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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 6 Mayo 1978

1er día de un nuevo mayo

La historia del Primero de Mayo es la historia del movimiento obrero mismo, en sus corrientes más profundas, en sus esperanzas más sentidas, en sus luchas más combativas. Es una historia viva porque la hace cada generación. Y la nuestra tiene que hacer su propi . o Primero de Mayo.

En 1884, sindicatos obreros de Estados Unidos y Canadá, reunidos en el Congreso de Chicago, decidieron que el Primero de Mayo de 1886 sería una fecha de lucha generalizada por la jornada de ocho horas. La reivindicación de aquel primer sindicalismo americano, nutrido de inmigrantes europeos, víctimas y al mismo tiempo agentes del nuevo imperialismo, inconscientes peones del genocidio industrial contra el aborigen, era: «Ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas de educación.»

En los primeros meses de 1886, cientos de miles de trabajadores norteamericanos participaron en huelgas, algunas victoriosas, por la jornada de ocho horas. El 1º de mayo, la policía dispara contra una muchedumbre desarmada ante la fábrica Mac Cormick, de Chicago, donde se trabajan catorce horas, de cuatro de la mañana a ocho de la tarde. Hay numerosos obreros muertos. Cuatro días después, en la plaza de Haymarket, de la misma ciudad, tras otra carga policial contra un mitin sindical, estalla una bomba entre los policías. La gran prensa burguesa se indigna ante el atentado, que atribuye a los «agitadores anarquistas». Consigue así volver la opinión pública contra las organizaciones obreras y la campaña por las ocho horas.

Hay muchos detenidos en los medios sindicalistas y anarquistas. Sin ninguna prueba de su responsabilidad en los hechos, los obreros ácratas Parsons, Fischer, Engel y Spiess fueron ahorcados en 1887. Lingg se suicidó en prisión. Otros son condenados a cadena perpetua. Siete años después, una revisión del proceso probaría la inocencia de los condenados.

una jornada por la revolución

La American Federation of Labour, en su congreso de 1888, en Saint-Louis, proclama el Lo de Mayo de 1890 como jornada de lucha por las ocho horas en homenaje a los mártires de Chicago. El Congreso Obrero de París de 1889 adopta la fecha del primero de mayo como «una gran manifestación internacional por la jornada de ocho horas», y la decisión es rápidamente hecha suya por generaciones de trabajadores del mundo entero, que irán ampliando su sentido a las reivindicaciones emancipadoras del movimiento obrero.

En nuestro país, desde el 1.0 de mayo de 1890, se han producido huelgas y manifestaciones reivindicando la jornada de ocho horas que han ido forjando la conciencia sindicalista en el proletariado español, así como su característica actitud anti-autoritaria que encarnaría en la CNT. Medio siglo después del primer 1 de mayo, cuando el secretario del comité nacional de la CNT se levanta para declarar abierto el Congreso Confederal de Zaragoza (forjador de los principios del comunismo libertario y último realizado por la organización hasta la fecha), advertía aquel históric o Lo de Mayo de 1936: «El primero de mayo en que tuvieron lugar los luctuosos sucesos de Chicago es el mismo de la huelga general revolucionaria que se ha incorporado como táctica en los medios de lucha del proletariado.»

En efecto, el Primero de Mayo legado por las tradiciones de lucha obrera no es una folklórica fiesta campera utilizable para recaudar votos o afiliados y rifar «Seat» a los asistentes; ni es tampoco una exhibición de poder con tanques y missiles al estilo soviético; ni, desde luego, las fantochadas religiosas ,o fascistas organizadas en el Bernabéu bajo la advocación del «José Artesano»; ni siquiera una manifestación de duelo solidaria con aquellos trabajadores trágicamente asesinados en Chicago por el Estado. Para la tradición del sindicalismo revolucionario, el Primero de Mayo es una reafirmación de la voluntad de acabar con la explotación capitalista y la opresión autoritaria, y de instaurar una nueva sociedad libre y justa, en la que las colectividades del comunismo libertario florezcan como lo hicieron efímeramente en las viejas tierras ibéricas según la inspiración de aquel Congreso de Zaragoza.

trabajar, trabajar, ¿y para qué?

Este Primero de Mayo de 1978, el largo y sangrante camino de combates obreros por la emancipación social, está abierto a la reflexión sobre algunas de las más tradicionales bases del propio sindicalismo, como es la exaltación del trabajo como instrumento emancipador. La perpetuación de nuestra condición de asalariados a través de luchas estrictamente laborales y económicas no nos liberará de la expoliación de nuestro trabajo por los propietarios de los medios de producción y distribución. Sólo la lucha directa contra la explotación misma, contra todas sus leyes protectoras del sacrosanto «derecho» a explotar el trabajo ajeno, sólo la lucha por un mundo sin cerrojos, nóminas, fronteras, alambres de espino, tanques ni cajas fuertes, un mundo sin capitalismo ni estados, sin burocracias permanentes ni empresarios del sudor de los demás, emancipará a los trabajadores de la maldición productivista que de la Biblia a los talmudes marxistas han arrojado sobre nosotros los viejos o nuevos amos.

Hoy como hace un siglo, el Lo de mayo es una afirmación del derecho .a vivir como seres humanos, nacidos libres, pero todavía encadenados al banco de la galera asalariada, deshumanizados por doquier. El primero de mayo es la primera fecha simbólica de un nuevo calendario de la esperanza y de la lucha por una sociedad a la medida del hombre y no del capital.

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