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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 8 Septiembre 1978

Internacionalismo y españolismo

02.jpg (3257 bytes)Uno de los puntos polémicos del debate que culminó con la declaración de incompatibilidad entre el Colectivo Askatasuna y la CNT de Euskadi fue y sigue siendo la contradictoria actitud confederal en torno a las luchas de liberación de las distintas comunidades naturales. Con ánimo de participar en esta polémica, Francesc Boldú nos remite el siguiente informe.

el estado de la cuestión no es la cuestión del Estado

Desde cualquier perspectiva que se analice, el concepto de in-dependencia implica una estructura organizativa con referencia a algún poder determinado. Entendida en sentido burgués significará la in-dependencia de un Estado (el Estado «vasco») respecto a otro Estado (el Estado «español»).

No es ésta la pretensión del colectivo Askatasuna: «Nosotros, dicen, abogamos por una confederación de comunas libres, que agrupe a todos cuantos estamos comprendidos en la nación vasca, en solidaridad con el resto de comunas existentes en el extinto Estado español, francés...»

Y ante esta definición la pregunta surge de forma inevitable: ¿No es ésta la actitud defendida históricamente por la CNT? ¿No se trata de la plasmación del federalismo anarquista más ortodoxo? ¿Dónde reside el problema? Porque hay algo evidente: el problema existe.

negar el Estado es afirmar la comunidad natural

Y el problema habría que buscarlo, según el colectivo Askatasuna, en la confusión de dos conceptos antagónicos: «nación» y «Estado».

Mientras la «nación» es la comunidad natural en la que se «nace», el «estado», por el contrario, es una creación artificial, antinatural v represiva producida por la explotación económica y política.

Consecuentemente, la negación del «Estado» implica, a su vez, según los compañeros de Askatasuna, la afirmación de la libertad de los «individuos»,

las «comarcas», las «regiones» y los «pueblos» o « nacionalidades », es decir, de todo tipo de relaciones naturales. Como una vez dio Cherna Elizalde: «CNT significa, en realidad, Confederación NATURAL del Trabajo».

«Estado» Y «nación» son, pues, según Askatasuna, dos conceptos antagónicos que, por distintos avatares históricos pueden coincidir en una misma comunidad natural, lo cual, generalmente, no acostumbra a suceder. Los ejemplos de Euskadi y Catalunya (dos « nacionalidades » sometidas a dos «Estados»: Francia y España) son un claro ejemplo ilustrativo de cuanto decimos.

el internacionalismo bien entendido comienza por uno mismo

Partiendo de esta distinción entre «nación» y «Estado» el colectivo Askatasuna elabora una teoría encaminada a sustituir las actuales relaciones interestatales (relaciones autoritarias fundamentadas en los actuales Estados) por unas relaciones inter-nacionales en las comunidades naturales): «una (relaciones libertarias fundamentadas estructura social tal que tenga en cuenta las naciones NATURALES, y niege que los ESTADOS, en los que está dividido el mundo, tengan alguna relación con los intereses de los trabajadores».

Tal organización partiría, por consiguiente, de lo natural (individuo, comarca, región, pueblo o «nacionalidad» ... ) para negar lo artificial (estado), con lo cual las actuales relaciones in te r-esta tales que destruyen y someten a las disti ntas comunidades naturales, serían sustituidas por relaciones inter-nacionales que, en lugar de reproducir los esquemas autoritarios de relación social establecidos por los actuales Estados, potenciarían los esquemas de relación de las distintas comunidades actualmente alienadas por la opresión estatalista.

Y esta distinción entre «pueblo» y «estado» es, por otra parte, una constante histórica de la tradición anarquista. ¿0 acaso la FAI, la Federación Anarquista Ibérica, no fue una sustitución del esquema de relación interestatal (España-Portugal) por un esquema de relación inter-nacional que agrupó a los distintos pueblos existentes en la península?

anarquistas y falangistas, ¿primos hermanos?

Y mientras Askatasuna dedica todos sus esfuerzos a afirmar la comunidad natural (a la que identifican con el concepto de «nación», de una «nación» plenamente emancipada de cualquier tipo de Estado, sea este «español», «francés» o «vasco») los fascistas realizan, por el contrario, la labor inversa: identifican al artificial y represivo Estado «español» con lo que ellos denominan la nación «española», unidad de destino en lo universal que abarca de forma indiferenciada desde La Coruña a Tenerife, Ceuta a Bilbao y Cádiz a Barcelona.

Y esta unidad «nacional» los fascistas creen verla reflejada en la CNT: el sindicato españolista como decía la propaganda de la «Alianza Nacional del 18 de Julio» en Barcelona en las últimas elecciones. 0 la gran ilusión de la Falange, como publicó el Alcázar en su comentario al mítin de Montjuich de junio del 77, que veía en su vocación sindical y en su raigambre HISPANA una esperanza para la consolidación de una revolución social... que en marzo de 1939, cuando el golpe de Casado, demostró que la unión en unos propósitos NACIONALES habría sido posible... y en cuyo seno anida de naevo la esperanza ya que ni una bandera separatista se vio en Montjuich».

¡Como si los anarquistas, al no ser ni catalanistas ni vasquistas tuviesen que ser, en consecuencia, españolistas!

CNT al servicio de España o España, lo único importante

Desgraciadamente, esta valoración «fascista» de la CNT, este pretendido «españolismo», no es algo que se da únicamente de puertas afuera. Es deprimente constatar que muchos cenetistas actuales rechazan las autonomías y preautonomías no porque reproducen el «Estado» como aparato centralizado de poder (ver El juego de la oca, Ajoblanco, núm. 25), sino porque -¡vivir para ver!- ¡no aceptan la existencia diferenciada de las distintas comunidades y pueblos naturales! Educastrados en una concepción fascista de la sociedad que utilizaba el término «nación española» para definir al represivo «Estado español», son incapaces de abandonar dicho lastre y terminan por adoptar actitudes y posiciones netamente «españolistas».

Y no hablo por hablar en un tema de tanta trascendencia. Ignoro la situación concreta de Euskadi, Canarias o Galicia, pero no creo que difiera mucho de la existente en Catalunya donde al grito de ¡somos federalistas se obliga a callar, frecuentemente, a aquellos compañeros catalanes que tienen la osadía de intentar expresarse en su idioma. Como sucedió en septiembre del 77 con el por entonces secretario regional de prensa de la CNT de Catalunya al cual se le impidió leer su informe de gestión.

Antiguamente, dicen los compañeros «históricos», todos los afiliados podían expresarse en el idioma que creían conveniente y, finalizada su intervención, la mesa hacía un resumen de la misma en castellano. Ahora no. Ahora sucede que si no se habla en español rápidamente surgen murmullos de desaprobación.

Y estas manifestaciones no son una simple cuestión accidental. Son un síntoma más de una situación alarmante: la existencia de una conciencia claramente «españolista» (o«fascioanarquista») dentro de un sector importante de la CNT. ¡Fuerza Nueva para qué, si está la CNT!

el paleoanarquista loco ataca de nuevo

Este «españolismo» de la CNT, a veces latente a veces manifiesto, se refleja claramente en la arcaica terminología según la cual Catalunya, Euskadi, Canarias y Galicia son consideradas regiones de España y no conlunidades naturales que, junto con las del resto de la península puedan llegar a configurar, tal vez, una Confederación Anarquista de pueblos ibéricos tras haber acabado con los actuales Estados (Francia, Portugal y España) que los tienen sometidos.

Pues bien, algo tan sencillo como cambiar dicha terminología resulta poco menos que imposible: a finales del 76, por citar un ejemplo se presentó al Pleno regional de Catalunya la propuesta de eliminar el adjetivo regional (de eliminarlo simplemente, no de sustituirlo por algún otro) a lo que se adujo que ello izo estaba en el orden del día. Al cabo de unos meses, en mayo del 77, se volvió a suscitar la cuestión y se concluyó que ello debía ser debatido en un Congreso. Y en septiembre del mismo año tuvo lugar el incidente ya citado, incidente que tiene tendencia a repetirse en todos cuantos Plenos regionales se celebran.

¡Paradójica situación! Resulta que se han creado «regionales» nuevas respecto a las existentes en el 36 (como las de la Rioja, Cantabria o Murcia), que se han dividido «regionales» antiguas (como la de Levante), que se ha rechazado la alianza sindical» con la UGT, que se ignoran los acuerdos del 36 sobre el «paro», la situación «político-militar» o la «reforma agraria», que nadie repite, por suerte, los trasnochados textos sobre el «concepto confederal del Comunismo Libertario», que, en suma, no queda en pie ninguno de los acuerdos del Congreso del 36 y, todo ello, sin haberse realizado ningún otro Congreso. Pero, ¡eso sí! si se trata de algo tan sencillo como eliminar un simple término, el término regional, entonces sí, ¡entonces hace falta un Congreso!

¡CNT y cierra España!

Como hemos indicado anteriormente no se trata de una simple cuestión «terminológica«, sino de algo mucho más profundo: la existencia de una conciencia netamente «españolista» en muchos de los actuales cenetistas.

Y sin tener esto presente resulta poco menos que imposible entender la denuncia de Askatasuna y su actitud sobre la emancipación de lo que ellos definen como «nación» o «comunidad natural vasca» en oposición a cualquier tipo de Estado «español», «francés» o «vasco».

Porque es evidente que la CNT, bien por la actuación de sus comités, bien por la de sus militantes, o por ambas a la vez, no está dando, precisamente, una expresión de federalismo anarquista sino, por desgracia, una imagen de españolismo fascista: actualmente la CNT no es vasca en Euskadi, catalana en Catalunya, canaria en Canarias a la par que, solidaria simultáneamente de todas las comunidades naturales, sino que es «española» en todo el Estado «español», es decir, en toda «España».

Y es en ese contexto donde hay que enmarcar la denuncia de Askatasima, denuncia que ha de rebasar los estrechos límites de élites y cenáculos para dejar de ser «materia reservada» y convertirse en «materia de debate público», tanto para afiliados como para no afiliados a CNT.

¿abandonar el término nación?

Aunque creemos que tal vez sería mej or incluso abandonar el término nación y sustituirlo por el de pueblo, único medio seguro de obviar el confusionismo que su utilización por todo tipo de grupos y grupúsculos ha provocado; máxime cuando es evidente para cualquier individuo que siempre es el pueblo quien en cualquier parte del mundo se encuentra sometido a una minoría autóctona o extranjera.

Lo importante a considerar, pues, en este debate no son los nombres, ---no los conceptos. Por eso, aun cuando aceptamos casi íntegramente la crítica realizada por Askatasuna, creemos mucho más conveniente prescindir del término nací ón a fin de evitar cualquier riesgo de nacionalismo tanto «españolista» como «catalanista» o «vasquista».

Francesc Boldiú i Martínez.

03.jpg (10854 bytes)CRONICAS DE HISTORIA NATURAL

Tengo un gato del que he aprendido muchas cosas.

Una paciente observación me ha rendido sus maravillosos frutos al cabo de cierto tiempo.

He descubierto que nuestro gato no quiere aprender a hablar y es muy consciente de su decisión -o mejor dicho- se niega a hablar, porque hace mucho tiempo que entiende todo lo que se habla en casa.

Aprender a hablar es algo tan fácil que hasta las crías del Horno Sapiens -especie altamente disminuida en sus aptitudes- lo hacen en un año aproximadamente.

Pues bien, como decía, mi gato se niega a hablar porque sabe que el día que nos dirija la palabra, estará completamente perdido. ---Elsabe que a partir de ese día estará condenado a ir a comprar el periódico o a traer una cajetilla de tabaco.- Bastará que -engallados con la certeza absoluta de su primera palabra pronunciada- nos sirvamos de él para pequeños servicios a cambio de prometerle su comida o negársela.

Nuestro gato no admite más pacto con nosotros que comida y techo a cambio de pasear su elegante silueta donde y cuando le viene en gana. Ese es el pacto que él establece y toda su fuerza reside en su controlado y absoluto mutismo.

El sabe -por su madre y compañeros de barrio- que la mula y el asno la cagaron el día en que se dejaron cargar sobre sus lomos dos sacos de harina, sin emprenderla a saltos y a coces. Sabe que ese día establecieron su pacto vergonzante con los «Sapiens» llevando la peor parte.

También sabe que su prójimo el conejo, si bien no carga nada sobre sus lomos, es consciente de que, a cambio de recibir hierbas y más hierbas, un día terminará irremisiblemente en la cazuela del arroz.

Y a propósito: os voy a contar ésta historia que aprendí hace poco tiempo.

Mi gato oyó contar a su madre que hace tiempo un gato dándose cuenta de que su tamaño y su carne eran cercanas a los del conejo, temió parar también, un día, en la cazuela de los «Sapiens», en su loca carrera hacia la escasez por el despilfarro. - Este gato, asumiendo él solo, por toda su especie, el enorme riesgo que comportaba su decisión, lo jugó todo a una sola carta: una noche se decidió a hablar a su amo, pero no lo hizo en condiciones cualesquiera. Esa noche su dueño bebió
y comió opíparamente; cuando dormía profundamente se acurrucó junto a su cabecera -como tantas otras veces- y utilizó el lenguaje del «Sapiens» por primera y última vez. Le bastó con
repetirle al oído: No me den gato por liebre. Lo repitió hasta diez veces y se calló para siempre, como todos los gatos.

Por la mañana el «Sapiens» al despertarse repitió automáticamente: No me den gato por liebre; lo oyó su barbero; y así la felina frase fue incorporada con estúpido orgullo por los «Sapiens» que usándola como metáfora defensiva acabaron en un estado de civilización tan desarrollado que les daban margarina por mantequilla, Savin por vino y plástico por jamón cocido; pero la especie entera de los gatos conquistó su clara diferenciación con la liebre y la exclusiva salvación de la cazuela, para toda su especie.

Lo único que no toleraban los «Sapiens» -engañados mil veces al díaes que les dieran gato por liebre.

Vosotros me preguntareis que cómo sé yo esta historia y os contestaré que esta historia la sé por mí gato; y no porque él haya conietido la torpeza irremediable de contármela verbalmente (ahora yo ya sé que esto sería muy fácil para él, si fuera tonto).

No, esta historia me la ha contado él con su sabio comportamiento.

Mi gato, aprovechando la lógica implacable con que me han conformado el cerebro junto con su comportamiento, al sentirse pacientemente observado por mí, ha generado en mí la com. presión de que esta historia, no puede ser más que así.

Esta lógica felina que he adquirido» esta inmensa sabiduría, es uno de los frutos que debo a mi gato, uno solo --entre tantos- por el que me siento inmensamente renovado y agradecido.

(Continuará)

MARRAMIAU.

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