Escribo
estas líneas para BICICLETA con la conciencia de que son afirmaciones provisionales, dado
que en estos momentos estoy revisando mi sistema de ideas. Por otra parte, creo que lo que
viene a continuación en estas líneas mías no tiene demasiada importancia. Pero ahí va.
¿Con qué línea o corriente libertaria me siento identificado? Con ninguna totalmente.
¿Represento dentro del anarquismo a alguien? A nadie. ¿Estoy incluso "dentro"
del anarquismo? Esto sería discutible, y dependería de la opción que me juzgara. Es
evidente que para algunos soy libertario y para otros no.
¿Y yo qué digo? Pues que hice un esfuerzo por asimilar el marxismo cuando tenía poco
más de veinte años. Más tarde me acerqué al anarquismo y vi que contenía muchos
elementos éticos y utópicos que me gustaban. Estos elementos eran de raíz cristiana. Y
en estos momentos estoy reforzando esas raíces, razón por la cual me interesa el
anarquismo desde la óptica del cristianismo.
Esta afirmación puede que a muchos les resulte intolerable, pues es mayoritaria la
creencia en la incompatibilidad entre el discurso prometeico del libertario, y el discurso
de la gratuidad del cristiano. Donde el anarquismo afirma la voluntad de Prometeo, el
cristiano hace la historia con una perspectiva de escatología; donde el cristiano se abre
a la fe, el libertario rechaza lo que sea metarracional; mientras el libertario busca la
eticidad, el cristiano busca la religiosidad, etc. No es éste el lugar para exponer las
discrepancias entre el discurso libertario y el cristiano. Si le interesa a alguien, puede
encontrarlas en el número uno de la Revista Communio (Ediciones Encuentro, Madrid. Enero
de 1979).
No quisiera dar a entender que me desligo de todo lo anarquista por ser cristiano. Hay
cuestiones donde la ética libertaria y la cristiana me parecen confluyentes. Sólo afirmo
que, aún cuando en muchas ocasiones se dice lo mismo, en otras muchas no ocurre así. Es
una lástima que se siga sin estudiar a fondo la relación entre cristianismo y
anarquismo. En todo caso, rechazo desde aquí la denominación de "anarquista
cristiano", lo mismo que rechazo para otros la de "marxista cristiano". ser
cristiano es algo que no casa con las formas políticas ni casará nunca. Trasciende a lo
político aunque en ocasiones pueda estar más o menos cerca de tal o cual política
aunque sin identificarse con ninguna.
Por otra parte, en las filas libertarias se aprecian a veces síntomas de restrictivismo,
de exceso de seguridades teóricas, de exclusiones y de anatematizaciones. Sectarismo,
incapacidad para la convivencia y el respeto, niegan lo que debería ser la libertad del
apoyo mutuo en el seno de una pluralidad de tendencias. Como he escrito en otras
ocasiones, para ser anarquista no necesito ser antimarxista, como para ser anarquista no
necesito ser anticristiano, allí donde no se trate de elementos incompatibles. No tengo,
pues, tantas rigideces teóricas: No soy antipolítico, ni antisindicalista... Creo que
son tensiones fructíferas que pueden enriquecer, si se respetan.
Del mismo modo, no aguanto de buen grado las actitudes espontaneístas. Creo que uno de
los defectos mayores de los libertarios es que no hacen el esfuerzo de un trabajo a largo
plazo. Hay magníficas excepciones que respeto y admiro mucho, conste. Pero lo normal es
que la juventud no lea, y descubra inmensos océanos ya descubiertos mil veces desde la
perspectiva de su palangana. Con el manfutista "quiero vivir mi vida", se olvida
que es la vida de todos, y también la de nuestros antepasados. No soporto, pues, a toda
la desarraigada tromba de jóvenes que, ignorantes, creen que la anarquía es la amorfia,
el sexo a ultranza, el pasotismo, y todo lo demás. De esta línea aberrante no quiero
saber nada. Ni de sus teóricos, alguno de ellos español. Creo que una cosa es la
anarquía y otra el nihilismo. Mucho daño a la anarquía hacen los nihilistas. Como
"pasar de todo" es lo más fácil, estos nuevos ''libertadores'' proliferan.
Tengo sin embargo la impresión de que, felizmente, los campos se van delimitando, y que
los pasotas acabarán pasando de una actitud constructiva como es la libertaria. Pasotas
no, por favor. En este orden de cosas, creo que no se ha recuperado el anarquismo de
los clásicos. La juventud que "anarquiza" viene más bien de la Escuela de
Francfurt, o de mayo del 68, o de un cierto marxismo espontaneista, pero no de la
tradición libertaria clásica. Y no es que haya que quedarse en el pasado, pero sí al
menos no confundirse de pasado. Aprovecho para decir que tampoco me van las estatuas de
sal, enamoradas de las "gloriosas gestas" que sin embargo no fueron casi nunca
tan gloriosas. No, a los relojes parados en la nostalgía de las viejas golondrinas que no
han de volver.
Soy, como puede observarse, muy transigente con las corrientes que tienen raíz
libertaria, pero no quiero saber nada de las corrientes que confunden anarquía con
amorfia, meeting con happening, creatividad con ignorancia de lo ajeno, etc. Hay, pues,
raíces valetudinarias del anarquismo que debemos fomentar, y raíces patológicas que no
conviene tomar en consideración. Mi temor es que no se haya decantado aún la cizaña del
trigo.
Y bien, ¿cómo me gustaría a mí el anarquismo? Por lo dicho, ya se aprecia que me gusta
la seriedad, la revisión de los temas importantes, y que no podemos seguir repitiendo
tópicos. Difícilmente me encuadraría en un grupo de los actualmente existentes. Lo
haría acaso (aunque hoy no lo sé) en un grupo libertario que:
No recurriese a la violencia -soy pacifista-; que se abriese a la trascendencia; que diese
gran importancia a la educación del hombre; que tuviese muy en cuenta la
"revolución interior", el cambio del corazón, el cambio de mentalidad; que
recuperase valores auténticamente humanos como la seriedad, la fidelidad, el apoyo mutuo,
la autocritica y la heterocrítica, el pluralismo, la fraternidad, la libertad, la
igualdad; que se tomase muy en serio al hombre como ser limitado y moral; que se abriese a
la trascendencia.
Bastante de estos caracteres han existido en el seno del anarquismo, y en honor a la
verdad los he encontrado (no todos ni siempre) en algunos militantes clásicos
libertarios. Pienso que hoy en día me siento muy cerca de la Escuela de Yasnaia Poliana,
de León Tolstoy. Sin que mitifique el agrarismo, ni el ingenuo comunalismo de ciertos
jóvenes. No se trata de desenterrar a Tolstoy, sino de vivir cada uno conforme a lo que
cada cual es y quiere. Tolstoy es un modelo remto, a revisar, modificar, corregir y
desterrar si es preciso. Es un simple indicador del camino.
En todo caso, es dificil hablar de modelos. Son pobres los actuales planteamientos
libertarios, como para aferrarse al pasado y darlo por único Hay que dar respuestas al
presente. Y desde luego, como no se da respuesta al presente es jugando a héroes,
rechazando mesas de negociaciones, como si las multinacionales no existiesen, o como si no
existiesen los ejércitos, o como si hoy fuera 1850.
Me preocupa mucho el que, por no saber encontrar una respuesta seria a las cuestiones de
hoy, puedan irse los libertarios por las ramas de las extravagancias, y que se reduzcan a
reivindicar aspectos puramente marginales, comenzando a defender la bicicleta o el patín
como si fuera lo primero en lo que habría que dar una alternativa. También rechazo
radicalmente las actitudes violentas que quieran transformar la sociedad derramando
sangre. Ninguna revolución se hará nunca así. Muchos libertarios feroces se
asombrarían si leyeran a un Malatesta, a un Kropotkin, a un Domela Niuwenhuis, pues
encontraría en ellos un gradualismo, un análisis serio de las reivindicaciones, un ir
cambiando lo exterior y lo interior a la vez.
Me gustaría, en suma, para finalizar esta breve semblanza personal, decir que hoy más
que nunca me considero de acuerdo con la mayoría de las tesis de Emmanuel Mounier, e;
personalista francés de la primera mitad de este siglo, el cual, desde la óptica
cristiana, vive la tensión entre marxismo y anarquismo, con una clara dimensión ética y
por ello creo que con mayor óptica libertaria. Una razón de peso que avala lo que al
principio decía de que no represento a nadie es que el personalismo está pasado de moda.
Ni los progres lo admiten, ni lo admiten los carcas. Pero yo invitaría a volver a
Mounier, para que fuese eso: Un punto de partida.
Carlos Díaz
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