Una prisión "escaparate" para el Cono Sur
El presente trabajo ha sido realizado por sicólogas detenidas en
la Unidad Carcelaria n. º 2 de Villa Devoto, cárcel «escaparate» de la Dictadura
Militar Argentina. Se trata de una descripción exacta de la problemática sicológica
observada en las presas políticas de Villa Devoto, derivada de la violencia cotidiana a
que se ven sometidas. Las formas sutiles de represión empleadas por los militares
argentinos, a diferencia de la tortura y el fusilamiento de los campos de concentración,
implican una violación sistemática de los derechos humanos.
«Somos 1.200 mujeres de todo el país y de
todas las edades, desde los 16 hasta los 70 años. Debido a la represión masiva e
indiscriminada, las cárceles se ven pobladas a partir del golpe de estado, y aún antes,
con una población penal heterogénea.
Se detiene, tortura y encarcela por cualquier razón. Personas que por ser familiares de
militantes, transeúntes, amigos, vecinos, empleados, cte., son detenidos. Esto determina
que en la cárcel haya detenidos con diferentes niveles de conciencia y comprensión de la
realidad que les toca vivir.»
Exigencias de la realidad
Existe una violencia sistemática y cotidiana a base
de requisas periódicas vejatorías, visitas a través de un locutorio de vidrio, tenencia
de los hijos sólo hasta los seis meses de edad, etc. Las cartas son abiertas, escritas en
idioma castellano y sólo a familiares directos; una sola hora de recreo, prohibición de
reír, cantar, silbar, trabajos manuales, sanciones por cualquier motivo, celdas de
castigo, hacinamiento, carencia de condiciones de higiene, letrinas en el mismo ambiente
donde se duerme, interrogatorios por personal militar, etc.
La alimentación es escasa, carente de valor proteico y nutritivo, aunque abundante en
farináceos, lo que provoca trastornos gástricos e intestinales. Prohibición absoluta de
recibir alimentos del exterior.
La correspondencia sólo en castellano determina, en muchos casos, la pérdida de contacto
con la familia, debido al alto porcentaje de inmigrados. Se prohibe escribir a familiares
directos cuando están encarcelados, o las visitas dentro de la misma cárcel. De esta
manera se intentan destruir los vínculos más profundos de la persona.
Durante las visitas, a través de un locutorio de vidrio, son grabadas las conversaciones,
perturbándose el vínculo familiar. Las madres detenidas son separadas de hijos a
los seis meses de edad. El padre o la madre se convierten para el bebé en una «imagen a
través de la pantalla» del locutorio. Papá, mamá, son nociones abstractas para el
niño, una imagen visual y una voz a través de un tubo.
Desde la detención, el familiar es el único contacto con el exterior, el único que
puede llevar adelante la defensa -se tortura y asesina a los abogados-. Deben hacer largas
colas, mientras que son sometidos a requisas vejatorias, con el solo objetivo de
desanimarlos.
Actividades: prohibido reir
La gimnasia sólo se permite en los recreos, de una
hora, que se suele suspender por sanciones masivas. De esta forma estamos días enteros de
total pasividad.
El trabajo manual está totalmente prohibido. El objetivo es claro: al permitirsenos sólo
el trabajo intelectual -diarios liberales La Nación y U Prensa, desarrollista Clarín,
una revista de actualidad por piso y libros de estudio sobre Historia y Economía Liberal-
se busca que el preso político se convierta en un ser que sólo se maneja con símbolos
abstractos, con símbolos y signos que lo alejan cada vez más y más de la realidad
concreta. Por otra parte, el trabajo es gratificante, permite la organización y
planificación de la realidad, la socialización de las experiencias, conocimientos y
tareas, el aprendizaje en común. Al prohibirlo, se busca que el alejamiento de la
realidad sea cada vez mayor, convertirnos en inocuos intelectuales, distorsionando el
desarrollo armónico de las distintas potencialidades y capacidades humanas, dirigiéndolo
en un sólo sentido.
Prohibición total de cantar, hacer teatro, reír, silbar, etc. Estas son unas vías de
expresión que adquieren importancia en el sistema de violencia institucionalizada a que
se nos somete. Las actividades recreativas y artísticas, permiten a través de la
creación, canalizar la violencia recibida en una actividad superadora. Su prohibición se
convierte un una forma más de violentación.
Represión constante
Las requisas son periódicas y cada vez con mayor
nivel de violencia. Se nos obliga a desnudarnos con el sólo objeto de humillarnos y de
tener injerencia en lo único que le queda al prisionero, su cuerpo. Las requisas incluyen
todo lo que habita y posee el preso: ropas, cartas, camas, celdas. La sensación de
despojo es profunda. Se llevan además todo lo que construye el preso, todo papel escrito,
cartas, fotos de familiares. Se impide así cualquier tipo de continuidad en la creación
personal, y nos obliga a una permanente reconstrucción de lo destruido o a la pasividad y
el derrotismo.
Se nos prohibe tener relojes y, al no tener noción horaria, se suscitan situaciones de
violencia cuando intentamos exigir las horas de recreo y visitas, que no podemos constatar
exactamente.
Las sanciones periódicas se refieren a la supresión del recreo, la correspondencia,
visitas, etc. Por la noche se nos impide dormir: las celadoras abren las mirillas o las
puertas de las celdas y encienden la luz, hacen ruido que impiden dormir, etc.
Las celdas de castigo son celdas especiales, ubicadas en el quinto piso de los celulares,
de reducidas dimensiones, sin letrina ni agua. Las compañeras permanecen allí quince o
treinta días totalmente aisladas del exterior y del resto del penal. Toda la situación
descrita para el conjunto se agudiza en estas celdas, obligando al detenido a una vida
vegetativa, donde ni sus necesidades mínimas son cubiertas.
Nuevas conductas
Del nivel de conciencia con que se llega a la cárcel
y las exigencias de la realidad, que hemos descrito, resultan las distintas conductas como
respuestas a esa realidad, las distintas sintomatologías, alteraciones sicosomáticas y
sicopatologías.
Encuadramos a las conductas en los siguientes tipos: 1) Adecuación pasiva: sometimiento,
abulia, pasividad total del detenido. 2) Desorientación activa: cuadros sicosomáticos y
sicopatología en general. 3) Adaptación activa: conductas creativas, ruptura del
sometimiento, actitud combativa y transformadora de la realidad.
Las detenidas, sometidas a una presión constante por lo que hemos enumerado como
«exigencias de la realidad», busca y necesita vías de descarga de la violencia. Las
vías que se eligen, consciente o inconscientemente, pueden ser correctas o erróneas. Son
correctas las vías que permiten el procesamiento de la violencia y su superación: 1)
Todo el grupo se hace cargo de la agresión recibida, tanto individual como grupal, la
procesa y la transforma. 2) Actividades creativas y 3) Gimnasia.
Las vías erróneas de descarga de la violencia, lo son porque en lugar de lograr el
procesamiento, hacen que se incremente la violentación:
1. Hacia los otros:
a) Hacia el penal, las celadoras, que son los
agentes directos de la opresión y la represión. Esta vía es incorrecta por que se
vuelve contra el detenido como un bomerang, aumentando la represión.
b) Hacia las compañeras: genera peleas y discusiones por nimiedades, sin ser conscientes
de la verdadera causa. Favorece un clima de agresión, de enemistad, dificultando la
conveniencia.
2. Hacia sí mismo. La violencia se descarga en el propio cuerpo o en la
personalidad y sus vínculos. Esto generará:
a) Alteraciones sicosomáticas.
b) Neurosis.
c) Sicosis, etc.
Efectos negativos del encarcelamiento
El sentimiento común en las distintas compañeras
que sufren una alteración sicosomática, es la impotencia ante la situación, ante la
violencia a que se ven sometidas. Se observan trastornos menstruales con alteración del
ciclo menstrual; en algunos casos no aparece la menstruación desde la detención. El
encanecimiento precoz Y la caída del cabello va unido a otra serie de alteraciones, tales
como gastritis, úlceras, contracciones musculares, vómitos, jaquecas, enfermedades de la
piel, parálisis faciales, tics, cáries, etc.
Aparecen, además, neurosis de todo tipo: de angustia o de insomnio, especialmente, así
como crisis histéricas habituales.
Con respecto a las sicosis, se observan fundamentalmente en las detenidas de edad media
(50-60 años), y sólo en algunas jóvenes. Vienen acompañadas con alteraciones de
esquema corporal, crisis de angustia persecutoria (paranoias) y esquizofrenias.
Los autoencarcelamientos son conductas específicas que pueden aparecer dentro de un
cuadro neurótico o sicótico, o expresar una etapa de crisis. Su duración puede ser de
semanas o incluso meses:
1. Crear las condiciones para ser detenida. Se da cuando el compañero también lo está,
habiendo sido apresado previamente. Busca ser detenida inconscientemente y lo logra
efectivamente.
2. Sentimiento de no querer salir en libertad. Se da también cuando la detenida tiene a
su compañero encarcelado. Es un sentimiento difuso, que expresa el temor de enfrentar la
nueva realidad sin su pareja.
3. Dormir la mayor parte del día. Algunas compañeras duermen la mayor parte del tiempo o
no salen de su celda. La cama, su celda, simbolizan el hogar, donde se siente protegida,
no necesitando ya enfrentar la realidad cotidiana, de constantes exigencias y
autoexigencias.
4. No salir al recreo. Estas salidas significan soportar una continuada violentación:
gritos de las celadoras, amenazas, sanciones por cualquier motivo, presencia continua de
personal de requisa y guardias armados. El recreo simboliza «la libertad~. Por el
contrario, quedarse encerrada en la celda significa la impotencia ante la dura realidad,
optando por «la paz del hogar», en realidad, la derrota, el sometimiento.
Alteraciones de la percepción y actitudes
regresivas
Las pseudo-percepciones visuales se dan en
los largos períodos de mal alimentación, llegándose a ver en un plato los restos de
deliciosos postres y comidas. Las auditivas suponen oír una movilización popular en el
ruido de un partido de fútbol. Son los deseos más profundos -de libertad- que afloran
distorsionando la realidad.
En cuanto a las actividades regresivas, se observa una dependencia familiar en todo
sentido, económico y afectiva. Los padres son las únicas personas, no penitenciarios,
del mundo externo, con los cuales la detenida tiene contactos durante años. Son la única
fuente afectiva externa, lo que determina, en algunos casos, la regresión a etapas
adolescentes, tanto en el vínculo con los padres como en actitudes corporales, gestos,
modos de hablar. También se puede tomar como figura parenta] a una compañera, a la que
se reconoce como más fuerte, manteniendo con ella una relación dependiente.
Cuando la detenida se entera de la muerte de un ser querido, la imposibilidad de ver
concretamente al difunto, hace que la muerte sea sólo una frase, una palabra. Se revive
al ser querido en la fantasía, en los sueños, implicando una negación de la realidad y
un intento de «revivirlo» a este nivel.
Si la muerte es de compañeros presos, se convierte en señal de alarma. En casos
extremos, se ha dado un fenómeno de paranoia colectiva, donde el desconocimiento de la
realidad convierte cualquier señal, en índice de un próximo fusilamiento.
ARGENTINA, marzo de 1977.
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