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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 3 Enero 1978

Desde Italia con amor

no a la mili tampoco al estado

15.jpg (11003 bytes)Desde el 12 de agosto está encerrado en la cárcel militar de Peschiera, Roberto Francesconi. Roberto, que se declara libertario individualista, está detenido por negarse a hacer tanto el servicio militar como el servicio civil sustitutorio.

Públicamente ha basado su postura en el hecho de ser anarquista, lo que para él supone una actitud antimilitarista y también antiestatal, por lo que no está dispuesto a hacer ninguno de los dos servicios.

A la represión policial se le ha añadido una campaña difamatoria ante la opinión pública, con motivo de lo cual el 5 de octubre se celebró en Turín una manifestación en su apoyo ante el tribunal que lleva su proceso.

el menú frío o autogestionado

De entre las acciones alentadas por los «comités de lucha de los marginados», destaca la recientemente emprendida para solucionar el problema de los comedores universitarios en Roma, problema -como es de suponer del todo universal.

En dichos comedores sólo se sirven almuerzos, mientras que la cena se reduce a unos cestitos medio llenos de comida fríá y a un precio abusivo, alegando falta de personal. La respuesta no se ha hecho esperar más, lanzándose la propuesta de un comedor autogestionado en un barrio obrero de la zona. El personal, miembros de las listas de trabajadores parados organizados; los locales, aquellos abandonados que se vayan ocupando al efecto.

El primer paso ha consistido en boicotear los famosos cestitos; quien no recogiera el suyo tenía derecho a 25 bonos para la comida. Tamaña violación del orden mereció en seguida la atención de la policía y del PCI, causando la brutal intervención de la primera -con el consentimiento tácito del segundo-, el único desorden hasta ahora habido en esta singular iniciativa.

patrimonio sindical: una herencia trasnochada

A los treinta y dos años de haberse disuelto los sindicatos fascistas, el parlamento italiano -en un alarde de eficacia legisladora- ha aprobado una ley que dispone el reparto de su patrimonio entre las actuales organizaciones sindicales, patronales y de oficio.

Estos bienes, que entonces hubieran podido potenciar toda la fuerza de un movimiento obrero que con el final de la guerra encontraba una libertad posible, hoy ya pueden repartirse sin riesgos entre unas organizaciones que se destacan por su capacidad de bloquear y reprimir toda iniciativa libertadora.

¿Será esa la carta que «nuestro» gobierno-parlamento se guarda en la manga? Tal vez, en su caso, no sean bastantes treinta y dos años.

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