Los
comandos del amor nacen en París a mediados del pasado año. Sus acciones consisten en
hacer el amor en público en lugares escogidos de antemano y seleccionado en función de
impacto social y publicitario. Estos guerreros del amor, que no llegan al centenar, tienen
la intención de organizar una operación simultánea de actos de amor en público en
Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, España y Estados Unidos. Luchan por el orden moral
como organización de la diferencia moral. A una moral sin Pecado le debe suceder una
moral sin ley.
Luchamos por una moral fuerte, por una moral independiente, por una moral rica en
principios diferentes, por una moral autónoma. Luchamos por el orden moral. Luchamos por
el poder moral en lugar del poder legal. Luchamos por la moral al poder.
No somos ni marginados ni desapatados, somos realistas e idealistas. No somos víctimas de
esta sociedad. No somos incapaces de aceptar esta sociedad ni incapaces de transformarla.
La no aceptación de esta sociedad constituye, para nosotros, un falso punto de partida.
Pertenecemos espiritualmente a la sociedad natural, estamos totalmente seducidos por lo
natural. No estamos adaptados al mundo, no estamos ni adaptados ni inadaptados a una
sociedad determinada. Pero somos conscientes que es peligroso jugar con personas que no
saben jugar, aunque aceptamos estos riesgos. Creemos en el juego. Vivir, para nosotros, es
jugar. Respetamos a todos los adversarios, sea cual sea la forma por la cual expresen su
oposición. No somos enemigos de nadie, pero somos los adversarios de todos nuestros
contemporáneos. Queremos jugar con todos.
una lucha lúdica
Creemos en la realización de la sociedad auténtica.
Remontar el obstáculo que representa esta sociedad no es más que un juego. No creemos en
un destino del hombre diferente al de la naturaleza. El hombre es natural, ni más ni
menos. El hombre no tiene destino. La actitud lúdica es la única actitud verdadera.
El juego de la guerra del amor es el único juego verdadero. Estamos dispuestos a morir en
todo momento; por eso aceptamos naturalmente el riesgo de enfermedad o accidente. Queremos
jugar con nuestros adversarios el juego de la guerra del amor; como somos adversarios
lúdicos, nuestra lucha es una lucha lúdica.
Para nosotros, la moral no puede ser dictatorial en sí misma. La moral se comunica, no se
impone. Imponer una moral determinada es independiente de la moral en sí misma. Decretar
una ley sobre la base de un .principio moral determinado es ejercer una actividad exterior
a la moral. En el caso de la dictadura, ya sea religiosa o legal, se inspira y se apoya
sobre una sola moral. La opresión no es más que una moral impuesta por unos dictadores.
Consideramos la moral oficial como la auténtica expresión del orden totalitario. La ley
organiza socialmente el amor imponiendo la clandestinidad para todo acto de amor.
el acto de amor en público
Nos amarnos en la calle, en los restaurantes, en las
fábricas, en las iglesias, en los parques, en todos aquellos lugares donde hay gente. La
operación la realizamos en comandos más o menos numerosos. Queremos comunicar a los
demás nuestra concepción de la democracia, para que tomen conciencia de la necesidad de
la separación entre el Estado y la Moral, de lo no intervención del Estado en el amor.
Invitamos a los desconocidos por la calle a hacer el amor con nosotros. De esta manera
luchamos por la fraternidad sexual, que es para nosotros el fundamento de toda
fraternidad.
Toda dictadura está inspirada por la ignorancia de la naturaleza del hombre y sostenida
por la ignorancia de lo que pasa en la realidad, Admitimos la intimidad, pero no admitimos
el secreto de la intimidad ni las leyes que protegen ese secreto.
Pensamos que la guerra del amor debe ser una guerra democrática, asumida por el pueblo,
sin organización centralizada y sin jefe único.
Si estáis interesados en recibir más información, ya que aquí sólo hemos podido
recoger extractos del Manifiesto, podéis escribir a:
ANDRES MEDIAVILLA
B. P. 10
75261 Paris-Cédex 06
Inicial - Índice |