Situación laboral en Barcelona
En vísperas de las concentraciones obreras
del 18 de mayo en Barcelona, el Colectivo BICICLETA enviaba este análisis de la creciente
burocratización de un movimiento obrero cuyas instancias sindicales se separan más y
más de las asambleas de fábrica. El descontento generalizado frente a ese proceso y a
sus constantes traiciones de las reivindicaciones de base, encontró expresión
multitudinaria en las manifestaciones de Montjuich y en las huelgas «salvajes» que
escapan al control del dirigismo reformista.
Barcelona viene siendo escenario de conflictos laborales generalizados de ramo. Tras el
transporte de mercancías, comercio de metal Y artes gráficas, el panorama se hizo
cargado al negociarse simultáneamente en metal, construcción, textil, químicas,
enseñanza, sanidad y hostelería.
dos huelgas rotas
Tanto en el desarrollo de huelgas a raíz de estos
convenios, como en la negociación de los mismos, se observa un evidente retroceso de las
posturas asamblearias y de acción directa, en la medida en que avanza el sindicalismo
integrador, domesticado por la burguesía, en su lucha contra las asambleas.
Dos ejemplos significativos: en primer lugar, transporte de mercancías. Más de una
semana de huelga, durísima, con 400 detenidos. Las asambleas generales del ramo decidían
cada día proseguir la huelga, con una muestra de lo que debe ser la unidad obrera. La
comisión negociadora (esto es, las centrales sindicales) tenían que ponerse a la rueda
de lo que decidían las asambleas, en gran medida, porque en este ramo la correlación de
fuerzas no era favorable al sindicalismo de integración, pues la CNT cuenta con una
presencia, si no mayoritaria, sí muy considerable. Sin embargo, cuando UGT y CCOO (junto
con la USO, marginal en el ramo) decidieron romper la huelga «desde arriba», lo
consiguieron, y aunque socialdemócratas y eurocomunistas tuvieron que salir de la última
asamblea escoltados por la policía, ya habían firmado el convenio a espaldas de los
trabajadores.
Otro tanto ocurrió en artes gráficas. Al tercer día de huelga, CCOO llamaba a la vuelta
al trabajo, entre los abucheos de la asamblea del campo de fútbol de la Guincueta. Su
llamamiento fue un absoluto fracaso, ya que la huelga continuó durante una semana más,
al tiempo que cada día aumentaban los afiliados a CCOO que rompían sus carnés
sindicales. La UGT, actuando con más vista, rompió la huelga desde dentro, y al final,
también desde fuera. En plena huelga, dirigentes de CCOO y UGT pactaron con la patronal
en el Gobierno Civil- a espaldas de la asamblea y del comité de huelga, que habían
abandonado. En una situación insostenible, la huelga se rompió.
Contra las asambleas
Estas experiencias han servido de mucho a UGT y CCOO.
Ante la imposibilidad de controlar las asambleas generales de ramo, cambiaron los
mecanismos de decisión ante los convenios de metal, construcción y textil. Quienes
deciden ya no son las asambleas generales de trabajadores, sino las «asambleas» de
delegados, directamente designados en nombre de CCOO y UGT, o bien elegidos en las
últimas elecciones sindicales y, por tanto, vinculados a su aceptación de la legalidad
sindical impuesta por el Estado. Como es sabido, CNT se desmarcó de estas elecciones de
representantes permanentes, no controlados por las asambleas.
CCOO y UGT atacan ahora a las asambleas por «antidemocráticas», por no representar a la
«totalidad de los trabajadores del ramo (como si en las elecciones hubiera votado esa
«totalidad»), y de «coactivas a la hora de votar»: las mismas argumentaciones de la
patronal y del franquismo son ahora utilizadas para desprestigiar cualquier huelga no
controlada por CCOO y UGT. Lo «correcto» para CCOO-UGT es el «cauce legal», o sea, los
delegados, cauce que se va pareciendo cada vez más al del sindicato vertical franquista.
Pero ni siquiera les basta haber privado de poder decisorio a las asambleas generales de
ramo, otorgándoselo a los delegados: CCOO-UGT no las tienen todas consigo, y cuando
pueden, aún llegan más lejos. En el caso del convenio-marco estatal de industrias
químicas, el tapón está ya puesto desde el principio, porque quien negocia es UGT y
CCOO: y nadie más. Argumento: que se ha llegado al acuerdo con la patronal de que sólo
negocien las centrales sindicales que obtuvieron más del 10 por 100 de los votos en las
elecciones. USO pretende participar alegando un 13 por 100, UGT-CCOO se niegan,
atribuyéndole sólo un 5,6 por 100. La utilización de cifras adquiere un carácter
represivo, apareciendo así el verdadero rostro de las elecciones sindicales.
La verdad es que el movimiento asambleario, la CNT y las organizaciones de la izquierda
obrera -quizá por su influencia aún limitada en las fábricas-, no están sabiendo
responder a la situación de control por el sindicalismo de integración y de la izquierda
parlamentaria, al menos en Catalunya.
Aunque el tiempo parece jugar a favor de las asambleas, en la medida en que aumenta su
incidencia real en la fábrica y la organización de la CNT y otras fuerzas de la
izquierda obrera (aumento lento, pero innegable), y sobre todo en que los trabajadores van
conociendo al sindicalismo burocrático, siendo cada día más frecuente la figura de
obreros que rompen su carné de afiliación a CCOO y UGT, hoy por hoy el control del
sindicalismo reformista paraliza al movimiento obrero e impide su ruptura con el
capitalismo.
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