La
mayor parte de los textos que tratan de los grupos de afinidad en el interior de¡
movimiento anarquista, me refiero a los que han sido escritos por militantes, proponen
más constataciones que definiciones teóricas. Y dado que las situaciones reales son
numerosas, y raramente idénticas, el resultado es que las características puestas de
relieve no son siempre las mismas. Veamos, sin embargo, cuáles son los puntos comunes en
varios autores -al menos de entre los que conozco-, cuando se trata de definir los grupos
de afinidad.
Para empezar, el propio concepto de afinidad no está bien definido. ¿Afinidad de ideas o
afinidad de carácter? ¿0 son necesarias ambas cosas? En los ambientes anarquistas, dice
Sebastián Faure (1), la palabra afinidad "expresa la tendencia que induce a los
hombres a agruparse sobre la base de una analogía en los gustos, de una similitud de
temperamento e ideas. Y, en el pensamiento y la acción libertaria, los anarquistas
contraponen la espontaneidad y la independencia con que se producen estos encuentros y se
constituyen estos grupos, a la cohesión impuesta y la asociación forzada producidas por
el ambiente social actual". Es esta una definición que no brilla por su claridad,
dado que se nos puede preguntar como nos las arreglamos los anarquistas para escapar del
"ambiente social actual".
Murray Bookchin, que intenta buscar un origen histórico al grupo de afinidad, llega a una
curiosa conclusión y coloca este origen en una época relativamente reciente, en España:
"La expresión inglesa "affinity group" es la traducción de "grupo de
afinidad", nombre que en España servía para designar la célula de base de la
Federación Anarquista Ibérica, núcleo de militantes más idealistas dentro de la CNT,
la gran central anarcosindicalista" (2). Su definición es original: "Un nuevo
tipo de familia ensanchada, en la cual los vínculos de parenteco se han sustituido por
relaciones humanas de profunda simpatía, alimentados de algunas ideas y de una práctica
revolucionaria común". Aquí aflora de nuevo el principio de afinidad de ideas,
mientras que la afinidad de comportamiento se manifiesta como el "estilo
revolucionario de vida cotidiana". El grupo "creaba un espacio libre en el que
los revolucin arios podían reencontrarse consigo mismos, como individuos y como entes
sociales". Lo que nos lleva, con mayor precisión, a las observaciones del viejo
Sebastián: El grupo consigue escapar del "ambiente social". Bookchin afirma
poder parangonar (traducir) los grupos españoles de afinidad de los años treinta
(respetando las proporciones y teniendo en cuenta las circunstancias) con las formas de
organización adoptadas por los "radicales" norteamericanos:
"comunas", "familias", colectivos", etc.
Los militantes de los Grupos Anarquistas Federados de Italia, se inclinan más por la
comunidad de opinión inicial: los grupos de afinidad tradicionales "con fuerte
comunidad de opiniones generales y particulares pueden... mantenerse coherentes con los
principios-base, y eficientes en el dinamismo decisorio y operativo" (3). Sin
embargo, añaden: "Afinidad de ideas en primer lugar, pero también una cierta
afinidad personal, indispensable desde el momento que el grupo no es un negocio, sino un
vivir unidos en la lucha, una parte no despreciable de la propia vida". Reencontramos
aquí el carácter doble del grupo de afinidad, si bien los G.A.F. veían estos grupos
como "el primer momento organizativo del anarquismo", es decir, un elemento de
base para una federación, mientras Bookchin dice: "(los grupos) pueden federarse con
gran facilidad..."
Una primera observación: los autores ven en los grupos de afinidad una forma natural de
organización, y no tienen en cuenta sus posibles defectos. Parten de una realidad
constatada y tienden a no encontrar en ella más que virtudes. N se plantean el problema
de si lo que determina la formación del grupo, es la comunidad de ideas o la simpatía
personal. Pero si lo esencial es la comunidad de pensamiento, no se vé ateniéndose al
mecanismo asociativo que distingue a un grupo anarquista de cualquier otra organización
de carácter ideológico. Si, en cambio, lo que dominan son las relaciones afectivas, a
partir de un pensamiento libertario más o menos distinguido, entonces tanto el
funcionamiento interno como la razón de ser del grupo, serán de una naturaleza muy
particular.
En realidad, la imprecisión sobre el origen y los fines del grupo de afinidad, conserva
plenamente la ambigüedad de su rol: ¿Elemento de intervención sobre la sociedad, o en
contra de la sociedad? Pregunta ésta que no debe entenderse necesariamente en clave
crítica o agresiva, pero que pide aclaraciones.
Un segundo elemento de definición de los grupos de afinidad y de su dimensión. Bookchin:
"Cada grupo de afinidad conservaba deliberadamente dimensiones reducidas, para
garantizar la mayor intimidad posible entre los miembros", y "dadas sus
características, el grupo de afinidad tiende a actuar de forma molecular". Los
G.A.F. "...un núcleo de militantes suficientemente pequeño como para permitir la
participación de todos en el proceso decisorio, y suficientemente amplio como para
contener en sí mismo diversas experiencias personales y de lucha". Y, por tanto:
"Son núcleos poco numerosos y con fuerte comunidad en opiniones generales y
particulares..."
Nueva observación y nueva pregunta: si para funcionar bien, es decir, para garantizar a
sus miembros una participación real, tanto en las decisiones como en las acciones, los
grupos de afinidad deben ser de pequeñas dimensiones y acoger un número limitado de
adherentes, ¿es quizás porque cualquier organización numerosa presenta peligros de
jerarquización y burocratización? Es probable, pero entonces es necesario aplicar esta
constatación a cada organización "popular", con consecuencias prácticas de
enorme importancia, para los fines de una táctica y una estrategia libertarias. Porque,
en resumidas cuentas, si entre amigos y compañeros se deben tornar todo género de
medidas para evitar la degeneración dominadores/dominados, ¿cuáles serán las
precauciones que habrá que adoptar para organizaciones que reúnan a millares de seres
humanos poco advertidos acerca de los peligros autoritarios? Bookchin, por ejemplo,
escribe a propósito de los grupos de afinidad: "pueden también crear comités de
acción temporales (como los estudiantes y los obreros franceses en 1968), que coordinen
tareas precisas. Pero sobre todo, los grupos de afinidad, tienen que tener sus raíces en
el movimiento popular". ¿Un movimiento popular en estado puro, inocente? ¿Sin
partidos, sin sindicatos centralizados, sin líderes?
Henos, por tanto, en el tercer punto común a la mayor parte de las definiciones: el papel
de los grupos de afinidad en la vida social. En la imagen -idealizada- de los movimientos
populares existe una especie de extrapolación de la práctica -ideal- de los grupos.
Sebastián Faure: "...los hombres que pertenecen a la misma clase, que se sienten
necesariamente cercanos por una comunidad de intereses, en los cuales las mismas
humillaciones, las mismas privaciones, las mismas necesidades, las mismas aspiraciones,
plasman, poco a poco, un temperamento y una mentalidad más o menos idénticas; cuya
existencia cotidiana está hecha de la misma servidumbre y de la misma opresión; y cuyos
sueños, cada día más precisos, terminan en el mismo ideal; que deben luchar contra los
mismos enemigos, que son torturados por los mismos carniceros, que se ven todos sojuzgados
por la ley de los mismos patrones y todos víctimas de la rapacidad de los mismos. Estos
hombres se ven inducidos, gradualmente, a pensar, a sentir, a querer, a actuar en conjunto
y solidariamente, a cumplir las mismas tareas, a asumir idéntica responsabilidad, a
conducir la misma batalla y a unir, al llegar a este punto, los propios destinos dado que,
tanto en la derrota como en la victoria, la suerte de unos está íntimamente ligada a la
de los otros: cohesión voluntaria, asociación querida, grupo de libre elección. Aquí
se afirman todas las energías de afinidad que descienden de la analogía de]
temperamento, de la armonía de) gusto, de¡ acuerdo en las ideas". Bookchin:
"Los grupos de afinidad hacían de agents catalizadores en el contexto del movimiento
popular ...".
Los G.A.F, son más vagos, tanto en la relatividad del carácter "espontáneamente
libertario" de los movimientos populares, como sobre el papel específico de los
grupos anarquistas: "La liberación de las tendencias populares, igualitarias y
libertarias, es un fenómeno efímero, si no se tiene la posibilidad de expresarse en una
organización adecuada" (4). Y aún más: "Las condiciones subjetivas necesarias
para una revolución social libertaria, pueden indicarse esquemáticamente como el máximo
desarrollo posible, cualitativo y cuantitativo, del movimiento anarquista y de la
presencia libertaria organizada en el conflicto social, y también la mayor difusión
posible de la conciencia critica, del espíritu antiautoritario de revolución" (5).
Así pues, tras estas diversas interpretaciones, encontramos algunos trazos comunes: el
grupo de afinidad es un elemento de base del movimiento anarquista, la afinidad es doble:
ideas y vínculos de amistad, reune un número restringido de militantes, y está ligado a
los movimientos populares de emancipación. Y sin embargo, a pesar de todos estos puntos
comunes, tenemos la sensación de que las concepciones son divergentes, los fines
diversos, las perspectivas extrañas unas a otras. Todos aceptan una situación de hecho:
la existencia de una tradición de grupos de afinidad, y parten de esta constatación para
dar a los grupos tareas, una función y un funcionamiento particulares. En to do esto hay
un equivoco que convendría disipar.
Prácticas
Se diría que la línea de demarcación no existe
entre las interpretaciones, sino más bien en el interior del propio grupo de afinidad.
Según sea distinguido por una intensa vida interna, o por una actividad volcada
esencialmente hacia el mundo exterior, el grupo de afinidad constituye un ambiente, una
sociedad en sí, o un instrumento de lucha contra la sociedad tal y corno funciona, e
incluso es factor de edificación de una sociedad distinta,
Para poner dos ejemplos en los extremos opuestos: el grupo-familia de Bookchin tiene poco
que ver con los grupos actividades de los G.A.F. Esto no significa que el grupofamilia no
pueda salir al exterior, ni que e¡ grupo-activista no caiga en el juego de las relaciones
personales entre sus miembros. Lo que importa, es comprender que su razón de ser no es la
misma, ni tampoco sus objetivos.
Llevando el análisis al extremo, y haciendo referencia a experiencias o formas de
comportamiento observables, el grupofamilia puede ulteriormente diluirse hasta quedar
convertido en un sitio de encuentros circunstanciales para individuos
"liberados". Mientras que los grup os- activistas pueden convertirse en
micro-partidos.
Cuando Richard Gombin (6) contrapone la noción, y ¡a práctica, del grupo anarquista de
anteguerra (39-45), con la del movimiento "radical" de los años sesenta, pone
de relieve algunas características especificas del primero (un poco caricaturizadas):
"Solamente el grupo era admitido como estructura de contestación -o de revolución-
En las condiciones en que se encontraba el capitalismo entre las dos guerras, parecía que
solo la Intervención del grupo sobre la sociedad, sobre la realidad social, tuviera
alguna posibilidad de éxito... La revolución se veía corno un acontecimiento situado en
un vago porvenir, pero el grupo vivía solo en función de este hipotético
acontecimiento... Tanto con sus prejuicios y tradiciones como en sus relaciones privadas:
actitud hacia las mujeres, los niños, la homosexualidad, la moral en general.
Evidentemente existían experiencias aisladas de vida en grupo, de vida libre amorosa,
etc. Pero se trataba de casos marginales y no representativos". Mientras "el
revolucionario antiautoritario tiene una práctica contestataria en cuanto Individuo y a
todos los niveles de su vida... Contestará a la autoridad y a los abusos de¡ patrón lo
mismo que a las llamadas patrióticas de los jefes políticos, sindicales o intelectuales.
En la medida en que encontrará individuos que piensan y actúan como él (en la escuela,
como compañero sexual, en el trabajo, en vacaciones), sentirá menos la necesidad de]
grupo". Y concluyendo: "Generaciones enteras de anarquistas habian concebido la
revolución como "un gran día'', bajo la forma de un acontecimiento único y
apocalíptico que habría señalado el surgir de una sociedad completamente nueva. La
revolución hoy se entiende y acepta como una continuación de actos de rechazo, de
rupturas y creaciones necesarias. El acontecimiento final que hará caer el orden viejo,
parece haber quedado en un segundo plano. En segundo plano, porque todo el edificio de la
sociedad opresiva (su Estado, sus principios, sus instituciones), caerá por sí mismo
apenas se haya transformado su contenido: la cuestión de¡ poder en el vértice se
resolverá por la toma de todos los poderes por la base".
Dejamos de lado la cuestión de si en los años treinta la pertenencia a un grupo
estuviera ligada a algunos prejuicios, a una tradición y un comportamiento moral
burgueses-, pero habría que decir también que la insubordinación, la deserción, la
ilegalidad, las prácticas anticonceptivas, las luchas en las canteras y las fábricas,
los encuentros fisicos con estalinistas y grupos de extrema derecha, etc., formaban parte
de la vida militante diaria, y no eran solo temas de discusión ociosa del domingo por la
mañana. Lo que el razonamiento tiene de significativo es que hoy seria posible vivir la
contestación del individuo, y que la acumulación de gestos de rechazo acabará por
volver impotente al poder.
Una vez más nos encontramos frente a una especie de teorización de un comportamiento. Un
comportamiento que es real, a nivel individual o de grupos-familia. Pero que lo es solo en
condiciones circunstanciales y limitadas: en el interior de una sociedad de relativa
abundancia y permisiva, es decir, en algunas regiones del mundo industrializado y
post-industrializado. No es tanto el individuo o el grupo-familia el que lucha, se -impone
y vence a la autoridad, como que la sociedad deja hacer y posee los medios para dejar
hacer (en un estado como Francia, donde la movilización general era considerada la base
de la defensa nacional, la deserción era un crimen castigado duramente, incluso en tiempo
de paz. Hoy, las nuevas características de un conflicto armado, hacen que sea posible
negociar un estatuto de objeción de conciencia. Esto no significa que la lucha de los
insumisos no sea útil, o difícil, significa que la táctica y la estrategia
libertariasno pueden hacer abstracción del funcionamiento práctico de la sociedad).
Más importancia tiene un cierto deslizamiento hacia una a-sociedad; esta concepción y
este comportamiento se encuentran en muchos grupos-familia actuales. La idea y la
práctica son que la sociedad jerarquizada y opresiva no debe ser combatida como tal, sino
que debe ser ignorada, evitada todo lo posible. Se termina con bastante facilidad en una
especie de carpe diem, , de "gocemos sin freno", que no es condenable en si,
pero que no proporciona ninguna respuesta a los problemas de lucha que contra una sociedad
que, en Europa occidental como en USA, no presta atención a esta forma de marginación,
subproducto de la affluent society.
Sólo cuando el rechazo no es un replegarse o una evasión, sino voluntad firme hacia una
sociedad distinta y lúcida negación de la sociedad presente, la lucha se hace clara.
Esta noción se ofusca, si no desaparece, cuando la lluvia de la abundancia y su disfrute
permiten confundir la lucha contra una sociedad que funciona, capaz de absorber a sus
opositores y de transformarse sin conceder nada a las diatribas revolucionarias, con una
marginación orgullosa pero sin peso, e inconcebible en otras regiones del mundo.
El extremo opuesto lo constituyen los grupos-activistas que se imaginan poder influir en
"el sentido de la historia" practicando una especie de maquiavelismo dirigente.
Un ejemplo puede ser el de la singular mentalidad difundida durante los años cincuenta,
en el seno de la Federación Comunista Libertaria Francesa, y que correspondía a una
voluntad -y una práctica- de manipulación de la corriente libertaria que tenia en la
base un pequeño núcleo de militantes, cómplices en sus maniobras, mucho más de lo que
estaban unidos por una lucidez común.
Se plantea sí el problema de saber si la afinidad no conduce a olvidar las razones de la
existencia del grupo, e inversamente, si el trabajo conducido colectivamente no termina
por llevar a otros tipos de renuncia.
La vida interna
Abandonemos ahora las definiciones, clásica o
recientes, y veamos cuáles son los comportamientos corrientes que se desarrollan en el
interior de los propios grupos (los cuáles, en general, se preocupan bien poco de
requisitos teóricos).
El defecto más serio lo constituye una inclinación, casi irresistible, a transformarse
en una sociedad cerrada, es decir, a olvidar rapidamente la misma razón de su existencia,
la intervención en el medio social, el esfuerzo de conocimiento de la sociedad y de la
época para poder actuar mejor, la propaganda. También es cierto que suele ser raro que
nazcan grupos en función de objetivos precisos. Sucede frecuentemente que se trata de la
formación de un núcleo que "quiere hacer algo" y que, poco a poco, va
transformandose en una especie de familia donde pululan los problemas de las relaciones
personales, aunque enmascarados de controversias o de entendimientos, ideológicos o
tácticos. Curiosamente, se manifiesta un fenómeno burocrático (si se entiende el
término burocracia como sustitución de la resolución de un servicio que ha hecho nacer
el órgano, con los intereses del propio órgano funciona]). El grupo termina por vivir
replegado en si mismo, para si mismo, a pesar de respetar determinados ritos:
participación en las campañas generales, venta y difusión de publicaciones, presencia,
a lo mejor como observadores, en ¡os congresos...
Es el grupo en si el que se convierte en lo esencial, y las discusiones internas se
convierten rápidamente en el centro de las reuniones, como la enfermedad se transforma en
un centro de interés -interés de vida- para algunos enfermos.
Otro hecho reseñable es que vuelven a aparecer las taras denunciadas en la sociedad:
liderismo en sus distintas formas, gerontocracia, separación entre habladores y
taciturnos.
En un reciente número de "Lanterne Noire" (7), un colaborador, que parece tener
una larga experiencia de vida en grupos, y los observa con ojo práctico, señala:
"... el grupo de afinidad no constituye una alternativa frente a los peligros de la
organización. El dominio expulsado por la puerta, vuelve a entrar por la ventana".
Pero: "... es verdad que en el pequeño grupo de afinidad, algunas actividades de
propaganda y de elaboración se facilitan, sin contar el hecho positivo en si mismo, de la
actividad en común de personas que se reunen para un proyecto revolucionario, y al mismo
tiempo por razones de temperamento y afecto". ¿Es ésta una contestación y sólo
podrían ilustrarla ejemplos concretos, o un deseo o quizá el tomar en consideración una
tradición que es dificil cambiar?
Las observaciones directas que siguen son en realidad poco entusiasmantes: "... la
propia estructura de los grupos de afinidad, como en cada grupo primario -sea familiar o
ideológico- desarrolla vínculos interpersonales con fuerte carga afectiva, en los
culaes, el amor y el odio juegan su habitual parte de lamento, en el que el contenido
fantomático, (insconsciente, remordimiento), se estructura bajo el dominio patriarcal (
... ) la lucha por el poder en el seno del grupo es velada y generalmente inconsciente. El
liderato aparece disfrazado de deberes, y todas las rivalidades tienden a tomar forma
ideológica. Pero la violencia con que estallan los conflictos, y la frecuencia con que se
disuelven los grupos, revelan la matriz emocional sobre la que se han constituido".
Esto en lo que respecta al funcionamiento interno. Si se examina el comportamiento del
grupo respecto al mundo exterior, se advierten otros fenomenos. El primero se manifiesta
en una dificultad casi insuperable de ensanchar el núcleo inicial, ya sea porque a pesar
de la voluntad declarada de reclutamiento o de practicar periodos de prueba, la vida de la
célula provoque el rechazo en función de un temor de turbar la "intimidad" o
porque exista una deliberada intención de no crecer en número.
El otro fenómeno podría ser determinante como despertar doloroso. Se produce cuan~ do
los acontecimientos colocan al grupo frente a la necesidad de entrar en contacto con el
conjunto de la sociedad, más simplemente, de tener en cuenta las fuerzas políticas o
sociales, afines o contrarias. Este suele ser un descubrimiento que destroza la unidad, la
solidaridad, el conformismo interno, y que abre la puerta a cambios -a veces colectivos,
si domina la afinidad- o a acomodamientos que corresponder, solo remotamente a la regla de
las ideas. La luz del grupo y la del exterior no tienen la misma intensidad. Y lo que se
suele tachar de traición, a menudo no es otra cosa que la entrada en el siglo del
mil¡tante, un militante desnudo y ciego como cualquier hombre , y víctima de elecciones
hechas en función de los aparatos de propaganda externos, hábiles para conseguir
resonancias en torno a los grandes términos humanitarios, y para colocar las eternas
trampas a los idiotas.
Y ademas, cuando los acontecimientos descubren fuertes corrientes libertarias, nacidas de
las contradicciones de una sociedad sofocante, los grupos raramente se encuentran "en
onda". Viven demasiado replegados en si mismos, y no como agrupaciones sensibles a
los acontecimientos sociales. M ocurrió en el 68, y sin duda ocurrirá mas adelante. En
Francia y en Italia.
Sugerencias
Abandonemos el tono critico y lacrimógeno. A falta
de una definición clara de lo que son en definitiva los grupos de afinidad, es posible
decir que existen y actuan según los militantes que los componen, verdad que se tiene la
tendencia a olvidar en las polémicas conducidas a base de argumentos doctrinales.
También se puede sostener que el valor, en términos de anarquismo, se mide según
criterios morales y de eficacia, incluso poniendo el acento sobre la "afinidad".
A fin de cuentas, de los grupos anarquistas de Barcelona en los años 30, salieron tanto
luchadores que estuvieron a la altura de su leyenda, como ministros y coroneles. Partiendo
de estos precedentes, la solidaridad afectiva generalizadora, se convierte en sospechosa.
La afinidad puede haber vencido a la convicción.
Lo que es deseable es que se emprenda un esfuerzo para disipar la confusion que no sirve a
nadie. Es perfectamente aceptable, y a veces entusiasmante, ver que se crean comunidades
que buscan, a base de experiencias, una forma de vida colectiva más libre y lo más
emancipada posible. Se trata, en estos casos, de aventuras libertarias de valor
indiscutible. Se ponen inmediatamente como formas de contrasociedad, en las que son
esenciales los factores de simpatía, amistad y solidaridad. Sin embargo, sus miembros no
excluyen otras formas de organización que susciten otros objetivos, a pesar de que la
vida comunitaria comporta, naturalmente, problemas de elección de prioridades y de
servidumbres".
Lo que se puede esperar es que en el propio espíritu de los participantes no se mezclen y
confundan los varios géneros, y que cada cual comprenda el significado y los límites de
su forma de vida y de sus esfuerzos.
Del mismo modo, si la reflexión se vuelve hacia el grupo activista, es útil que todos
sepan cúales son los fines inmediatos, y eventualmente, tambien los de más largo plazo
de la organizacion. Cuidando en todos los casos de no confundir una acción voluntaria
sobre la sociedad y en la sociedad, con la teorización de un reflejo ó de un subproducto
de esta sociedad. Es una sugerencia que vale para todos los comités, asociaciones,
colectivos y grupos. Esto permitirá confrontar los fines con los resultados.
L.M.V. ("Interrogatios")
(1) Definición de "afinidad" en la "Enciclopedia Anarchica".
(2) Cit. del español. "Escucha marxista".
(3) "Documento programático de los Grupos Anarquistas Federados".
Cp.22:"Grupos y Federaciones".
(4) y (5) Ibíd. Cp. 19:"La Revolucion libertarla".
(6) "Sociedad y contrasociedad». CA.R.A.
(7) Nicolás: "La organizacion anarquista especifica" n. 6 y 7, Nov. 76
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