Berlín Oeste, del 18 al 21 de febrero de 1968, en la Universidad Técnica
tiene lugar el Congreso sobre Vietnam al que acuden miles de jóvenes de diversos países
europeos y americanos. Es, quizás, el momento culminante de la agitación estudiantil
permanente que sufre la ciudad desde la muerte del estudiante Benno Ohnesorg durante la
manifestación contra el Sha de Persía el 2 de junio de 1967. Las contradicciones del
sistema capitalista berlinés son más patentes que nunca.
Deshecho el mito de la <ciudad-escaparate», bastión avanzado del sistema «libre»
ante el mundo socialista, la situación de Berlín Oeste se revela claramente frágil,
tanto económicamente como en sus pretensiones de libertad. Solamente las inyecciones
financieras del capital de la República Federal consiguen evitar el hundimiento total.
Los estudiantes universitarios son los primeros en reaccionar en esta situación. El
principal objeto de ataque es el imperialismo en todas sus formas, especialmente el
norteamericano, manífiesto en la guerra del Vietnam. La Universidad Libre se convierte en
foro permanente donde se plantean y discuten todos estos problemas. La principal
organización universitaria, la S.D.S., de orientación socialista, plantea la lucha
frontal y multidireccional contra el mundo burgués y capitalista. En general, todo el
amplio y difuso campo de la oposición extraparlamentaria (A,P.O.) busca nuevas fórmulas
con las que sustituir las ya caducas formas de organización y relación humanas. Todos
estos intentos se inscriben en el marco de una orientación socialista y antiautoritaria,
muy influida a nivel teórico por el movimiento de la «Nueva Izquierda» (Marcuse en
especial), vigente entre la intelectualidad europea y americana del momento y que actúa
como fermento de la rebeldía universitaria.
LAS COMUNAS: LA K I Y LA K II
En este proceso de crítica se ven pronto envueltas
la familia, los modos de relación padres-hijos, la actuación política clásica y, en
general, todas las formas tradicionales de relación humana. El mundo burgués que les
sirve de soporte es rechazado decididamente, Y se buscan nuevas posibilidades desde una
perspectiva original. Surgen así las primeras comunas en las que grupos de adultos y
niños replantean todos los esquemas clásicos tanto en lo referente a sexualidad, como a
medios de supervivencia, afectividad, educación o trabajo político. Las primeras comunas
berlinesas, la K 1 y K 11, nacen con la convicción de que «la comuna puede iniciar la
destrucción del sistema en el exterior tan sólo si en su interior los individuos se han
transformado efectivamente y tan sólo se transformarán en la medida en que ejerciten tal
práctica; la práctica en el exterior, exenta de comprobación experimental de lo que los
hombres podrían ser en una sociedad emancipada, se transforma en activismo, en
cumplimiento de normas, etc.». Esta nueva forma de organización y convivencia choca
tanto a las «buenas gentes» de derecha como a los militantes de la izquierda
tradicional. Rápidamente, ponen todos el grito en el cielo ante los «excesos» de los
jóvenes revolucionarios, tanto por sus planteamientos respecto a la sexualidad, como por
su eslogan: «manifestarse debe producir placer». En este contexto, también las
relaciones educativas sufren un replanteamiento total. La crítica que realizan a la
educación en la familia burguesa y monogámica -por la fijación emocional hacia los
padres, por la represión sexual que implica y por el hincapié en el individualismo- se
basa totalmente en planteamientos psicoanalíticos, extraídos de W. Reich y de la
experiencia del Hogar Experimental de Moscú de Vera Schmidt.
EL CONSEJO DE ACCION PARA LA LIBERACION DE LA MUJER
Juntamente a toda esta problemática ya esbozada, uno
de los aspectos a los que se presta especial atención es el papel de la mujer dentro del
movimiento revolucionario. En efecto, en una sociedad autoritaria y paternalista, el papel
femenino es el de mera comparsa en el espectáculo creado por y para los hombres. Y cuando
hay hijos de por medio, las perspectivas son aún más grises si cabe. Surge así, como
medio de lucha específico del colectivo femenino berlinés contra la dominación de que
es objeto, el Consejo de Acción, fundado en enero de 1968. De las discusiones emerge como
problema principal la cuestión de los hijos, sin cuya solución la liberación de la
mujer se considera
imposible. En un comunicado distribuido en la Universidad Libre manifiestan la necesi dad
urgente de fundar comunas infantiles que, en un contexto antiautoritario, acojan a los
niños para que las madres puedan trabajar y participar en las organizaciones
revolucionarías. Esta es la única forma de liberarse de la represión que la sociedad
descarga sobre ellas y que, de rechazo, se vuelve en forma de agre sividad contra los
hijos.
PRIMERAS COMUNAS INFANTILES
Esta triple problemática -la revuelta política de
signo antiautoritario, la creación de contra- instituciones y los movimientos de
liberación femeninos---, confluyó en el ya citado Congreso sobre Vietnam. En el
vestíbulo del aula magna, un grupo de mujeres ayudadas por colaboradores voluntarios
organizaron un pequeño jardín de infancia en el que atender a los hijos de los
izquierdistas que participan en el congreso. Los niños, que hasta ese momento habían
estado mezclados con la multitud, solos y angustiados, desatan su entusiasmo; con bastones
y trapos hacen sus propias pancartas y, a su modo, juegan a las manifestaciones. Por
primera vez, los padres -y sobre todo las madres- toman conciencia de que sus problemas
familiares
no deben quedar en un plano estrictamente privado. Paralelaniente, los miembros de la K 11
presentan un «modelo de educación antiautoritaria», basado en los principios del
Jardín de In fancia- Laboratorio de Vera Schmidt.
La experiencia del Congreso y los planteamientos teóricos de la educación basada en el
psicoanálisis influyen decisivamente en los antiautoritarios berlineses y provocan la
creación de las primeras comunas infantiles. Algunos grupos preocupados por el problema
de la educación de sus hijos en un contexto colectivo y antiautoritario empiezan a
estudiar las posibilidades concretas de montar lugares adecuados donde dejar a los niños.
Encuentran la solución en el acondicionamiento de algunas de las numerosas tiendas
vacías por la ruina de muchos pequeños comerciantes berlineses (debida a la política de
precios de los grandes industriales y los supermercados). Estos locales, baratos y
fácilmente adaptables, se convierten en alojamiento de comunas infantiles, de donde
reciben el nombre de KINDERLAEDEN (tiendas de niños).
En mayo de 1968 se ponen en funcionamiento las tres primeras, en los barrios de Neukölln
y Schöneberg, que trabajan de forma coordinada. Aparecen nuevos grupos de padres en casi
todos los barrios de la ciudad con la finalidad de crear comunas infantiles. Poco a poco,
el movimiento se extiende y las «tiendas» suman varias decenas. En agosto de 1968 se
crea el Consejo Central de las Comunas Infantiles Socialistas de Berlín Oeste, con la
finalidad de coordinar el trabajo y los planteamientos de todas ellas, así como de lograr
una solidaridad efectiva y gestionar la obtención de subvenciones por parte del Senado
berlinés (que, por cierto, acordo concederlas a título individual, contrariamente a las
pretensiones del Consejo).
El movimiento se extiende progresivamente a otras ciudades de la R.F.A., donde van
apareciendo nuevas experiencias en la línea de las berlinesas.
LA EDUCACION EN LOS KINDERLAEDEN
El funcionamiento de los Kinderlaeden no es
idéntico. Hay muchos aspectos que diferencian a unos de otros. En algunos, son los
propios padres los que, por turno, se hacen cargo del grupo infantil. En otros hay en
cambio una o más personas fijas que sirven de punto de referencia permanente a los
niños. También difieren en el tamaño de los grupos, aunque en general sean pequeños.
Hay grupos más politizados y otros más centrados en el proceso educativo. Existen,
asimismo, diferencias en cuanto a la forma concreta de financiación, según recaiga o no
exclusivamente en el grupo de padres.
Pero, por encima de la diversidad propia de un funcionamiento autónomo, todas coinciden
en sus planteamientos educativos anti autoritarios basados en el psicoanálisis. Se presta
especial atención al libre desarrollo de la sexualidad infantil y al principio de
autorregulación creando espacios de libertad en los que el niño no sufra las exigencias
de adaptación a una sociedad coercitiva. La autonomía del niño y la libre satisfacción
de sus necesidades se convierten en los dos principios fundamentales de tal educación, lo
que supone también la fortificación del Yo y el desarrollo de una capacidad crítica y
de resistencia ante las contradicciones sociales. En este contexto, el papel del adulto
consiste en reconocer las necesidades inarticuladas e indiferenciadas y ayudar a escoger
entre las diversas posibilidades que permitan satisfacer las pulsiones parciales y las
necesidades de los niños. Además, la educación deja de ser un asunto estrictamente
familiar y privado para considerarse colectivamente, mediando el grupo entre el individuo
y la satisfacción de sus necesidades.
A MODO DE CONCLUSION (PERO NO DE PUNTO FINAL)
Las comunas infantiles tuvieron evoluciones muy
distintas unas de otras. Algunas se aburguesaron, convirtiéndose en instituciones con los
mismos defectos que habían criticado anteriormente. Otras evolucionaron hacia una
educación proletaria más politizada. Algunas de ellas se mantuvieron en la idea original
e influyeron sobre movimientos similares de otros países. En cualquiera de los casos,
realizaron una serie de aportaciones inestimables al panorama educativo contemporáneo,
además de ser una experiencia autogestionaria muy cercana en el tiempo y en coordenadas
sociales y políticas. Para situarlas en su justo lugar, es necesario recordar el
documento del «Modelo para una educación antiautoritaria» de la K 11: «Para evitar
todo malentendido:
las contra-instituciones, tales como un jardín de infancia construido sobre bases
psicoanalíticas no pueden, por simple extensión, y gracias a su ejemplo convincente,
cambiar la sociedad. La lucha política de larga duración, la destrucción de las
instituciones represivas existentes, el control social de los modos de producción son
necesarios. Pero, en esta lucha, las contra-instituciones pueden jugar un papel
importante, cuestionando, en la práctica, la conciencia un¡dimensional de la
inmutabilidad absoluta del orden establecido».
Bibliografía
W. Reich y Vera Schmidt: «Psicoanálisis y educación». Cuadernos de Anagrama. 1973.
Chiara Saraceno: «Experiencia y teoría de las comunas infantiles». Fontanella. 1977.
Katia Sadoun y otros: «Les boutiques d'enfants de Berlin». Maspero. 1972.
José M.ª Carandell: «Las comunas: alternativa a la familia». Tusquets. 1972.
«Commune H». du Seuil. 1972.
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