los mitines de San Sebastián de los Reyes, Valencia, Monjuit, y otros de
menor relieve, en poblaciones de menor importancia, por gentes que venían a nosotros
deseosas de confraternizar con la nueva generación cenetista, sucesión de la CNT del
pasado, y otros que les invadía la nostalgia recordando las gestas de raigambre
revolucionaria, realidad de¡ pasado e historia de hoy.
Más tarde surgieron cuestiones de tipo interno
motivados por la falta de experiencia de una juventud que supo hacer lo difícil, no
encontrando soluciones para resolver lo fácil, produciéndose motivaciones que
desembocaron en los problemas internos en los que se encuentra inmersa la CNT actual.
Como consecuencia de lo anterior surgieron los grupos, las camarillas y las élites y
cómo no, aquellos que dicen saberlo y hacerlo todo con diferentes formas de aplicación,
creando antagonismos y un clima de mal entendimiento al no reconocer las sugerencias y
criterios bien fundados o infundados de compañeros en oposición que no comulgaron con
los criterios autodidactas de los que dicen encabezar el movimiento libertario y ser los
mejores.
Consecuencia de estas actitudes, el mar revuelto que navegamos, en el que el mejor
navegante naufragará irremisiblemente.
Es conveniente recordar a las nuevas generaciones, nervio y acción de nuestro movimiento,
que la CNT no es patrimonio de unos pocos por decirlo de alguna forma. La CNT es
patrimonio de todos aquellos que componemos el movimiento anarcosindicalista, en toda su
plenitud.
Se ha dicho que la problemática interna de CNT es la consecuencia del mal entendimiento
de la CNT en el exilio fraccionada en algún tiempo, quedando la duda de si en la
actualidad sigue fraccionada, o por el contrario forman un solo bloque. Se dice también
que la CNT la de dentro, está supeditada a la CNT en el exilio por razones diferentes que
una mayoría no llegamos a comprender. Considero que en el exilio existen compañeros y
compañeras de reconocido valor militante que, con sus conocimientos y experiencias
adaptadas a la actual CNT, conseguirían lo que no puede conseguir la militancia bisoña
de hoy. Ahora bien, si como se dice todavía existen divergencias entre ellos poco o nada
podrían para evitar los problemas del momento, más bien creo que agravarían más
nuestra actual situación, si entre ellos no existe un verdadero entendimiento.
Se dice también que existen dos CNT: la de dentro y la de fuera; para mí sólo existe
una, la de dentro, la que todo lo ha expuesto para conseguir lo que tenemos, la que estuvo
siempre en la brecha, la que más de cerca sufrió los azotes del franquismo y la que hace
frente a la situación política del momento con los medios a su alcance.
Se dice también que en CNT hay infiltrados troskistas de los llamados lambertistas que
ostentan cargos importantes. Yo me pregunto, de ser así, ¿qué servicios pueden
prestarnos? Ninguno. Conseguir para sus fines lo que de otra forma no podrían conseguir.
Es conveniente recordar el exterminio de los anarquistas en Rusia en la que Troski se
distinguió hasta su expulsión.
Volviendo al problema interno que es el que más nos ocupa conviene decir y así lo
estimo, que dejemos atrás nuestros infantilismos y procedamos como mayores de edad,
abordando las cuestiones de todo tipo con reflexión y entendimiento, que honre a la CNT
del presente y del pasado. Tengan en cuenta quienes en ocasiones se consideran jueces, si
se hallan en condiciones de juzgar a los demás o de sentenciar; hagamos un examen de
nuestra conciencia para ver si tenemos facultad para sentenciar o por el contrario debemos
ser sentenciados. Y digo esto porque en ocasiones se ha procedido muy a la ligera por
aquellos que antes dije, que saben hacerlo todo y que sus decisiones son irrevocables.
También es conveniente apuntar que entre nosotros hay quienes son creadores de
antagonismos por considerar que así tienen mayor acceso a los cargos, guiados por un
afán de protagonismo que en suma es su pretensión afianzándose en el yo personal, sin
importarles un bledo la organización que dicen representar.
Por consiguiente, salgamos al paso de estas anomalías que todos sabemos que existen y que
hay que desbaratar para el bien de las ideas, a las cuales nos debemos. Cuanto antes,
busquemos el remedio que dé al traste con la problemática actual, que nos tiene inmersos
en un desgaste de fuerzas que muy bien pudieran utilizarse en una labor constructiva de la
que estamos carentes.
Hagamos CNT y mantengamos vivo el espíritu militante de la nueva generación portadora de
una mentalidad más cultivada que la de antaño, y que está pidiendo a gritos la apertura
de nuevos horizontes de desenvolvimiento orgánico, con formas y alternativas adaptadas a
las actuales circunstancias, sin que ello represente reformismo, ya que los principios y
fines anarcosindicalistas son y serán invariables, mientras exista un solo
anarcosindicalista.
De lo expuesto se desprende la imperiosa necesidad de la celebración de un Congreso
Nacional que marque las líneas maestras de desenvolvimiento orgánico a todos los
niveles, en el presente y en un futuro próximo, sin tener que retrotraernos a los
acuerdos de 1936, adaptados a una mentalidad diferente y a unas circunstancias en las que
al enemigo se le conocía fácilmente al no existir el pluralismo político y social.
La CNT de hoy está muy lejos de la CNT del 36 que había llegado a su mayoría de edad,
por ello fue capaz de escribir las páginas más gloriosas que registra el movimiento
libertario, cuyas consecuciones, no cabe duda que, en gran parte, fueron obra de los
acuerdos del último congreso y de la gran aportación anarquista.
Reconozcamos que los acuerdos de entonces, dignos de loa, marcaron un hito en su época,
pero que en la actualidad no nos sirven, aunque se haga mal o buen uso de ellos, depende
de quienes los utilicen, reconociendo, como creo debemos de reconocer, la inviabilidad de
los mismos en los actuales momentos.
Reconozcamos también, que mientras los demás han evolucionado para el bien o para el
mal, nosotros no damos ni una mera señal en el orden evolutivo y tengamos presente, que
si queremos llegar lejos tendremos que renovarnos. Renovarnos es vivir y el estancamiento
es anuncio de muerte segura.
Valencia
UN JUBILADO
EN DEFENSA DEL ABRELATA MANUAL
Un vecino mío se ha comprado un abrelatas eléctrico.
¡Con qué ilusión me lo ha dicho! -los ojos le brillaban- nada más abrirme la puerta de
su casa.
- Hay que modernizarse- ha añadido
Yo no le he podido responder.
- ¡Fíjate, fíjate cómo abre una lata! -se ha creído en la obligación de mostrarme, y
de mostrarse, las ventajas del nuevo aparato supuestamente útil-. "No gastas tiempo
y él te lo hace todo -ha repetido, y sin cobrar, la propaganda de la casa fabricadora de
dichos aparatos.
He dejado a mi vecino contemplando, adorando, la nueva máquina y he subido a casa a
escribir estas notas.
Estamos llegando a un punto en que las cosas ya no se valoran en función de su utilidad,
de su capacidad de producir satisfacciones -sensoriales, afectivas o intelectuales-, o de
prevenir o curar males, sino que están siendo valoradas únicamente según el criterio de
«modernidad», criterio que es aplicado a toda aquella variación que es más técnica,
más compleja y más cara, y que -a ser posible- sea capaz de sustituir alguna actividad
humana, tanto si se trata de trabajos productivos como de cuidar enfermos, de cocinar como
de jugar.
Pero, curiosamente, la adopción de instrumentos -físicos o institucionales, tanto da-
más modernos con intención de sustituir la actividad humana por la función de la
máquina -o de la institución- suele llevar implícito una mayor esclavización del
hombre respecto al instrumento sustitutivo.
Este es el caso del abrelatas.
Mientras que un abrelatas manual (o sea, de los «antiguos»),
- es barato,
- no gasta al ser utilizado,
- ocupa poco espacio,
- es duradero,
- multiplica la fuerza manual y la habilidad,
- no te obliga a mantenerlo (o sea, a hacer productiva su compra, usándolo),
- puedes llevártelo a las excursiones,
el abrelatas eléctrico te obliga a
- gastar dinero -bastante en su compra,
- pagar la publicidad del aparatito en cuestión,
- gastar dinero en su funcionamiento, dependiendo de la Cía. eléctrica,
- utilizarlo con cierta frecuencia, para hacer rentable su compra,
- trabajar (o sea, utilizar una fracción del tiempo total trabajado) para hacer frente a
esos gastos -compra y mantenimiento-,
- perder la habilidad en las manos,
- comprar otro cuando se rompa, porque ya no sabremos abrir latas.
0 sea, mientras que el primero era un instrumento útil, este segundo queda transformado
en necesario, y el que depende de él, en inútil.
¡Con el abrelatas manual hacia la revolución social¡
DANIEL Alacant, 24-12-78
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