J.L.
Taberner
¿Desde hace unos 180 años vivimos en un tipo de
sociedad caracterizada por hallarse dividida en clases antagónicas:
1º) Los detentadores de los medios de producción y de los medios de dominación (Estado,
ejército, policía, etc)
2º) Los que tienen como único medio de subsistencia su fuerza de trabajo y hallándose
despojados de la posibilidad de convertir a éste en algo útil, deben alquilarse a los
primeros, según salario o sueldo.
Entre uno y otro género de individuos existe pues, dos tipos de relaciones:
1º) Relaciones de producción.
2º) Relaciones de dominación.
Por las primeras se origina el salario, por las segundas la dependencia, es decir, una
situación tal, dentro del esquema jerárquico de la sociedad, que hace de¡ trabajador un
ser relegado a tareas de simple ejecución, sin posibilidad ninguna de gestión de todo
aquello que le concierne o interesa.
En relación con este asunto existen opiniones diametralmente opuestas entre el marxismos
y el anarcosindicalismo. Nikos Poulantzas por ejemplo, que puede considerarse uno de los
ideológos marxistas ortodoxos más en boga, intenta resolver el problema de las
interacción que mantienen entre sí las relaciones de producción y las de dominación de
forma muy curiosa, pero no menos marxista-leninista (1). Viene a decir N. Poulantzas que
el campo donde hay que situar el concepto de Poder es el de la lucha de clases de una
manera exclusiva, afirmando que el poder no puede ser entendido a nivel de estructuras
(poder del Estado, por ejemplo), sino únicamente como relaciones de clase. Al separar de
esta forma de modo tajante Poder y Estructuras, según N.P., el marxismo puede salirse del
difícil dilema ideológico en que le situ6 el anarquismo, y que puede resumirse en la
doble pregunta: "0 bien las relaciones de producción (es decir, la propiedad de los
medios de producción y todo lo que ello implica) son un caso especial de Poder, o bien el
Poder es un caso especial de las relaciones de producción".
El marxismo había considerado clasicamente el Poder, y por ende las relaciones de
dominación, como algo superestructural dependiente de los factores económicos. El modo
de producción segrega pués, todo lo demás, es decir, que para Marx y Engels "el
poder es un caso especial de las relaciones de producción". Pero ya sabemos que el
mundo ha dado muchas vueltas desde el siglo XIX, y entre las cosas más interesantes que
han pasado está la revolución rusa, en donde por la misma fuerza de los medios se
demuestra que pueden cambiar las relaciones de producción, desparecer la propie privada,
etc., etc., y no modificarse en absoluto las relaciones de dominación, con lo que se hace
muy difícil admitir que aquellas contienen y condicionan estas.
Siguen defendiendo el estado
Más aún, las modernas evoluciones capitalistas en
el mundo occidental, han desvaido de tal forma el concepto y la práctica de la propiedad,
que hoy en día los dirigentes y managers de las grandes empresas y monopolios tienen muy
poco que ver con ella; la explotación es comprendida cada vez mas, como relaciones de
dominación de un capital filtrado enteramente en el interior del propio Estado, en muchas
ocasiones funcionando además a modo de super-estado, estableciéndose unas curiosas
relaciones de poder entre ellos, que contempla toda una escala jerárquica de servidumbres
obligatorias.
¿Cómo pues seguir manteniendo las viejas ortodoxias?. La salida del Sr. Poulantzas no es
mas que eso, una salida, intentando salvar la cara. ¿Qué es sino el decir que la
pregunta está mal planteada porque une conceptos y niveles que no pueden mezclarse, poder
y estructuras, algo así como el agua y el aceite? De forma pués harto peregrina intenta
sacudirse el problema, por el expeditivo método de darle esquinazo.
De paso hace recuperable (¡una vez más!), para los comunistas, la estructura de¡ Estado
para una situación no capitalista, puesto que éste, en realidad, "ya no es un
órgano de poder", sino el centro del mismo. "Su estructura no es reductible a
un análisis en términos de poder", etc., etc. La burocracia, por tanto, no es una
clase, no es mas que una categoría específica que se halla en la estructura del Estado y
que, por tanto, no puede actuar en términos de poder, puesto que éste pertenece al campo
de la lucha de clases.
Estas son algunas de las consecuencias de querer mantener al precio que sea la tienda en
pié. Convertir el Estado y la burocracia en estamentos angélicos aprovechables en
cualquier situación, llegando a absurdos tan considerables que debieran permitir, si todo
ello fuera cierto, que, por ejemplo, una estructura montada de un modo jerárquico para
funcionar según el sentido normal de la autoridad (es decir, de arriba a abajo), puesto
que no es un órgano de poder, puede servir de módulo operativo a una democracia
autogestionada.
Loa anarcosindicalistas han considerado de siempre que las relaciones de dominación son
más importantes desde cualquier punto de vista, y condición indispensable para el
desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, puramente económicas. Se nos
hace muy dificil considerar que los trabajadores se dejaran arrebatar sus útiles de
trabajo, si no hubiera mediado previamente una coerción, una relación de poder
desfavorable que les hubiera reducido su capacidad de respuesta. La verdad es que el mismo
Marx al intentar explicarnos la formación del capital, no puede emplear otros términos
que no sean los referidos al Poder y la fuerza de unos pocos sobre una gran masa. No hay
mas que releerse el capítulo del primer tomo de "El Capital" en que trata de la
Acumulación Primitiva, para darse cuenta cabal de ello. Y sin embargo, en todo su
sistema, el órden establecido es justamente el inverso, es decir relaciones de
producción como condicionantes de todo lo demás.
Acabar con el poder es lo importante.
Quizá alguien piense que todo esto no es mas que
hojarasca doctrinal y sin embargo se trata de un asunto crucial, tanto en su estricto
nivel teórico como en el práctico. Tanto en la estrategia inmediata, corno respecto a la
construcción revolucionaria. Veámoslo:
A nivel teórico ha sido el responsable de haber llevado a importantes sectores marx stas,
al resolver la pregunta en el sentido de primordialidad de las relaciones de poder, a las
puertas mismas del anarcosindicalismo. Tal es el caso del marxismo consejista que ha
asumido teoricamente todas las tesis de autonomía de clase y de acción directa que
aportaron al movimiento obrero, hace ya muchos años, los anarquistas. En ocasiones, al
haberse perdido el arquetipo originario, ni tan siquiera se han dado cuenta de ello. En
otras, como es el caso de nuestro pais, se resisten como buenos marxistas a admitir tal
situación, por lo que prefieren calificarse de otra manera, bien consejistas, autonomos,
comunistas libertarios, o marxistas libertarios.
Una crítica habitual de estos recién llegados al campo libertario, y no exenta de
razón, es la de calificar de poco libertarios a los anarquistas de
"pedigree"... Insisten, y para ello el asunto que nos ocupa es central, en una
relectura libertaria de Marx.
A nivel práctico, me parece importante insistir una vez más en que cualquier trabajador
conciencia mejor su situación de explotado como un dominio, como una relación de poder,
mas que como un nuevo expolio económico, y esto quizá no sea la menor de las
consecuencias, y mas teniendo en cuenta que no se trata de un mero asunto subjetivo, toda
vez que la situación de dependencia tiene la suficiente realidad para, además de venir
sancionada en leyes generales, plasmarse jurídicamente en el mismo contrato individual de
trabajo, tiempo antes de que el trabajador perciba su primer salario.
Afirmar que el poder y las relaciones que engendra incluyen como una faceta mas la
explotación económica, es poner de manifiesto la incongruencia estratégica de separar
la lucha contra el capital de la lucha contra el Estado, como hace la socialdemocracia
(tanto socialista como comunista). ¡Como si desde 1914 no hubiera pasado nada! Capital y
Estado son una única entidad expoliadora, que requiere por tanto, según las tesis
anarcosindicalistas, un único organismo de clase para combatirlos, que reuna en su propio
seno la lucha en toda su proyección política y económica.
Finalmente está claro que si el origen de toda explotación y alienación es el poder,
las estructuras en que se asienta y las relaciones de dominación que produce, no será
posible abrirse paso hacia la construcción de una nueva sociedad socialista si no es a
través de su abolición, a la vez que la de las relaciones de producción capitalistas.
Pero abolir el Estado, solo será posible en la medida en que todo el conjunto de
funciones sociales, económicas y políticas puedan realizarse según normativas no
jerárquicas, y esto es algo que nos lleva a considerar la importancia renovada de aquella
vieja pretensión internacionalista de que "...así las organizaciones obreras de hoy
deben prefigurar la sociedad del mañana". Cerca de doscientos años de revoluciones
deberían haber dejado muy claro que la revolución, no hace más que permitir el que
salgan a la luz una serie de fuerzas que se han incubado en la situación precedente, y
que todo lo constructivo de esta fase, está en relación directa con lo creado y
concebido en la etapa prerrevolucionaria.
Solo si sabemos establecer entre nosotros unas relaciones libertarias lejos de dogmas y
autoritarismos, solo si somos capaces de elaborar un funcionalismo antijerárquico eficaz,
con la extensión orgánica suficiente (lo cual solo es posible en los sindicatos)'
tendremos la certeza de no andar pegando palos de ciego en el camino de la revolución
emancipadora.
(1) "Poder político y clases sociales en el estado capitalista". Siglo XXI
Editores.
Inicial
- Índice |