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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 6 Mayo 1978

La feria de los asnos

Desde la Edad Media se renueva periódicamente la feria de los asnos.

Atados a las barras del ferial, o todavía, a las cuerdas tendidas entre los árboles de la plaza del pueblo, los asnos esperan, la mayor parte sin impacientarse, un destino nuevo que no cambiará su situación.

Para unos el cabestro es la medida de una independencia aceptada e indiscutida. Para otros, vivaces, impacientes y nerviosos, es el lazo maldito del cual no logran deshacerse. A pesar de sus gesticulaciones, sus espantadas, sus coces, les vale muchas veces un suplemento de pienso con el que se piensa que se les va a calmar...

Observad la otra feria de los asnos con sus inmensas fábricas, sus grandes canteras y la multitud de trabajadores atados a la cadena, pegados a las máquinas y cronometrados sin piedad...

¡Mirad todos esos asnos de las fábricas, de los tajos y de los campos; es la imagen de la feria! Algunos resignados: el salario les parece eterno como su fatiga... cuando miran a sus compañeros más nerviosos, protestones y rebeldes, no se impresionan mucho... ¿Qué quieren los otros que reivindican siempre? ¡Un aumento de salario, un poco más de heno y avena, el mínimo vital! Con la satisfacción pasajera, ¡y qué satisfacción!, que sienten sus amos que se aseguran la tranquilidad que les permitirá seguir desarrollando su potencia.

¡Las riendas reforzadas! El salario mínimo asegura el desarrollo de un capital floreciente. ¡Hay que ser un asno para no comprenderlo!

¿Creéis que un asno de cualquier sindicato, ya sea escisionista, azul, blanco, rojo o/y negro puede comprender algo de la evolución capitalista? ¡No, como cualquier sindicato actual o futuro!

La feria es periódica. Los asnos siempre estarán atados por las riendas, las riendas del amo, el amo del pienso y del salario...

las armas: razón última

Lo que retrasa la distribución gratuita de las riquezas ¡es la fabricación de armamentos!

Imaginemos que esta fabricación sea interrumpida; ¿qué ocurriría?

1.º Habría un excedente de mano de obra a nivel mundial, algo así como unos 40 millones de obreros que se encontrarían sin empleo, y un número equivalente que tendría un empleo parcial. La mayor parte de las grandes industrias están interesadas en la fabricación de armamentos.

2.º Una liberación de los efectivos militares. Los antiguos soldados, por millones aumentarían el número de parados.

3.º Una transformación de la maquinaria industrial militar, que pasaría a engrosar la producción civil.

Se produciría a la vez un crecimiento del paro y de los medios útiles de producción. El resultado sería un hundimiento del poder adquisitivo y una crisis en la venta.

Sería una crisis social mundial en la que el salario se convertiría en un valor fugaz y el beneficio un elemento inconstante.

Es, pues, evidente que el sistema capitalista sólo puede prolongar su existencia a través de la producción inútil y peligrosa de armamentos. No tiene otra alternativa. Esta o su destrucción.

Las deudas de los Estados aumentan, la guerra crea condiciones nuevas y ventajosas para los unos, mientras que la ruina de los otros favorece sus finanzas. ¡El hombre sufre todos los males, todos los tormentos de la destrucción, pero los Estados permanecen! Bajo su protección y su administración, el Capital renace. Los mercados se reaniman, el paro desaparece o disminuye. De nuevo se pueden distribuir salarios y retirar beneficios.

En un mundo en ruinas, nuevas alianzas preparan nuevas guerras. Nuevas industrias preparan nuevos armamentos. Es una obligación para el sistema. Esto o desaparecer...

En enero de 1950, vemos cómo América, Inglaterra y Suecia aumentan sus fabricaciones de armamento. R u s i a también. Suiza aparece COMO Un nuevo rival. Canadá y Australia también.

¡Todos estos países gozan de una prosperidad industrial gracias a las exportaciones de armas, que venden al primero que llega... ! El beneficio no guarda rencor, no teme a ningún mercado...

El asalariado no tiene memoria, con su egoísmo estrecho y rnezquino sacrifica, sin pensarlo, su futuro a la ganancia inmediata...

La ley del sistema capitalista moderno es la fabricación de armamentos; gracias a ella se pueden renovar los salarios y los beneficios.

Las necesidades de esta fabricación crean tales cargas y contradicciones que para liberarse de las unas y abolir las otras la guerra se convierte en una necesidad, por muy odiosa que sea. El sistema capitalista no puede escapar a esta fatalidad económica... ¡0, entonces, tendría que aceptar la escasez de ventas, así como la distribución gratuita de las riquezas... Es decir: suicidarse!

Prefiere el riesgo de la guerra, sus peligros, sus esperanzas. Puede reventar, pero también puede sobrevivir... Refuerza su determinación el consentimiento estúpido de millones de asalariados, subyugados a sus salarios como los asnos lo están a sus beneficios, atados por el cabestro como los asnos...

GASTON BRITEL (*)

Texto reproducido del libro del mismo título editado por Campo Abierto.

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