En
diciembre de 1976 iniciaba una nueva época, todavía clandestina, el portavoz confederal
anarcosindicalista (*). Y las esperanzas se abrieron a raudales para muchos viejos y
jóvenes de este país y del mundo entero, que siguen considerando la revolución
española como la niña de sus ojos. Pronto hará dos años de aquel resurgir. El tiempo
se ha llevado algunas ilusiones, dejando al menos un rastro de experiencias que pueden ser
provechosas.
Desde aquel número 0 en que la emoción del renacer y la microscópica letra amenazaban
la vista y el corazoncito de más de un veterano, no cabe duda de que la presentación
gráfica de «CNT» ha ido mejorando en su publicación más o menos mensual, ubicada en
Madrid mientras estuvo allí la sede del comité nacional por mandato del primer Pleno de
Regionales auténticamente asambleario de la nueva época. Tras el número 15, de junio de
1978, la redacción del órgano confederal pasa ahora a Barcelona, junto con la sede del
comité nacional, también por mandato mayoritario de la militancia cenetista.
(*) «Organo de la Confederación Nacional del Trabajo, cuarta época», anuncia su
cabecera, que desde el número 6, de junio 1977, incorpora el histórico emblema de la
lucha entre el hombre y la fiera, la cual, por cierto, desde el número 12 deja de parecer
un becerro y figura más apropiadamente un león.
Nuestro análisis va, pues, a referirse únicamente a la etapa madrileña del «CNT», en
la que nunca se superaron la periodicidad mensual ni los 40.000 ejemplares (con
trayectoria incluso descendente), resultados paupérrimos en una organización que blasona
de superar los 200.000 afiliados y que ha invertido millones de solidarias pesetas y
esfuerzos incuantif ¡cables en tan escasos frutos de prensa.
Aquel nuevo formato (que del inicial propio de una revista se transforma en el actual,
similar al de un periódico cotidiano, desde el número 5, en mayo de 1977) parecía
destinado a su inmediata legalización y venta en kioscos, que tal vez hubiera resuelto
muchos problemas de distribución. Pero no ha sido así, y hasta ahora viene circulando (y
acumulándose a menudo) como un pequeño y periódico tesoro en los locales confederales.
Y nos consta que es buscado afanosamente fuera de nuestros medios.
purismo agónico
El valor sentimental, organizativo y a veces hasta
informativo del portavoz confederal no debe cegarnos ante algunos graves problemas que
tiene planteados.
No es preciso poner nada de nuestra propia cosecha: basta leer las notas críticas que los
lectores envían a la «Tribuna Libre» del mismo «CNT».
«De mal en peor» se titula el comentario que firmaba Rafael. en el número 14 (mayo
1978, p. 11): «La situación por la que, desde hace bastante tiempo, viene atravesando
nuestro órgano de expresión CNT es francamente deplorable. Y lo que es peor, de mes en
mes se agrava sin que seamos capaces de vislumbrar una solución positiva que venga a
solucionar la crisis que lo envuelve. Un déficit administrativo, cada vez más
importante, hace que la tírada vaya siendo cada vez menor, sin que este estado de cosa
parezca alarmar a nuestros compañeros militantes que, a pesar de conocerlo, no hacen nada
o casi nada para evitarlo ( ... ) Mantendremos el periódico fuera de la legalidad...
pero... a) el contenido informativo de CNT no es tan fuerte que no pueda ser suscrito por
una revista legal. Es más, hay revistas en la legalidad mucho más incisivas que nuestro
CNT; b) la distribución del periódico es desastrosa, sin haberse conseguido todavía una
fecha estable de recepción de los ejemplares en las FF. Locales; c) ... la venta del
periódico es una calamidad. Los números se acumulan en los locales de los sindicatos y
no consiguen llegar a las manos del lector, aparte del propio militante; d) efectivamente,
le estamos dando la espalda al gobierno, pero, ahí está lo grave, también se la estamos
dando a los trabajadores... Si queremos salir de una situación de agonía permanente, no
nos queda otra alternativa que legalizar el CNT.» Ya en enero 1978 (A. Bandan, «La
necesidad de un gran periódico», en núm. 11, p. 11) se advertía: «Las Federaciones
Locales no tienen una perra, luego no se paga el periódico a Madrid. La venta sigue unos
canales bastante cerrados y su valor propagandístico es casi nulo, la información es
deficiente y a deshora, etc.»
Estos problemas, debidos a la no legalización y a la
deficiente distribución causados por un mal entendido «purismo», se ven agravados por
una situación de reorganización lenta, en la que las Federaciones Locales se ven
sometidas a una sangría de alquiler de locales (provocada por la insuficiente acción
directa hasta ahora desarrollada para obligar al gobierno a restituir el patrimonio
sindical a la clase trabajadora), y en que los escasos réditos de la venta del periódico
se destinan así muchas veces a cubrir necesidades perentorias de propaganda y solidaridad
local, y no suelen retornar al órgano confederal, que ha sido financiado casi
exclusivamente por la solidaridad internacional libertaria y anarcosindicalista.
dependencias y clientelas
El precio de «CNT» es de 15 pesetas (desde el
número 3, especial para el mitin de marzo de 1977; los números 0, 1 y 2 se vendían a 10
pesetas; por otra parte, el «extra» que acompañaba al número 8, en septiembre de 1977,
con los acuerdos del Pleno de Regionales sobre acción sindical en la empresa, se vendió
a 5 pesetas), de las que teóricamente quedaba 1/3 a las Locales, y revertían 2/3 para
cubrir los costes de producción del periódico al comité nacional. En la práctica, como
se ha indicado, no ocurre así.
Muchas Federaciones Locales (que no sólo han de alquilar locales en un mercado
inmobiliario especulativo, al que apenas pueden hacer frente las esforzadas cotizaciones
de los afiliados, sino que generalmente no cuentan con medios para publicar sus propias
informaciones ante los conflictos obreros, ni para prestarles los mínimos asesoramientos
con los que cuentan sus poderosos competidores partidistas, nutridas con fondos
político-esta tales) han considerado hasta ahora la prensa confederal, no sólo como un
vehículo de informaciones e ideas anarcosindicalistas imprescindibles para su
consolidación orgánica, sino además como un «maná» que impulsa «desde arriba» la
reorganización, proporcionando regularmente unos fondos imprescindibles.
En realidad, tenían razones para pensar así, puesto que los fondos iniciales invertidos
en la reaparición de «CNT» proceden de una prolongada campaña internacional de
solidaridad con los libertarios y anarcosindicalistas ibéricos, la cual se nutre, de una
parte, del histórico exilio (tanto el «ortodoxo» vinculado al Secretariado
Intercontinental de Toulouse, corno el «marginado»), y, de otra parte, de muchos grupos
veteranos o juveniles sindicalistas-revolucionarios y ácratas del mundo entero, que entre
1975 y 1978 recaudaron varios millones de pesetas para la CNT, los cuales resultaba quizá
contrario a los principios confederales concentrar y centralizar en un Comité Nacional
poderoso, por lo que las federaciones locales y regionale más raquíticas y necesitadas
no siem pre, pues a veces los que menos tiener son los que mejor cumplen) han logra do de
hecho una cierta redistribución de recursos a base de quedarse pura y simplemente con las
ventas del perió dico íntegras. ¿Una forma más de ac ción directa? Pero hubiera sido
prefe rible coordinarla mediante la solidaridad confederal, para que todos (y no sólo
algunas agrupaciones, las más avispadas o menos cumplidoras), se hubieran beneficiado
ígualitariamente.
Ha habido mandatos al comité nacional de atender especialmente a Federaciones Locales
necesitadas por el paro o las largas huelgas, y sin medios propios de propaganda, que no
se han cumplido; en cambio, de haberse promovido una prensa confederal capaz de
autogestionarse, tanto en la creación de una red de corresponsales, pasando por la
redacción, confección e impresión, como en la distribución y venta, además de sanear
las finanzas confederales se hubiera logrado un «CNT» capaz de aumentar su tirada,
periodicidad y número de páginas, y con ello la calidad informativa y la circulación de
ideas; pero, sobre todo, se hubiera evitado esa concentración de recursos en un comité,
típica de una «reconstrucción por arriba» que ha pesado como una losa sobre las formas
y contenidos de la reorganización confederal.
La práctica habitual en tantas federaciones de recibir periódicamente «CNT» sin
ninguna obligación en contrapartida (económica y de mejora del contenido) ha creado en
demasiados comités una nefasta costumbre «clientelar» que engendra peligrosas
dependencias. Mientras el funcionamiento confederal no sea auténticamente ácrata, de
abajo-arriba, y no al revés, las tendencias burocratizantes inherentes a todo
sindicalismo seguirán pesando sobre el «CNT».
contraluces informativos
Ahora bien, con todo y ser importantes los problemas
de gestión y financiación de «CNT», creemos más graves (relacionadas con lo anterior,
pero de directa responsabilidad de algunas personas, y determinantes respecto a la imagen
«moderada» del periódico, y al consiguiente rechazo del mismo, observable en muchos
medios juveniles ácratas) las orientaciones seguidas en el contenido de los artículos.
Conste que el temario de esta nueva etapa de «CNT» es ciertamente valioso, con gran
riqueza de análisis sobre los más actuales problemas del anarcosindicalismo hispánico:
tácticas de lucha obrera contra las maniobras económicas del capitalismo, espontaneidad
de los movimientos huelguístícos y autonomía de las formas organizativas frente a la
integración estatal; rechazo del electoralismo y de la politiquería partidista;
resistencia al terrorismo estatal y denuncia de la contaminación productivista, el
peligro nuclear y la carrera de armamentos como motores de la dominación tecnocrática;
movimientos antiautoritarios en todos los ámbitos sociales y culturales, y solidaridad
con todos los «marginales» oprimidos, de los presos a los minusválidos; fidelidad al
mensaje revolucionario inherente a las siglas confederales, solidaridad internacionalista
en el seno de la vieja AIT y con los nuevos movimientos obreros y libertarios del mundo
entero. Encontramos incluso, en los números 1 y 2 (enero-febrero de 1977) artículos muy
críticos hacia el sindicalismo («Partidos y sindicatos, ¿ qué de qué? », y
«¡sindicatos del mundo, hundíos! »), y una interesante sección de alternativas
autogestion arias, orientaciones que se vieron frustradas con el posterior desarrollo del
periódico.
En efecto, la falta de crónicas frecuentes y ágiles por corresponsales activos supone
que escasea en las páginas de «CNT» el eco adecuado de las luchas obreras
autogestionadas que sir, interrupción se suceden en la España posfranquista. Aparte del
peligro de centralismo informativo que esta ínsuficiente coordinación redaccional
supone, tal lejanía de la espontaneidad creativa del movimiento obrero y libertario hace
que en las páginas del portavoz confederal pese mucho más la reflexión teórica que la
acción vivída.
El excesivo «intelectualismo» de los artículos se refuerza por una fidelidad ciega al
ídeario clásico que tiene prioridad absoluta sobre la realidad de fenómenos más
recientes, algunos ideológicamente confusos (como los movimientos feministas y de
liberación sexual, los autonomismos obreros del, regionplistas, o las inquietudes
consejistas de núcleos fabriles impregnados por la propaganda marxista aunque de
tendencia activamente autogestionaria), pero que resulta absurdo despreciar en bloque
cuando su acción resulta efectivamente revolucionaria. Por otra parte, sólo en los
últimos números (y ya ante la grave crisis latente en la organización) empieza a salir
a la luz algo parecido a una verdadera polémica que exprese la diversidad del pensamiento
confederal y las numerosas divergencias que, de la táctica sindical a la estrategia
comunista libertaría, existen de hecho en el movimiento anarcosindicalista *.
(*) Queremos dejar aquí constancia, frente a
la supuesta atribución a BICICLETA de una crítica a la «censura» interna de «CNT»
por el número 2 de PUNTO Y APARTE (boletín de la asesoría jurídica de la CNT de
Madrid), que las relaciones entre el comité nacional y la redacción han sido
generalmente cordiales, y que los casos excepcionales de censura que conocemos (críticas
de algunas Locales a declaraciones «legalistas» de miembros del Secretariado, documentos
polémicos en el seno del movimiento anarquista), no son representativas de un clima
general de restricción informativa. En el número 3 de PUNTO Y APARTE publicamos ya
nuestra versión como colectiva sobre el tema.
las revelaciones de un análisis de contenido
Habrá quien piense que hemos cargado las tintas de
la crítica. Pero, tristemente, la lectura atenta del portavoz orgánico cenetista
confirmará estas impresiones, que consideramos no se corresponden con la vitalidad
revolucionaria de muchos núcleos y, sindicatos confederales.
Haremos, para probar nuestras afirmaciones con la evidencia de los hechos, un análisis de
contenido sobre los 367 artículos publicados en los 17 números aparecidos durante la
permanencia del comité nacional en Madrid (a los 15 números consecutivamente ordenados
añadimos el inicial número 0 y el número extra dedicado a la acción sindical en la
empresa, de septiembre de 1977). Pues bien, tras un paciente, trabajo de lectura y
clasificación, hemos agrupado todos estos artículos según un criterio clasificatorio en
3 grandes bloques o secciones informativas, con este resultado:
Luchas contra el Estado y el capital desde las filas confederales y obreras en este país:
285 artículos (más del 78 %).
Movimiento internacionalista obrero y libertario: 38 artículos apenas el 10 % del total).
Movimientos libertarios ibéricos por la liberación personal y colectíva no encuadrados
en la CNT: 44 artículos (un 12 %)
100).
TOTAL: 367 art:culos (100 %).
Aún más significativo es analizar la composición de la primera de estas secciones: en
efecto, ese casi 79 por 100 de artículos del portavoz confederal puede clasificarse así:
a) vida orgánicamente confederal, lucha sindical, historia y
reafirmación ideológica clásica: 131 artículos (es decir, el 36 % del total, un tercio
largo del contenido de la revista);
b) análisis político-económico: 36 tículos (más del 10 % del total
de artículos);
c) represión y resistencia al poder político: 31 artículos (casi el 9
%);
d) acción directa: luchas obreras contra el capital: 74 artículos (un
20 %).
e) posiciones teóricas de debate crítico: 13 artículos (menos del
4%).
editorialismo «sindicalista-puro»
Es, pues, evidente que del análisis de contenido de
«CNT» nos aparece una organización marcadamente «sindicalista» (por lo menos, mucho
menos «anarco» * que «sindícalista»), «histórica» y al mismo tiempo «realista»,
muy proclive también a considerar «en abstracto» los condicionamientos políticos y
económicos; y que margina en cambio los rasgos propiamente ácratas, marcadamente
revolucionarios y críticos, 0 incluso utópicos, y por ello internacionalistas,
escasamente orgánicos, muy, espontaneístas y atentos más que nada a la acción directa
contra el capital y el estado, es decir, todo lo que la joven y hoy mayoritaria
mílitancia de base---yla propia opinión popular--- atribuyen a la actual CNT.
(*) Respecto a los apartados no
«sindicalistas-históricos», encontramos más voluntad crítica; sólo 9 de los 38
artículos «internacionalistas» son informaciones oficiales de la AIT, y sólo tres de
los que tratan aspectos sociales extrasindicales se refieren a grupos explícitamente
libertarios (Mujeres Libres, Ediciones Campo Abierto y los movimientos libertarios de
barrios), que desde el número 5, y aparte las referencias «oficiales» a la
«específica» y algunas noticias sobre represión, desaparecen de las páginas de
«CNT», en la que abundan en cambio informaciones sobre luchas de grupos marginados y
ecologistas.
Esta disociación entre una CNT de base, revolucionaria y crítica, y el «CNT» como
órgano de prensa del sector «histórico-ortodoxo», es aún
más patente en las editoriales; en efecto, ni un solo editorial podría clasificarse en
una sección sobre Movimiento Libertario no confederal, ninguno tampoco como
Internacionalismo, ni siquiera sobre luchas obreras de acción directa, ninguno desde
como debate crítico-heterodoxo: solamente uno se refiere a represión y
resistencia al Estado (y aún tras la escandalosa provocación del «Scala». trata más
bien de despegarse de toda acción directa contra el sistema , califícada a priori de
«ingenua. «impaciente», «irreflexiva» e «inmadura», acabando el paterna¡ sermón
por advertir que ese tipo de acción puede «lleval a las simas irreversibles del
drama...» 4 editoriales se
refieren a problemas de política nacional, y nada menos que 12 pueden clasificarse en la
rúbrica más «sindicalista» (vida confederal y estrategia sindical, reafirmación
histórica e ideológica de la propia CNT).
Si del contenido de los artículos de la revista en general aún puede creerse que CNT es
«algo más que un sindicato», de los editoriales se despren. de por el contrario una
línea de priorídades abrumadoramente «sindicalista pura». El «pestañismo» de la
primera época no renegaría en absoluto de la línea editorial de esta etapa del «CNT».
Constatamos, pues, que el portavoz confederal ha expuesto sistemáticamente como línea
oficial» de la organizael ón precisamente la posición más «sindicalista», más
cerrada y defensiva, la que parte sin más de que «la CNT es por antonomasia la
organización de los trabajadores» (editorial del número 11, que traza una estrategia
coherente para la «supervivencia» de la organización, descartando toda auténtica
ofensiva contra el sistema), la que da por sentados e históricamente resueltos todos los
planteamientos teóricos la que rechaza la acción directa juvenil e «inmadura» con un
desdeñoso «no es esto, no es esto».
determinismo o voluntarismo
Queremos creer que esa actitud «a la defensiva» no
lo es en razón de una ortodoxia interna, sino que nace de situaciones externas, de los
problemas ciertamente difíciles que en 1976-78 se le han presentado a la CNT, desde la
reforma sindical que permitió su salida a la luz pública y posterior legalización,
hasta el aisiamiento y la represión que le ha origínado su firme rechazo del Pacto
social y del electora
lismo político-sindical. Ahora bien, ese contexto sociopolítico difícil, con una
correlación de fuerzas (incluso en el propio medio obrero) mucho más hostil que la de
antes de la guerra, ¿debe determinar por sí misma toda una línea informativa ?
Precisamente cuando, ante la crisis capitalista y la integración de la izquierda marxista
en el sistema de poder, urgen alternativas revolucionarias, ¿no es más necesario que
nunca el voluntarisnio creador de los anarco-sindicalistas? El determinismo
político-económico es propio del liberalismo burgués o del marxismo burocrático, el
anarquismo afirma en cambio que es la humanidad quien hace la Historia, y no al revés.
Por todas estas consideraciones, consideramos que los fracasos económicos, de
distribución y de eficacia informativa de esta primera etapa de «CNT» no son quizá
ajenos a su escasa capacidad para sintonizar con las aspiraciones críticas y
revolucionarias de las nuevas generaciones obreras y libertarias.
Nos hubiera gustado saludar con mayor entusiasmo esta nueva etapa (todavía clandestina)
de la que es probablemente la más importante publicación auténticamente obrera de
Europa y quizá mundial. Pero esperamos sinceramente que estos apuntes críticos sirvan
para que su definitiva salida a la luz pública (ya en su trayectoria catalana, con
proyectos de legalización como semanario, en los que por cierto colabora sin reservas el
equipo que hasta ahora constituía el Colectivo BICICLETA en Barcelona, y a los que
deseamos el mayor acíerto en sus tareas) confirme el ímpacto renovador de «CNT» en los
medios obreros ibéricos, no ya solamente por su historia heroica, sino sobre todo por la
coherencia revolucionaria de sus planteamientos presentes y actuantes.
COLECTIVO AUTOGESTION
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