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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 3 Enero 1978

Bruselas capital del sol

Bruselas ha sido la capital del sol por unos días. En ella se dieron cita ecologistas de veinte países, pertenecíentes en su mayoría a las federaciones que por Australia, Europa, Norteamérica y Japón constituyen la asociación mundial de «Amigos de la Tierra». Simultáneamente, tina comisión de la CEE planeaba la política más idónea para seguir asolando Europa con más centrales nucleares. Sólo les separaban unos cuantos metros, miles de millones de dólares, toda la policía del mundo y la fuerza de razón. Desigual batalla, pero ya sin retorno.

El objetivo principal del encuentro, que durante los días 25 al 30 de noviembre ha reunido a ecologistas de todo el mundo, era coordinar sus luchas y conocerse. El momento es crucial pues, bajo la demagogia antipolucionista, ni los programas de los partidos de izquierda ni los de la derecha están dispuestos a poner en tela de juicio la orientación de un modelo de desarrollo universalizado que sólo atiende a la producción por la producción, para lo cual necesita derrochar energía sin tregua. Por eso es «necesario» el átomo, aunque «instalarse en la economía del plutonio es hipotecar el futuro de nuestras sociedades» según concluyó, en uno de los debates, 1. Sachs, director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Es un proyecto, por su costo desorbitado y los desastres que implica, irreversible. También para M. Winkler, especialista alemán en problemas energéticos, la opción nuclear dista mucho de ser una opción de tipo técnico, al venir impuesta por un productivismo irraciorial. Es más, se trata de una opción «absolutamente incompatible con la adopción de estrategias energéticas verdaderamente racionales».

La República Federal Alemana sirvió de ejemplo sobre el que analizar el futuro Estado a que estamos todos abocados de proseguir la escalada nuclear. El análisis que de ella se hizo como Estado «nuclear-policial» evidencia la doble interrelación entre átomo y represión. Por un lado, la concentración, centralización y monopolio inherentes a la energía atómica, así como las necesidades de control de conlleva, justifican un cada vez mayor poder para la policía. Por otro, el cada vez mayor poder de la policía se emplea con el mayor descaro en combatir a muerte a quienes propugnan otras alternativas energéticas. Es la razón del poder, su eterno onanismo. Poder para poder, producir para producir. ¿No es cierto, argumentaban los tecnócratas de la CEE, que el milagro económico alemán no hubiera sido posible sin el átomo? Pues será cierto, concedían los ecologistas, pero ¿no es ese milagro comparable a aquel otro que, también desde Alemania, arruinó a medio mundo no hace todavía cuarenta años?

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