La violencia está en el centro de nuestras relaciones sociales
deformándolas, condicionándolas y reproduciendo unas formas de vida, organización e
incluso contestación, adecuadas la mayor parte de las veces para cualquier cosa, menos
para levantar otro mundo.
De diferentes maneras de utilizar la violencia personal o colectiva, contra esa violencia
impersonal, fría y mecánica de los aparatos represivos, las ciudades monstruosas, la
educastración, el paro, el trabajo, la publicidad, los medios de información, el
parlamento, el gobierno, la oposición, el error policial, los consensos constitucionales
y las mil burradas más, cotidianas, normales, queremos tratar hoy en el pequeño espacio
de AGORA.
Pese a las distancias que ciertos anarquistas-dentro-de-un-orden quieren tomar respecto a
la delicuencia, negar la proximidad de ambas formas de vida sería tanto como renegar de,
al menos, media historia del anarquismo. No por nada anarquía e ilegalidad, crimen o
bandidaje, suelen aparecer juntos desde que la primera se puso nombre. Sólo, tal vez, una
diferencia: allí donde El Tempranillo saqueaba, Durruti expropia; donde el golfo se cuela
o manga, el ácrata practica la autoreducción. Pero reflexionar sobre la acción no quita
ni añade nada a su motivación profunda: el desprecio por cualquier tipo de legalidad que
no sea la personalmente pactada, el compromiso de la palabra libre.
La llamada al terrorismo individual del Congreso de Londres de 1881, las recetas para la
fabricación casera de bombas en los periódicos ácratas de entonces, la falsificación
de moneda, el "llevarse de las tiendas lo que es necesario pra vivir", las
teorizaciones de Faure o Reclus sobre el robo como recurso revolucionario, las bombas de
Ravachol, los atracos de la -banda de Bonnot" y la fundamentación que del ilegalismo
hacían en "la Anarquía" o, en fin, los atracos propagandísticos del Quico
Sabaté o Facerias denostados como "bandidaje y terrorismo" por la Dictadura y
los Anarquistas Ofíciales al alimón, es cierto que sólo son una parte del anarquismo.
Pero los esfuerzos constantes con que los anarquistas mas "constructivos"
procuran de continuo marcar distancias son prueba suficiente de que la frontera es débil.
Las formas de delicuencia que si reciben una repulsa generalizada, y por tanto espóntanea
en medios anarquistas son aquellas que, abandonando su caracter primario y vitalista, se
contagian del automatismo estatal: las sociedades criminales gobernadas por el miedo y
leyes inflexibles, el atentado ciego e indiscriminado, el robo orientado a la mera
acumulación consumista...
En nuestro mundo, los dirigentes han declarado la guerra a la violencia terrorista... que
no sea la suya. Y en un mundo en guerra, desertar parece lo más sensato. Aquí mismo,
cuando a los mismos aparatos armados de la Dictadura hace frente el heroísmo grupuscular
de ETA, lo que verdaderamente entusiasma a un libertario es cómo la repulsa general de la
violenci, dirigida contra las fuerza de ocupación, acaba desbordando a la propia ETA.
Pero, ¿dónde empieza la violencia de los oprimidos y dónde terminan las aspiraciones de
los futuros opresores, comandantes de ejércitos de liberación, que de Cuba a Angola o
Vietnam acaban por implantar la cara sangrienta del Estado? No, no posible desertar cuando
las cosas de comer (y el vivir cotidiano) están en juego. Hablemos pues de la violencia.
La frustración del "militarizarse o desaparecer- del combatiente de la Columna de
Hierro que aquí reproducimos es la misma tensión del revolucionario que hoy pretenda
liberarse de la falsa alternativa reformismo-lucha armada que nos describe Freddy, o que
intenta una utilización de la "violencia con rostro humano" que se propugna en
"El mito de la violencia---. Octavio Alberola envía un trabajo desenmascarador de la
falsa "necesidad" de la violencia (la utilizada por el poder) y de su
"irracionalidad" (cuando son los oprimidos los que recurren a ella). Dentro del
debate de la izquierda revolucionaria italiana sobre la violencia fría y cotidiana,
recogemos otro trabajo de "ARivista Anarchica" sobre -lumpen" y
delicuencia". Cerramos este ya apretado AGORA recopilando textos enviados por varios
amigos y que no podemos por menos de publicar aunque sea parcialmente.
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