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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
| Año 1 Núm. 12 |
Absténgase de abtenerse |
Fernando Savater Es sabido que los intelectuales no servimos para gran
cosa, ni se puede esperar de nosotros soluciones eficaces para ningún problema o
directrices demasiado prácticas que resuelvan los embrollos de la vida cotidiana. Lo más
que se nos podría pedir es que contribuyésemos a aumentar la perplejidad ambiental:
misión del intelectual (¡qué fórmula tan solemne!) podría sería de mostrar que nada
se parece tanto a lo que parece como pudiera parecer. En la época del franquismo, uno
podía ejercer esta paradójica misión dentro de lo que la prudencia recomendaba y ser
jaleado con aprobación por público y crítica. pero héte aquí que ahora la gran
misión del intelectual es consolidar y comprometerse con la regeneración del Estado: a
algunos no nos sale, pese a nuestra buena voluntad, o nos sale decididamente al revés.
Sin embargo, ahora ya no hay palmaditas en e/ hombro para los fomentadores de dudas y
reservas, sino ferocidad tonante: pase que algún plumífero se sustraiga a su deber de
cantar ante el referéndum loores al "SI", pero que encima se atreva a negarse a
participar, y fomente las reservas contra la democracia inorgánica que apuntalan los
aborrecibles partidarios de la orgánica ... eso ya es esteticismo irresponsable, cuando
no colaboracionismo inconsciente con e/ fascio exterminador. He sabido que totalitarismos
han sido propiciados, fundamentalmente por los escépticos, los abstencionistas y los
utopistas qué querían el paraíso en la tierra; los referéndums a «yo o el Caos», las
intrigas de los partidos políticos, el aborregamiento de los trabajadores, la exaltación
de la disciplina cívico-policial y de la sagrada unidad de la patria, todo ésto, en
cambio, es firme salvaguardia contra e/ triunfo de la bestia negra. |