La
personalización pública de la imagen confederal (consecuencia inevitable de una
comunicación masificada que necesita estos mecanismos compensatorios en una sociedad
despersonalizada) recayó, por decisión del Pleno de abril, refrendada por los sindicatos
cenetistas, en el compañero Enric Marcos, militante metalúrgico barcelonés. Sus
primeras declaraciones como secretario del Comité Nacional expresan una actitud más
abierta y solidaria de la CNT.
El relevo significa un mayor entronque con las nuevas realidades obreras y
revolucionarias: Juan Gómez Casas, traductor madrileño, historiador esforzado y veterano
de la cárcel franquista, representaba un Secretariado obsesionado por la pureza
histórica en el difícil tránsito de la clandestinidad a la legalización (hasta el
punto de marcar diferencias, contra el propio sentir de la militancia cenetista, con
libertarios autónomos como Agustín Rueda, asesinado por funcionarios en Carabanches).
Este obrero mecánico de un taller autogestionario de reparaciones de automóviles (en el
que trabajan también afiliados a CCOO) representa esa Barcelona proletaria constituida,
una vez más, en baluarte emancipador.
continuidad libertaria
No hay ruptura con las raíces históricas: Enrique,
corno el anterior secretario, procede de aquellos chavales de las Juventudes Libertarías
que, en la crisis revolucionaria de 1936, se incorporaron, apenas unos niños, a los
talleres vaciados de juventud por la guerra, y marcharon luego ellos también a las
trincheras. Afiliado a la CNT cuando entra a trabajar a los catorce años, Marcos fue
voluntario en 1937 a la columna Durruti. Herido al acabar la guerra, conoció la
represión, la cárcel, el exilio y los campos de concentración nazi, como tantos otros.
Forjado por décadas de luca clandestina, bajo, fuerte, con una bondadosa socarronería en
la mirada que apenas esconde una moral a prueba de bombas, militante incansable («el
dinamismo personifícado», le describió el anterior secretario al presentarle a la
prensa), se ha mostrado en sus primeras declaraciones preocupado por la pasividad que
promueve en muchos trabajadores la desilusión ante las traiciones del reformismo
sindical. Quiere impulsar una mayor formación revolucionaria de la joven militancia
cenetista,
Algunos de los objetivos de trabajo que se ha trazado el nuevo Comité Nacioinal
(pendiente de ratificación por los sindicatos confederales), según lo expuesto por
Marcos, serán:
- Una acción más directa en los conflictos sociales, pero desmarcándose del
«petardismo» y la violencia «vanguardista».
- Potenciación de las secciones sindicales confederales y de la unidad asamblearia de los
trabajadores en la empresa, por abajo, frente a los Comités permanentes electoralistas y
los pactos por arriba de las centrales.
- Solidaridad activa con todos los grupos marginados, movimientos ecologistas, feministas
y anti-autoritarios, fortaleciendo vínculos con estudiantes e intelectuales libertarios,
pero afirmando la personalidad obrera y revolucionaria de la CNT, que no se confundirá
con el «pasotismo» ni con las infiltraciones provocadores de origen autoritario o
policíaco.
- Independencia respecto a la FAI del exilio histórico, aunque recogiendo su espíritu
libertario que impregna a la CNT de hoy.
- «Nueva estructura orgánica», que se anuncia actualizada respecto a la de 1936, con
que se ha encuadrado la reorganización confederal, y que deberá decidir un Congreso
cenetista a celebrar en 1979, el cual se preparará con una mayor especialización en
equipos de trabajo, pero sin burocracia de «liberados» profesionales del sindicalismo;
para mantener la autenticidad confederal respecto a los mandatos de la base, los cargos
representativos no son ni serán retribuidos.
Deseamos salud y acierto a los nuevos responsables de coordinar la militancia confederal,
única cuyos acuerdos por sindicatos da sentido, en definitiva, a la acción cenetista.
Una única crítica a esta oleada de esperanzadoras declaraciones con las que Marcos ha
salvado airosamente el primer acoso de la prensa: ¿por qué entrar en la línea de los
«faroles» del sindicalismo electorero, blasonando de 300.000 afiliados? Los datos de las
Regionales apenas totalizan los 200.000, de ellos más de la mitad en Catalunya, lo cual
es una buena razón para que se sitúe allí el Secretariado confederal, pero también una
prueba urgente de las necesidades de federalismo solidario con los núcleos obreros más
escasos de recursos organizativos.
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