no
a la mili tampoco al estado
Desde el 12 de agosto está encerrado en la
cárcel militar de Peschiera, Roberto Francesconi. Roberto, que se declara libertario
individualista, está detenido por negarse a hacer tanto el servicio militar como el
servicio civil sustitutorio.
Públicamente ha basado su postura en el hecho de ser anarquista, lo que para él supone
una actitud antimilitarista y también antiestatal, por lo que no está dispuesto a hacer
ninguno de los dos servicios.
A la represión policial se le ha añadido una campaña difamatoria ante la opinión
pública, con motivo de lo cual el 5 de octubre se celebró en Turín una manifestación
en su apoyo ante el tribunal que lleva su proceso.
el menú frío o autogestionado
De entre las acciones alentadas por los «comités de
lucha de los marginados», destaca la recientemente emprendida para solucionar el problema
de los comedores universitarios en Roma, problema -como es de suponer del todo universal.
En dichos comedores sólo se sirven almuerzos, mientras que la cena se reduce a unos
cestitos medio llenos de comida fríá y a un precio abusivo, alegando falta de personal.
La respuesta no se ha hecho esperar más, lanzándose la propuesta de un comedor
autogestionado en un barrio obrero de la zona. El personal, miembros de las listas de
trabajadores parados organizados; los locales, aquellos abandonados que se vayan ocupando
al efecto.
El primer paso ha consistido en boicotear los famosos cestitos; quien no recogiera el suyo
tenía derecho a 25 bonos para la comida. Tamaña violación del orden mereció en seguida
la atención de la policía y del PCI, causando la brutal intervención de la primera -con
el consentimiento tácito del segundo-, el único desorden hasta ahora habido en esta
singular iniciativa.
patrimonio sindical: una herencia trasnochada
A los treinta y dos años de haberse disuelto los
sindicatos fascistas, el parlamento italiano -en un alarde de eficacia legisladora- ha
aprobado una ley que dispone el reparto de su patrimonio entre las actuales organizaciones
sindicales, patronales y de oficio.
Estos bienes, que entonces hubieran podido potenciar toda la fuerza de un movimiento
obrero que con el final de la guerra encontraba una libertad posible, hoy ya pueden
repartirse sin riesgos entre unas organizaciones que se destacan por su capacidad de
bloquear y reprimir toda iniciativa libertadora.
¿Será esa la carta que «nuestro» gobierno-parlamento se guarda en la manga? Tal vez,
en su caso, no sean bastantes treinta y dos años.
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