UNA
HUELGA COMO NUNCA SE VIO EN LA PROVINCIA
Los políticos que discutían en
lujosos hoteles malagueños las banderas a desplegar en las manifestaciones autonomistas
quisieron excluir el rojo y el negro: pero la policía trajo la sangre roja de un joven
obrero y el pueblo levantó el negro de su dolor y su protesta.
Una costosa propaganda blanquiverde nos recordaba a los malagueños -incluidos los
parados, uno de cada cinco trabajadores malagueños está en paro- que la burguesía y los
políticos nos ofrecían el paraíso descentralizador con bendiciones parlamentarias. No
quedaba claro que la autonomía tocara los latifundios, las fábricas que se desmontan,
los costos de caza, los puertos deportivos...
Un militante de la Regional andaluza de la CNT declaraba el 2 de diciembre al «Sol de
España»; «CNT apoya cualquier movimiento popular autonómico, deslindando los intereses
de clase que puedan convertirlo en una cortina de humo que permita a las burguesías
regionales seguir explotando a los respectivos proletariados... El movimiento libertario
es el padre de¡ federalismo español».
Unidos frente al paro, los pactos, los pactos...
El paro creciente en la meca del turismo, las
perspectivas de emigración muy difíciles, deslindaban claramente en nuestro caso los
intereses de explotados y explotadores. Pero hablan intereses políticos empeñados en
confundirlos. En Málaga fracasaron.
Ya en noviembre la CNT reunió en una fiesta libertaria cinco mil personas en un mítin
entusiasta contra el pacto social, mientras Camacho no logró ser escuchado por dos mil
afiliados a CCOO, pues un sector considerable no cesó de gritar contra el pacto. El
intento antiunitario de CCOO de movilizar la provincia con autobuses en una manifestación
no convocó ni la cuarta parte de los 60.000 manifestantes que llamados por CNT, y las
demás centrales, junto con los comités de huelga de Portillo, Interholce, Aviación y
jornaleros del campo, demostraron la unidad obrera contra el paro y contra las tradiciones
políticas.
Los ánimos estaban calientes y las maniobras políticas de la burguesía autonomista
jugaban con fuego. El 4 de diciembre columnas de miles de trabajadores salen a la calle.
Piden autonomía andaluza. Su masiva presencia hizo temblar a las autoridades.
¿Por qué otro muerto?
Un joven escala sin nocturnidad ni alevosía el
balcón oficial, resistiéndose a creer que en una Diputación andaluza no ondeara bandera
blanca y verde que el pueblo quería. Histérica respuesta del aparato represivo. Ataque
indiscriminado, contundente, sin previo aviso. Un pueblo apaleado. ¿Quién dió la orden?
En el puente de Tetuán, niños heridos, el joven José Manuel García Caparrós cae
muerto. Todos lo vimos. Un grueso sargento de la Policía Armada disparó una bala sin
retorno. Al ministro Martín Villa le merece más reprobación que llamemos a las cosas
por su nombre que el hecho en sí. Asesinato.
Aquella tarde de domingo comenzaron los enfrentamientos con las Fuerzas del Orden
Público. En los locales del PSOE están reunidos diputados y senadores, lívidos y
asustados, haciendo continuos llamamientos a la calma. Desde abajo se grita exigiendo su
dimisión. Las centrales sindicales (esta vez, todas) llaman al sepelio el lunes y a la
huelga el martes. Los partidos se limitan a pedir una investigación.
Los «especiales» y la huelga general
Llegan refuerzos policiales. Tras el masivo entierro
y la manifestación ante el lugar donde cayó el joven obrero, con silencio e ira
contenida, comienza el enfrentamiento. Saltos, cócteles, barricadas. Los malagueños
recordaremos mucho tiempo el salvaje comportamiento de los «especiales». Más de 60
heridos motivan la respuesta popular.
Nunca se vió en Málaga una paralización laboral como la del 6 de diciembre. La clase
obrera estrechó filas. Paró la provincia entera. Hasta la burguesía cerró. Sólo
«trabajó» la policía, aporreando a todo grupo de viandantes, mientras la Guardia Civil
sitió los accesos a la ciudad, las tropas fueron acuarteladas y los partidos pedían por
radio que la población se quedara en casa. Solo la CNT y algunos núcleos radicalizados,
junto a grupos espontáneos de parados, organizaban grupos de barrio y mantenían una
arriesgada actividad informativa para contrarrestar a los monopolios informativos de la
burguesía y el Estado.
El hambre, el paro, la indignación, el salvajismo policial, explican los casos de robos y
saqueos que proliferaron en los días de la batalla de Málaga. Pero el pueblo sabe que
los asaltos y roturas de cristales sólo se produjeron en grandes tiendas y almacenes.
Los ánimos de los trabajadores malagueños aún no están apaciguados. Un colectivo de la
CNT de Málaga prepara un libro sobre los hechos y las experiencias de estos días de
lucha.
Informaciones y contactos: Federación Local de la CNT, calle Dos Aceras, n.º 20 - 1.º
MALAGA.
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