Bruselas
ha sido la capital del sol por unos días. En ella se dieron cita ecologistas de veinte
países, pertenecíentes en su mayoría a las federaciones que por Australia, Europa,
Norteamérica y Japón constituyen la asociación mundial de «Amigos de la Tierra».
Simultáneamente, tina comisión de la CEE planeaba la política más idónea para seguir
asolando Europa con más centrales nucleares. Sólo les separaban unos cuantos metros,
miles de millones de dólares, toda la policía del mundo y la fuerza de razón. Desigual
batalla, pero ya sin retorno.
El objetivo principal del encuentro, que durante los días 25 al 30 de noviembre ha
reunido a ecologistas de todo el mundo, era coordinar sus luchas y conocerse. El momento
es crucial pues, bajo la demagogia antipolucionista, ni los programas de los partidos de
izquierda ni los de la derecha están dispuestos a poner en tela de juicio la orientación
de un modelo de desarrollo universalizado que sólo atiende a la producción por la
producción, para lo cual necesita derrochar energía sin tregua. Por eso es «necesario»
el átomo, aunque «instalarse en la economía del plutonio es hipotecar el futuro de
nuestras sociedades» según concluyó, en uno de los debates, 1. Sachs, director de la
Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Es un proyecto, por su costo
desorbitado y los desastres que implica, irreversible. También para M. Winkler,
especialista alemán en problemas energéticos, la opción nuclear dista mucho de ser una
opción de tipo técnico, al venir impuesta por un productivismo irraciorial. Es más, se
trata de una opción «absolutamente incompatible con la adopción de estrategias
energéticas verdaderamente racionales».
La República Federal Alemana sirvió de ejemplo sobre el que analizar el futuro Estado a
que estamos todos abocados de proseguir la escalada nuclear. El análisis que de ella se
hizo como Estado «nuclear-policial» evidencia la doble interrelación entre átomo y
represión. Por un lado, la concentración, centralización y monopolio inherentes a la
energía atómica, así como las necesidades de control de conlleva, justifican un cada
vez mayor poder para la policía. Por otro, el cada vez mayor poder de la policía se
emplea con el mayor descaro en combatir a muerte a quienes propugnan otras alternativas
energéticas. Es la razón del poder, su eterno onanismo. Poder para poder, producir para
producir. ¿No es cierto, argumentaban los tecnócratas de la CEE, que el milagro
económico alemán no hubiera sido posible sin el átomo? Pues será cierto, concedían
los ecologistas, pero ¿no es ese milagro comparable a aquel otro que, también desde
Alemania, arruinó a medio mundo no hace todavía cuarenta años?
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