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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 12

Se va despejando el panorama

Las cosas empiezan a ponerse feas (o en su sitio) en la lucha social. La gente empieza a darse cuenta de que ha servido para poco o para nada, tanto sacrificio y tanto aplazamiento a la hora de plantear los problemas de verdad, por aquello de «no desestabilizar».

Jaime Alonso, trabajador de la construcción de Galicia, es obligado a firmar su despido ante Una pareja de grises ¡lamada por el patrono. Cinco metalúrgicos son detenidos en Santiago, en medio de una ensalada de tiros de los de verdad, que quieren acabar con una huelga que dura ya un mes. Son sólo dos ejemplos.

Los sindicatos reformistas, tratan a toda prisa de convocar movimientos revindicativos que puedan controlar, o pugnan por ponerse delante de las que ya están en marcha para ejercer «la presión controlada» que anunciaron Camacho y Redondo en su rueda de Prensa de¡ 27 de Diciembre. Se trata de recuperar a toda prisa sus papeles, olvidados entre las a.¡fombras de¡ consenso y la antesala de¡ poder. Queda pendiente la entrevista solicitada por Marcelino para rendir pleitesía al rey, o el estudio de Nicolás sobre la futura cartera de trabajo en un gobierno post-elecciones.

Todo está preparado para la etapa de dictablanda o «democracia fuerte». El mismo día que el rey «sancionaba» la Constitución, se publicaba con su firma el decreto de congelación salarial que impide también reclamar la disminución de horarios, con cínicas «amenazas» a los empresarios que se pasen de sociales.

Para completar el cuadro, se ultiman los preparativos para la creación de un tal «Instituto de Arbitraje, Conciliación y Mediación», calcado de aquellos famosos comités paritarios de la Dictadura de Primo de Rivera, que, según los falsificados textos de nuestra infancia escolar «devolvió a España la paz social y el progreso». El dictador, no lo olvidemos, tenía como ministro de trabajo al representante de la UGT - PSOE Francisco Largo Caballero.

Se trata de una especie de «tribunales arbitrales» pordecreto, que condenan definitivamente la acción directa, y encaminan las relaciones capital-trabajo-estado por la senda de la armonía con resonancias del corporativismo fascista tan reciente.

El presidente de la Asociación para el progreso de la dirección, Antonio Garrigues, declaraba presentando a Felipe González ante la flor y nata de la patronal: «todo empresario que tenga miedo a que el PSOE ocupe el poder, no es un auténtico empresario». Luego el secretario general diría aquello de «esto va a ser un país de economía de mercado durante decenios y decenios». Olvidando tal vez que la economía de mercado es la que está arrojando al paro y la marginación a millones de trabajadores españoles y poblando de muertos al planeta. ¿Dónde quedan la «S» y la «0» de las siglas? ¿Dónde los programas y estatutos revisados por el propio Carlos Marx?

Mientras tanto, dirigentes de CCOO-PCE homenajeaban en la Costa del Sol, feudo de la ultraderecha más corrompida, al príncipe Alfonso de Hohenlohe, propietario del «Marbella Club», entregándole una placa de plata en la que le nombraban «empresario modelo».

Que siga la fiesta.

Vuelve mientras el tiempo en que los puntos buscan a las íes. Los reformistas y maniobreros empiezan a ser nuevamente ehcados de las asambleas obreras. Un tiempo en el que, planteamientos como los de la CNT (si algunos de sus actuales protagonistas no consiguen su propósito de hundirla y quedarse solos blandiendo siglas vacías), puede encontrarse otra vez en la calle, con la ingente muchedumbre de los peatones de la historia. No para encabezar ni «vanguard izar» nada, sino para fundirse en esa «turba desestabilizadora» que no aspira a ser poder ni alternativa, pero que tampoco se contenta con pasar de ser carne de cañón bajo el fascismo, a robot miserable y amenazado por todas partes, en una democracia de «empresario modelo% con los sótanos de la represión y la tortura funcionando a tope.

ANSELMO

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