Desde
la Edad Media se renueva periódicamente la feria de los asnos.
Atados a las barras del ferial, o todavía, a las cuerdas tendidas entre los árboles de
la plaza del pueblo, los asnos esperan, la mayor parte sin impacientarse, un destino nuevo
que no cambiará su situación.
Para unos el cabestro es la medida de una independencia aceptada e indiscutida. Para
otros, vivaces, impacientes y nerviosos, es el lazo maldito del cual no logran deshacerse.
A pesar de sus gesticulaciones, sus espantadas, sus coces, les vale muchas veces un
suplemento de pienso con el que se piensa que se les va a calmar...
Observad la otra feria de los asnos con sus inmensas fábricas, sus grandes canteras y la
multitud de trabajadores atados a la cadena, pegados a las máquinas y cronometrados sin
piedad...
¡Mirad todos esos asnos de las fábricas, de los tajos y de los campos; es la imagen de
la feria! Algunos resignados: el salario les parece eterno como su fatiga... cuando miran
a sus compañeros más nerviosos, protestones y rebeldes, no se impresionan mucho...
¿Qué quieren los otros que reivindican siempre? ¡Un aumento de salario, un poco más de
heno y avena, el mínimo vital! Con la satisfacción pasajera, ¡y qué satisfacción!,
que sienten sus amos que se aseguran la tranquilidad que les permitirá seguir
desarrollando su potencia.
¡Las riendas reforzadas! El salario mínimo asegura el desarrollo de un capital
floreciente. ¡Hay que ser un asno para no comprenderlo!
¿Creéis que un asno de cualquier sindicato, ya sea escisionista, azul, blanco, rojo o/y
negro puede comprender algo de la evolución capitalista? ¡No, como cualquier sindicato
actual o futuro!
La feria es periódica. Los asnos siempre estarán atados por las riendas, las riendas del
amo, el amo del pienso y del salario...
las armas: razón última
Lo que retrasa la distribución gratuita de las
riquezas ¡es la fabricación de armamentos!
Imaginemos que esta fabricación sea interrumpida; ¿qué ocurriría?
1.º Habría un excedente de mano de obra a nivel mundial, algo así como unos 40 millones
de obreros que se encontrarían sin empleo, y un número equivalente que tendría un
empleo parcial. La mayor parte de las grandes industrias están interesadas en la
fabricación de armamentos.
2.º Una liberación de los efectivos militares. Los antiguos soldados, por millones
aumentarían el número de parados.
3.º Una transformación de la maquinaria industrial militar, que pasaría a engrosar la
producción civil.
Se produciría a la vez un crecimiento del paro y de los medios útiles de producción. El
resultado sería un hundimiento del poder adquisitivo y una crisis en la venta.
Sería una crisis social mundial en la que el salario se convertiría en un valor fugaz y
el beneficio un elemento inconstante.
Es, pues, evidente que el sistema capitalista sólo puede prolongar su existencia a
través de la producción inútil y peligrosa de armamentos. No tiene otra alternativa.
Esta o su destrucción.
Las deudas de los Estados aumentan, la guerra crea condiciones nuevas y ventajosas para
los unos, mientras que la ruina de los otros favorece sus finanzas. ¡El hombre sufre
todos los males, todos los tormentos de la destrucción, pero los Estados permanecen! Bajo
su protección y su administración, el Capital renace. Los mercados se reaniman, el paro
desaparece o disminuye. De nuevo se pueden distribuir salarios y retirar beneficios.
En un mundo en ruinas, nuevas alianzas preparan nuevas guerras. Nuevas industrias preparan
nuevos armamentos. Es una obligación para el sistema. Esto o desaparecer...
En enero de 1950, vemos cómo América, Inglaterra y Suecia aumentan sus fabricaciones de
armamento. R u s i a también. Suiza aparece COMO Un nuevo rival. Canadá y Australia
también.
¡Todos estos países gozan de una prosperidad industrial gracias a las exportaciones de
armas, que venden al primero que llega... ! El beneficio no guarda rencor, no teme a
ningún mercado...
El asalariado no tiene memoria, con su egoísmo estrecho y rnezquino sacrifica, sin
pensarlo, su futuro a la ganancia inmediata...
La ley del sistema capitalista moderno es la fabricación de armamentos; gracias a ella se
pueden renovar los salarios y los beneficios.
Las necesidades de esta fabricación crean tales cargas y contradicciones que para
liberarse de las unas y abolir las otras la guerra se convierte en una necesidad, por muy
odiosa que sea. El sistema capitalista no puede escapar a esta fatalidad económica...
¡0, entonces, tendría que aceptar la escasez de ventas, así como la distribución
gratuita de las riquezas... Es decir: suicidarse!
Prefiere el riesgo de la guerra, sus peligros, sus esperanzas. Puede reventar, pero
también puede sobrevivir... Refuerza su determinación el consentimiento estúpido de
millones de asalariados, subyugados a sus salarios como los asnos lo están a sus
beneficios, atados por el cabestro como los asnos...
GASTON BRITEL (*)
Texto reproducido del libro del mismo título editado por Campo Abierto.
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