Cambiarán todo para que todo siga igual, pero nadie se va a llevar las
calles. Y la calle ha sido durante estos últimos diez años la protagonista del Primero
de Mayo en la lucha de un pueblo obrero contra la opresión. Las paredes han sido
legalizadas con carteles de colorines y ahora las pintadas duran más tiempo, pero la
calle, porque conoce y ama las voces de la clase trabajadora, sigue siendo ¡legal. La
cronología de diez años de Primeros de Mayo revela que los pretendidos cambios
políticos enmascaran la represión contra la protesta de los oprimidos.
bajo la dictadura del capital
1968: Según lo acostumbrado, los últimos días del
mes de abril se dedican a detener a cientos de luchadores antifacistas en las principales
ciudades. De esta manera celebraba el dictador su uno de mayo. Estas medidas preventivas
para silenciar la participación callejera, no impidieron que en Madrid actuaran grupos de
comandos por doquier, y que en varias ciudades se realizaran manifestaciones obreras
violentamente reprimidas. El 2 de mayo varios millares de personas se concentraron en la
madrileña Puerta del Sol, ante la Dirección General de Seguridad, abarrotada de
detenidos. La policía actuó de nuevo, pero no pudo evitar que resonara la voz del pueblo
en la calle.
1969: La policía retiró banderas y carteles de los barrios obreros madrileños. Los
manifestantes lanzan al aire fuertes gritos por la amnistía general. En Bilbao, Barcelona
y otras ciudades se paraliza el tráfico, y la policía, tras el estado de excepción en
todo el país y con la renovada Ley antiterrorista en vigor, no puede impedir que comandos
de rápida actuación callejera -un salto al medio de la calle, unos gritos, una marcha, a
veces una breve barricada de coches, sillas o bancos para retrasar la inevitable llegada
de la policía, y el riesgo de la detención, la paliza, el proceso, el despido, todo por
un efímero vocerío de libertadactúen en las calles. Al finalizar la jornada los
detenidos son oficialmente medio centenar.
1970: El 23 de abril comienzan las muchísimas detenciones «previsoras», 12.000 obreros
van a la huelga en Madrid, Valladolid, Málaga, Sevilla, Galicia, Asturias y el País
Vasco el 30 de abril: la minoría dispuesta a todo. Al día siguiente hay manifestaciones
callejeras por todo el país. Fuerte movilización policíaca y elevadísimo número de
detenciones. Varios militantes de CNT son detenidos en algunas ciudades, interrogados por
la policía y trasladados a las cárceles.
1971: Año más tranquilo para la policía: están levantados varios artículos del Fuero
de los Españoles y hay divisiones en los grupos obreros clandestinos. Todo es
consecuencia del gran proceso militar contra ETA en Burgos, y de que las cosas se van
radicalizando tras las movilizaciones p pulares en Euskadi, hay grupos disp estos a luchar
hasta el fin contra la opresión. y grupos que ya se ve claro que no se enfrentarán con
el Ejército y prefieren un pacto con la oligarquía para preparar la sucesión de Franco.
Los breves intentos de manifestación en Madrid, Euskadi y otros lugares son disueltos a
tiros.
1972: Treinta policías heridos en enfrentamientos en Barcelona a fines de abril, cuando
el paseo de Gracia es tomado por una manifestación de estudiantes y obreros, que arrojó
cócteles contra vehículos policiales y algunos bancos. Franco refuerza intensamente a la
policía, pero los saltos a la calle y los gritos de libertad siguieron produciéndose en
muchas ciudades.
1973: Las agresiones a militantes obreros son continuas Y salvajes. Un subinspector de la
policía cae muerto el 1 de mayo en un enfrentamiento producido al reprimir una
manifestación cerca de Antón Martín, en Madrid. En todas las ciudades industriales
grupos de obreros salen a la calle, una vez más por sus derechos y libertades. En el
País Vasco los enfrentamientos llevan consigo tiroteos. La televisión sigue ocultando lo
que sucede. Sin embargo, el número de detenciones fue muy numeroso.
1974: La prensa legal de la Dictadura califica corno «incidentes» las manifestaciones en
Madrid, Valladolid, Barcelona, San Sebastíán y Bilbao el 1 de mayo. El día 2, un
explosivo estalla en el edificio central de los Sindicatos Verticales.
A principios de este año se había juzgado a los compañeros anarquistas Salvador Puig
Antich y María Angustias Mateos Fernández, y el primero fue ejecutado a garrote vil por
el general Franco y el gobierno Arias. El terrorismo estatal iba en aumento. El 2 de mayo
es secuestrado el director del Banco de Bilbao en París. El hecho es atribuido a las
organizaciones libertarias Movimiento Ibérico de Liberación (MIL, al que perteneciera
Puig Antich) y Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalistas (GARI). Unos días más
tarde, el Estado juzga a otros compañeros del MIL, José Oriol Solé Sugranyes y José
Luis Pons Llobet, para los que pide el fiscal ochenta y cinco años de cárcel por
«terrorismo».
1975: El 27 de abril el gobierno decreta tres meses de estado de excepción para Euskadi.
El día 29 se celebra otro juicio contra los militantes libertarios de la Organizaciò de
Lluita Armada (OLLA). El día 30 se produce un tiroteo en Santa Coloma de Gramanet, y en
las ciudades (especialmente Madrid, Barcelona y el País Vasco) vuelven a resonar los
gritos de manifestantes obreros. El uno de mayo, un trabajador es asesinado en Vigo por
las balas policíacas en el transcurso de una manifestación. Mientras tanto, en Madrid,
un artefacto estalla en las proximidades del estadio Bernabéu, cuando el dictador, ya
caduco, pero aún dispuesto a ejecutar luchadores por la libertad, quería hacer ver al
pueblo la «paz y armonía» de la última de sus «demostraciones sindicales». Alrededor
de cien luchadores son detenidos sólo en Madrid.
Comienza la «democraiía» del capital
1976:Hubo ya intentos de unidad de acción, pero el
Gobierno Arias, confirmado por el nuevo Monarca, prohibe las manifestaciones obreras del 1
de mayo. Hay una huelga de la construcción en todo el país, una huelga del Metal en
Cataluña, y en estas fechas de lucha paran gran número de fábricas y centros de
trabajo. En todas las ciudades grandes hubo «íncidentes»: en Madrid, unos veinte mil
manifestantes salen a la calle, y en Atocha se producen fuertes cargas y disparos
policiales. En Valencia hubo miles de manifestantes. En Barcelona se producen gran número
de saltos, llegándose a concentrar miles de personas en las Ramblas. Por contraste,
Tarrasa fue la única población a la que legalizaron los actos del 1 de mayo,
concentrándose miles de personas en el parque de Vallparadis, sin que el Estado creara
«incidentes». CNT convocó sus propias manifestaciones, por no aprobar la politización
de la jornada obrera y los «matices pacíficos y festivos» que pretendían las centrales
reformistas, aunque en general las concentraciones fueron unitarias. En todo el país hubo
unos 1.693 detenidos -411 en Madrid, 400 en Cataluña, 262 en Euskadi, 115 en Andalucía,
85 en Galicia, 50 en Valencia, 20 en Aragón, y más de 300 en el resto del país- Las
multas impuestas se aproximaban a varios millones de pesetas. Se prohibieron setenta y
tres actos, conferencias, manifestaciones, etcétera. En Vitoria se descubrió una lápida
a los obreros muertos por la policía dos meses antes. Los despliegues policiales asolaban
el país, pero aun así, la combatividad de los manifestantes fue quizá la mayor de estos
cuarenta años: la muerte del Dictador fue un alivio psicológico, el recuerdo de la
derrota obrera en la guerra civil y la despiadada represión de postguerra fue durante
tantas décadas la mejor arma del terrorismo estatal.
1977: El mismo día que CCOO, UGT, USO y otros sindicatos son legalizados por el Gobierno
(28 de abril), se prohíben por el Gobierno los actos del 1 de mayo. Pero los pactos de
los sindicatos reformistas han empezado a ver la luz, y las conversaciones del Gobernador
con dirigentes de las «tres centrales » no tardan en dar fruto: tortillas en la Casa de
Campo madrileña, y «corritos de la patata» para Comisiones, que en esta etapa de
«eurosuarecísmo» quiere olvidar el carácter combativo de la jornada. UGT, USO s, otras
organizaciones políticas más que sindicales, convocan en el campo de fútbol de
Vallecas, con «servicios de orden» y «consignas» que no evitan la represión policial.
CNT convoca en solitario en Madrid y otros lugares: la madrileña plaza de Quevedo y sus
alrededores vieron enfrentarse violentamente a los anarcosindicalistas y a la policía,
esa misma policía instrumento del terror franquista, pero esta vez hay ya barricadas y
banderas rojinegras en las calles del Primero de Mayo obrero. En Barcelona los libertarios
decoran con banderas rojinegras los vagones del «Metro» y los detienen en mítines
improvisados. Durante todo el día, en Madrid y casi todas las ciudades del país en que
fueron prohibidos los actos obreros, hubo saltos y brutalidad policíaca, al lanzar las
autoridades -por lo general, las mismas del franquismo- a sus esbirros uniformados o
«incontrolados» contra los trabajadores. Sólo en Zaragoza, Eibar y otras localidades
donde la autoridad fue más flexible y autorizó los actos, hubo absoluta serenidad y
ambiente de unidad obrera. En Madrid, la histérica violencia policíaca se prolongó esa
noche y al día siguiente en las fiestas populares del barrio de Malasaña. Los treinta
detenidos, tratados brutalmente por la policía, eran preferentemente libertarios,
1978: una página de la historia que los compañeros escribirán, una vez más, en la
calle, por la emancipación obrera.
¿ qué ha cambiado?
Después de estos diez años de lucha e los
trabajadores para que la calle sea de todos, como símbolo vivo de ¡a protesta de las
mayorías explotadas y oprimidas frente a las minorías explotadoras y opresoras,
encontramos a un Martín Villa, continuador de Alonso Vega, Arias Navarro o el Fraga de
«la calle es mía», al frente de la policía franquista que reprimió un Primero de Mayo
tras otro.
A primera vista, la situación de los trabajadores ha experimentado, sin embargo, algún
cambio de esta década de Primeros de Mayo de lucha: antes, cualquier organización
obrera, salvo las controladas por el falangismo oficial o por la Iglesia, estaba en la
más completa ilegalidad. Toda manifestación de protesta contra el capitalismo en esta
fecha era brutalmente reprimida por el Estado dictatorial. Ahora, el dictador ha muerto,
estamos en plena crisis capitalista, y los gobernantes, tras dos años de cuidadosas
transiciones y pactos, han legalizado las organizaciones obreras. Pero la protesta
anticapitalista sigue teniendo enfrente al poder: la patronal, la Constitución, la
policía, y lo que es peor, los partidos y sindicatos reformistas. Todos nos advierten,
unos por las buenas y otros por las malas, que la «economía de mercado» (o sea, el
derecho de los poderosos a expl¿tar a otros apropiándose, como una «mercancía» más,
de su trabajo) es sagrada e intocable. Y que, como está en crisis la pobre, debemos
compadecerla y sacrificarnos para que vuelva a engordar aún más.
Contra ese capitalismo explotador se manifestaron los luchadores obreros a lo largo de
estos diez años. Pero antes todos coincidíamos en la protesta contra la Dictadura: en
vísperas y en fechas posteriores al Primero de Mayo, las cárceles del país se
abarrotaban y en las mismas comisarías se organizaban celdas de retención donde
convivíamos libertarios, socialistas, comunistas y luchadores autónomos. Ahora, los que
pasamos por comisaría somos sólo los « irresponsables », «desestabilizadores de la
democracia del señor Martín Villa», ácratas, izquierdistas, separatistas y demás
ralea «marginal».
Austeridad y sacrificio, ¿para que.
Las pastorales y homilías del monseñor de
turno, las proclamas y manifiestos de las Hermandades católicas y Secretariados
Diocesanos de Pastoral Obrera, han sido sustituidos por los discursos de las burocracias
marxistas. Ambas prometen el paraíso futuro a cambio de la austeridad, el sacrificio y la
resignación presentes. Antes como ahora, policías y predicadores pretenden que el
Primero de Mayo sea fecha de júbilo por nuestra condición de explotados. Antes se nos
prometía el reino de los cielos. Ahora, el gobierno de concentración o las alternativas
de poder.
Hace sólo tres años, el Primero de Mayo de 1975 se celebraba el estado de excepción en
Euskadi (como lo había sido ocho años atrás, cuando la huelga de Bandas) y los
torturadores tenían carta blanca. En 1978, con esos mismos funcionarios en nómina pagada
por todos los contribuyentes, se preparan ya las leyes «antiterroristas» para mantener
la « excepcional ¡dad » de toda protesta contra las reglas del juego explotador.
«Subversivos» ayer, «terroristas» hoy, «dementes» mañana, todos los que se levantan
contra la opresión capitalista y burocrática en esta jornada del Primero de Mayo tienen
en su contra el aparto implacable del Estado. Mientras no echemos abajo esa maquinaria
represiva, seremos siempre una minoría que pedalea en la cuneta, mientras las masas
aborregadas consumen gasolina en los embotellamientos asfaltados, tranquilizados de sus
temores y su cansancio por la alienación de turno: su sacrificio es recompensado con pan
y televisión.
Medallas del mérito a la alienación
Ayer, con el fascismo, era la Demostración sindical,
las medallas al Mérito en el Trabajo, la retransmisión de interminables corridas de
toros, partidos de fútbol y otros magnos acontecimientos deportivos. Hoy, con el
parlamentarismo, los padres de la patria nos obsequian con floridas oratorias y más
medallas al Mérito en el Trabajo, y presiden nuestros desfiles procesionarios, con
altavoces, consignas y servicios de orden, pretendiendo apropiarse del-Primero de Mayo
obrero. Quizá manana, desfiles militares con «missiles» de cabeza nuclear y nuevas
medallas al Mérito en el Trabajo, con brillantes competiciones deportivas y sonrisas del
Camarada Presidente, impresionarán a los súbditos del flamante socialismo estatalizador.
Pero la explotación del trabajo asalariado en beneficio de unas élites, militares,
empresariales o burocráticas, será la alienante realidad que esos festivos, prostituidos
Primeros de Mayo tratarán de ocultar. El «mérito» del trabajador consiste, para todos
los explotadores, en dejarse explotar.
Nosotros recordamos en esta fecha a todos los trabajadores que en la calle lucharon por la
libertad y el auténtico socialismo, y especialmente a los compañeros libertarios y
confederales que en los Primeros de Mayo levantaban bajo la dictadura la bandera negra de
la insumisión contra el capitalismo explotador. Recordamos también que hace diez años,
en el Mayo francés, millones de trabajadores levantaban barricadas y ocupaban fábricas,
demostrando al mundo que la civilización del consumo ha adormecido pero no ha podido
destruir la conciencia rebelde de los explotados, y que el tinglado capitalista tiene un
talón de Aquiles: la acción solidaria de las multitudes obreras.
Todos sabíamos que la dictadura franquista era el brazo armado del capital. Pero ni las
instrucciones represivas de Arias Navarro ante el Primero de Mayo de hace dos años, ni el
«espíritu festivo» con que los partidos electoralistas pretendían celebrar el Primero
de Mayo de 1977, pasarán a la historia del movimiento obrero en lucha por una sociedad
sin explotadores ni explotados.
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