«Extremar la vigilancia y tener alertadas a las fuerzas antidisturbios»
es la solución con que el actual director general de Instituciones Penitenciarias, José
Moreno, piensa acabar con los motines en las cárceles, según recientes declaraciones.
Imaginación, sería, desde luego, lo último, que fuéramos a pedir de carcelero alguno.
Por fortuna, parece que la inteligencia tampoco puntúa como mérito para el cargo y así
todo sigue siendo transparente.
Tras aclarar que, respecto a un eventual indulto para los presos comunes, su criterio
«puede o no ser coincidente con el del Gobierno», nuestro luminoso director general hace
un par de precisiones absolutamente necesarias: « ... ya no se puede hablar de celdas de
castigo, sino de aislamiento» (uno respira aliviado); «no son sólo permisos para los
«serviles», se extenderán a todos los reclusos que lo merezcan» (y uno se pregunta
cómo se hacen merecimientos en una cárcel).
Pero donde la hipocresía puritana de la institución carcelaria alcanza su culmen es,
cómo no, ante la perversión del sexo. «En cuanto nos concedan habitaciones aisladas, el
problema sexual estará resuelto para los reclusos. Nos queda el problema de los solteros;
pero mientras la prostitución esté prohibida ... » Pues ya nos contará el señor
Moreno, si no es casado, cómo resuelve él su «problema» ante tan dramática tesitura.
Algún ingenuo pensará todavía que no se trata más que de un residuo de la pesadilla
franquista. Mejor será entonces que vaya haciéndose una idea de la pesadilla
posfranquista (democrática, que gustan decir). Para «El Socialista», las últimas
insurrecciones anticarcelarias «encajan directamente dentro de las miras político-
terroristas de los grupos extrernistas», aunque el órgano (con perdón) del PSOE no
especifica de dónde proviene esta vez el oro. Pero quien se lleva la palma en esto de la
solidaridad con los despojados es, una vez más, el PCE, si bien uno no duda de que habrá
condiciones objetivas que lo expliquen. Para Antonio Rato, abogado y pecero, «al
delincuente se le debe aislar por la misma razón que se aisla a un portador de virus».
En la mejor tradición del marxismo militante (aquélla que ya Trotsky ejemplificó
«exterminando como a patos salvajes», según su propia expresión, a los marineros de
Krondstadt), vuelve a descubrirse el «gen de la delincuencia». Para él se reserva
-cosas de la dialéctica- análogo tratamiento al que tan buenos resultados dio con
aquella otra plaga, la del «gen judío».
Uno, que es un bárbaro, no quiere cárceles para nadie; pero hay señores que siendo un
auténtico peligro público, como María Cristina, nos quieren gobernar. Y uno les sigue
la corriente.
Barcelona delante
Los Ateneos Libertarios en Barcelona son una
realidad. Existen en algunos barrios y existirán en otros. El proceso es imparable. Sólo
podrá ser cercenado de la manera que el Capital y el Estado han usado desde siempre para
borrar del mundo de los hechos y las realidades la obra emancipadora de los trabajadores:
la represión, el encarcelamiento y el asesinato.
De aquella «panda de drogados» con que nos bendijera el Inefable, pasando por el
conocido: «¿Los anarquistas?, ¡Ah!, pero, ¿existen?», hasta el actual Movimiento
Libertario (colectivos, ateneos, grupos, federaciones, comunas, etc.) vigoroso y pujante,
a pesar (y también, gracias a), de todas sus indecisiones, dudas, confusiones,
estancamientos, etc., no medía nada y medía mucho. Entonces, como ahora, los
libertaríos existimos: si hace años, el «Ateneo de Sans», por llamarle así, era la
barbería de un compañero donde se reunían los compañeros del barrio («La voz sin
amo», n.º 1) y ahora disponen de un local, la función de autoformación, libre
discusión e incidencia a través de la solidaridad en la lucha y el funcionamiento libre
e igualitario se siguen dando. Mediar, no media nada, y media mucho: la lucha de amplios
sectores de la población que ha ido imponiendo parcelas limitadísimas de «libertad»
(vamos a dejarlo así). Porque lo que es claro es que lo del Poder-karnikaze es una
falacia y éste no concede ni concederá nunca nada a cambio de su propia destrucción.
Los ateneos son una realidad, menuda y reducida a nivel cuantitativo, quizás no tan
menuda a nivel cualitativo, que poco a poco va tomando consistencia. Existieron a plena
luz, existieron en la maciza sombra de la clandestinidad y existen ahora. Los ateneos no
son un «invento» de cuatro o cinco iluminados. Los ateneos que ya existen (Sans, Santa
Coloma, Sant Andreu, Gracia, Verneda, Clot, Poble Sec, etcétera) y otros que están
inmersos en un proceso de formación (Sant Antoní, Case Antic, Les Corts, etc.) han sido
fruto de una larga trayectoria que unas veces pasa por un Colectivo de barrio, otras por
un trabajo en el interior de las Asociaciones de Vecinos, otras por una progresi,,a toma
de conciencia de la problemática del barrio y formas cotidianas de lucha para su
transformación, etc.
Ha habido «ateneos» con la dictadura. «Ateneos» que siguen existiendo con la nueva
dictadura-democrática. «Ateneos» burgueses como el de Barcelona, centro de la
«cultura» de los santones. Todas las actividades que se realizan en él están
destinadas al consumo y la satisfacción de un público generalmente satisfecho de entrada
y que necesita de la «cultura» elaborada y decidida por un grupo de sabios oficiales.
Son «ateneos» autoritarios, con sus juntas, sus órganos de dirección y una masa de
socios cuya intervención en los asuntos de la gestión se reduce, si llega el caso, a
meter una papeleta en una urna y decidir en un harakiri perfecto quién decide por ellos
en los próximos tiempos. No hay vida en esos «ateneos». Como no habrá, o habrá un
símil de vida, amorfa, en los «ateneos» que algunos partidos quieren montar en barrios.
Los síntomas de autoritarismo son ya perceptibles; en la realidad gravitarán de espaldas
al barrio al que acudirán (como hacen sus padres y madres: los partidos de donde
procederán) cuando la capitalización de las acciones de los vecinos sea rentable para
sus intereses parlamentarios y vanguardistas. Creo que conviene decir eso: ¡no caben en
un mismo saco, ni son del mismo saco!, los «ateneos» burgueses con ubicaciones en un
barrio puramente casuales, los «ateneos» autoritarios y los ateneos libertarios.
Asociaciones de vecinos manipuladas
Los ateneos libertarios que hay en estos momentos en
Barcelona han surgido en algunos casos animados por grupos de compañeros que estaban
agrupados en un Colectivo de barrio (o en algún otro grupo de afinidad) y que, a través
de un proceso de discusión (actividad interna del grupo) junto a un trabajo exterior
(participación en las luchas del barrio, gestiones para disponer de un local, obras,
pinturas, sillas, mesas, etc.) han llegado a aglutinar a mayor número de vecinos en torno
a un ateneo libertario. La misma estructura antiautoritaria y sin jerarquizaciones del
Colectivo de barrio ha sido trasladada de una manera natural al ateneo. Los vecinos (muy
pocos: es una realidad) que se han añadido al proceso han sido compañeros de otros
grupos libertarios, antiguos militantes animados a participar en la reconstrucción de una
obra que el Poder intentó eliminar, vecinos del barrio decepcionados por el proceso
autoritario seguido en entidades y grupos de barrio dependientes de partidos (AA.VV.,
Comisiones de barrio, centros «culturales», etc.), militantes de CNT que ven necesario
militar en su Sindicato y a la vez participar en las luchas del barrio, (dado que el
proceso de transformación es global y simultáneo: trabajo y barrio), y en menor número
vecinos interesados por el proceso. En general, este proceso que arranca de un Colectivo
de barrio, con algunos compañeros trabajando en el interior de las AANV. y termina en un
ateneo libertario ha sido el más frecuente.
Los ateneos libertarios, con todas las limitaciones actuales y con la falta de dinámica
en algunos de ellos, practican en su interior y en su relación con el barrio lo que ha de
ser un proceso asambleario abierto a todos (sólo los autoritarios serán excluidos, o
autoexcluidos). En nuestros ateneos hay un solo órgano de decisión: la asamblea del
ateneo, jamás cerrada y siempre abierta la participación de los vecinos del barrio.
Algún ateneo, y por imposiciones de la burocracia «legal», dispone de juntas cuyas
atribuciones no van más allá del papel; otros, funcionan a través de un secretariado
que resuelve simples cuestiones burocráticas (relaciones exteriores, notas, etc.) y cuyas
reuniones se hacen coincidir con las de la asamblea. Secretariados y juntas revocables en
cualquier momento.
En lugar de las formas culturales burguesas (que se dan en la escuela, en las
universidades, en los institutos, etcétera). elitistas y cerradas a la mayor parte de
individuos de la comunidad, en los ateneos surgen grupos de trabajo: de enseñanza (que en
un momento dado se fijan trabajar en experiencias de aprendizaje paralelo, con niños o
adultos; con grupos marginados; con niños educastrados en las escuelas actuales), de
sanidad (con una alternativa paralela a los «estudios» de medicina actuales,
posibilitando el conocimiento de técnicas elementales de «curaci6n» al mayor número de
vecinos; construyendo en el sitio de los ateneos «ambulatorios» paralelos a los que
prestará su apoyo médico y enfermeras compañeros), de ecología y urbanismo (las
condiciones en los barrios, sobre todo en la mayor parte donde hay ateneos, son algo
indescriptible), de medios de comunicación (sesiones de cine, teatro, etc.). Grupos con
los más diversos intereses que los mismos individuos, por afinidades de cualquier tipo,
irán creando y que ellos mismos irán autodis'olvíendo. Frente a la «cultura» burguesa
compartimentada, elitista y estanca, una dinamización de los individuos y una cultura
real hecha por todos y desde todos.
Trabajo y barrio
Junto a ello, un proceso de autoformación
(discusiones con otros colectivos, charlas, etc.). Un proceso de incidencia en el barrio
(acciones solidarias con los presos, con los grupos del barrio que luchan por unas nuevas
condiciones de vida y relación en el mismo, con las escuelas y fábricas en lucha, etc.).
La realidad de los ateneos está ahí. La dinámica de los mismos en la actualidad es
difícil. Cuesta a veces tirar adelante. Hay dificultades económicas y muchas veces los
grupos de trabajo quedan «paralizados» sin íncidir realmente en el barrio.
Probablemente estos problemas sean necesarios (serían problemas y dificultades bastante
naturales): la dinámica debe ser hecha entre todos y aunque más larga y lenta, el fruto
que saldrá será mucho más real y enraizado que lo sería una «dinámica» proyectada
desde arriba por los mandones-líderes y ejecutada de buena o mala gana por algunos
currantes. Lo que sí es cierto es que, con dificultades, con la no excesiva
participación de los vecinos, el camino recorrido es importante y que se ha avanzado en
la clarificación de posturas, de iniciativas y, dentro de algún tiempo, las aportaciones
minoritarias de los ateneos actuales tendrán una mayor presencia en las luchas de los
barrios.
Hay algunas publicaciones de ateneos («la voz sin amo» del de Sans, «ltaca» del de
Sant Andreu) y algunos encuentros de delegados de ateneos reunidos en periódicas
asambleas, junto a los de colectivos que tienen trazado como uno de los objetivos el
ateneo Libertario, en una Coordinadora de Ateneos. La idea es aunar esfuerzos,
intercambiar experiencias y proyectos, etcétera.
Un último factor a tener en cuenta, y muy importante: raramente coinciden en la ciudad
lugar de trabajo y lugar de residencia. La separación brutal que hay entre ambos, tanto
de ubicación como de concepción es quizás, con toda seguridad, una de las fuentes desde
donde explicar la «lentitud» del proceso en los barrios: lo que es seguro es que las
luchas no son parciales, sino totales (es falsa la alternativa «trabajo o barrio«: es
trabajo y barrio).
Joan
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