La Federación Local de Madrid fue encargada nuevamente por el Pleno
Nacional de Regionales de la CNT para escoger entre sus afiliados a los miembros del nuevo
Secretariado Permanente del Comité Nacional. Una de las razones para esta decisión fue
evitar en la elección las pugnas entre «anarquistas ortodoxos» y «sindicalistas
puros» que dividen a federaciones tan dinámicas como algunas catalanas, valencianas o
andaluzas. Por otro lado, se premiaba la ponderación con que la local madrileña había
sorteado, al elegir el anterior Secretariado en el verano del 76, las polarizaciones
existentes entre «faístas» y los provinientes del grupo «Solidaridad», seleccionando
un Secretariado de firme orientación anarquista, pero con los pies en la tierra y de
probada militancia en sus respectivos Sindicatos.
Desde el 4 de septiembre de 1977 en que se hizo el nuevo encargo hasta la fecha de
escribir estas líneas, los conflictos ideológicos están minando sin embargo la vida
interna de la CNT madrileña, hasta el punto de que, para salvar la situación, el antiguo
Secretario dimitido sigue en funciones, ya entrado diciembre.
Las coordenadas del conflicto son difíciles de trazar con la relativa claridad polémica
discernible en los documentos anarcocomunistas en Euskadi o anarco-sindicalistas en
Catalunya. En la Villa y Corte siempre han pesado las «capillitas» de amigos y los
personalismos tanto o más que las tendencias propiamente ideológicas.
superman contra la infiltración marxista
Tentativamente, es posible sugerir una cierta
interpretación para entender la intolerancia con que se están abordando esos conflictos
personales a la hora de renovar los comités.
En primer lugar, está demostrado que en los comités confederales, y en los consejos de
redacción de sus publicaciones (que en el caso madrileño incluyen el portavoz de la
Regional Centro, «Castilla Libre», y el órgano confederal, «CNT»), existe un poder
real, una influencia difícilmente controlable por los clásicos mecanismos
anarcosindicalistas (cargos no retribuidos que cumplen mandatos de plenos sujetos a
revocación constante). Pero sobre este tema del liderismo provocado por una sociedad
autoritaria, volveremos despacio en el n.o 3 de BICICLETA.
En segundo lugar, y como en toda la Confederación, son constantes los roces entre los
veteranos, siempre con el 36 en la boca, y los jóvenes ácratas: faltos de una
generación intermedia que aproxime las posturas, son choques más que de concepciones
sindicales, de actitudes ante la vida cotidiana. Sin llegar al puritanismo de la «vieja
guardia» superviviente de los tiempos de la escasez y la alpargata. hay actualmente en la
CNT un fuerte rechazo hacia el pasotismo juvenil, más ácrata que propiamente cenetista:
esta reafirmación de seriedad militante de una organización obrera frente a la alegría
del porro \ la bohemia del placer, con sus diversas variantes, es tema también como para
que nos ocupemos más a fondo en un próximo número.
Finalmente, encontramos en la actual CNT madrileña
un ambiente de recelo y, sectarismo, un agitar de viejas banderas (le ortodoxia frente a
los peligros de «infiltración marxista». Hay cuestiones ideológicas serias, como las
que recogemos en los textos significativos reproducidos a continuación: se trata de la
tesis «consejista» o asamblearia frente al anarcosindicalismo clásico, y del rechazo o
no a la doble militancia, es decir, a la posibilidad que se afilien a CNT militantes de
grupos políticos o religiosos. Son cuestiones discutidas.
Pero los choques personales, como los liabidos en el ateneo libertario de Latina, o en la
sección de INTELSA de Getafe en el Sindicato del Metal, o en el Pleno Local del 9 de
noviembre, revelan una intolerancia grave. Un candidato significado por sus ataques
infundados y furibundos contra toda supuesta <infiltración marxista», que llegó a
atribuir al anterior Secretariado, recibió reiteradas impugnaciones, algunas harto
dudosas. Por otro lado, el militante atacado por dicho candidato renunció a sus cargos
escribiendo a su Sindicato: <~Me niego a presentarle a nadie avales de antigüedad
libertaria: los certificados de cristiano viejo y las partidas bautismales están de más
en una organización anarcosindicalista.»
Si las viejas guardias cenetistas y los sembradores de cizaña, en vez de dedicarse a la
difamación y a las pugnas faccionales y de obsesionarse por «tornar el poder» de los
comités. reflexionaran sobre los problemas de fondo implicados en esta CNT de 1977,
quizá aprendieran a distinguir entre el peligro real de infiltración (no sólo político
o reformista, sino especialmente el más peligroso, la provocación de origen policíaco)
y esos «resabios marxistas» o «religiosos», que inevitablemente trae a la CNT una
juventud que no ha podido formarse más que bajo una dictadura asesina (le anarquistas y
sembradora de autoritarismos. Porque nunca es tarde para seguir aprendiendo, porque no hay
revolución social sin revolución personal, pedimos y ofrecemos, desde estas páginas de
BICICLETA, tolerancia entre las diversas corrientes ideológicas del movimiento libertario
y talante constructivo en la búsqueda de íos caminos revolucionarios.
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