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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 3 Enero 1978

Banderas de sangre en Málaga

UNA HUELGA COMO NUNCA SE VIO EN LA PROVINCIA

06.jpg (11004 bytes)Los políticos que discutían en lujosos hoteles malagueños las banderas a desplegar en las manifestaciones autonomistas quisieron excluir el rojo y el negro: pero la policía trajo la sangre roja de un joven obrero y el pueblo levantó el negro de su dolor y su protesta.

Una costosa propaganda blanquiverde nos recordaba a los malagueños -incluidos los parados, uno de cada cinco trabajadores malagueños está en paro- que la burguesía y los políticos nos ofrecían el paraíso descentralizador con bendiciones parlamentarias. No quedaba claro que la autonomía tocara los latifundios, las fábricas que se desmontan, los costos de caza, los puertos deportivos...

Un militante de la Regional andaluza de la CNT declaraba el 2 de diciembre al «Sol de España»; «CNT apoya cualquier movimiento popular autonómico, deslindando los intereses de clase que puedan convertirlo en una cortina de humo que permita a las burguesías regionales seguir explotando a los respectivos proletariados... El movimiento libertario es el padre de¡ federalismo español».

Unidos frente al paro, los pactos, los pactos...

El paro creciente en la meca del turismo, las perspectivas de emigración muy difíciles, deslindaban claramente en nuestro caso los intereses de explotados y explotadores. Pero hablan intereses políticos empeñados en confundirlos. En Málaga fracasaron.

Ya en noviembre la CNT reunió en una fiesta libertaria cinco mil personas en un mítin entusiasta contra el pacto social, mientras Camacho no logró ser escuchado por dos mil afiliados a CCOO, pues un sector considerable no cesó de gritar contra el pacto. El intento antiunitario de CCOO de movilizar la provincia con autobuses en una manifestación no convocó ni la cuarta parte de los 60.000 manifestantes que llamados por CNT, y las demás centrales, junto con los comités de huelga de Portillo, Interholce, Aviación y jornaleros del campo, demostraron la unidad obrera contra el paro y contra las tradiciones políticas.

Los ánimos estaban calientes y las maniobras políticas de la burguesía autonomista jugaban con fuego. El 4 de diciembre columnas de miles de trabajadores salen a la calle. Piden autonomía andaluza. Su masiva presencia hizo temblar a las autoridades.

¿Por qué otro muerto?

Un joven escala sin nocturnidad ni alevosía el balcón oficial, resistiéndose a creer que en una Diputación andaluza no ondeara bandera blanca y verde que el pueblo quería. Histérica respuesta del aparato represivo. Ataque indiscriminado, contundente, sin previo aviso. Un pueblo apaleado. ¿Quién dió la orden? En el puente de Tetuán, niños heridos, el joven José Manuel García Caparrós cae muerto. Todos lo vimos. Un grueso sargento de la Policía Armada disparó una bala sin retorno. Al ministro Martín Villa le merece más reprobación que llamemos a las cosas por su nombre que el hecho en sí. Asesinato.

Aquella tarde de domingo comenzaron los enfrentamientos con las Fuerzas del Orden Público. En los locales del PSOE están reunidos diputados y senadores, lívidos y asustados, haciendo continuos llamamientos a la calma. Desde abajo se grita exigiendo su dimisión. Las centrales sindicales (esta vez, todas) llaman al sepelio el lunes y a la huelga el martes. Los partidos se limitan a pedir una investigación.

Los «especiales» y la huelga general

Llegan refuerzos policiales. Tras el masivo entierro y la manifestación ante el lugar donde cayó el joven obrero, con silencio e ira contenida, comienza el enfrentamiento. Saltos, cócteles, barricadas. Los malagueños recordaremos mucho tiempo el salvaje comportamiento de los «especiales». Más de 60 heridos motivan la respuesta popular.

Nunca se vió en Málaga una paralización laboral como la del 6 de diciembre. La clase obrera estrechó filas. Paró la provincia entera. Hasta la burguesía cerró. Sólo «trabajó» la policía, aporreando a todo grupo de viandantes, mientras la Guardia Civil sitió los accesos a la ciudad, las tropas fueron acuarteladas y los partidos pedían por radio que la población se quedara en casa. Solo la CNT y algunos núcleos radicalizados, junto a grupos espontáneos de parados, organizaban grupos de barrio y mantenían una arriesgada actividad informativa para contrarrestar a los monopolios informativos de la burguesía y el Estado.

El hambre, el paro, la indignación, el salvajismo policial, explican los casos de robos y saqueos que proliferaron en los días de la batalla de Málaga. Pero el pueblo sabe que los asaltos y roturas de cristales sólo se produjeron en grandes tiendas y almacenes.

Los ánimos de los trabajadores malagueños aún no están apaciguados. Un colectivo de la CNT de Málaga prepara un libro sobre los hechos y las experiencias de estos días de lucha.

Informaciones y contactos: Federación Local de la CNT, calle Dos Aceras, n.º 20 - 1.º MALAGA.

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