Un
sector donde la dispersión de los trabajadores dificulta la acción solidaria, donde las
presiones estatales y las traiciones de CC.OO. han golpeado inmisericordemente a los
compañeros en lucha, ha logrado arrancar una victoria que ha dado moral de lucha a toda
la clase obrera barcelonesa. Un militante del Sindicato de Transportes de la CNT
barcelonesa, que vivió* la huelga de principio a fin, nos envíala siguiente crónica.
A los 4 días de desaparecer la sindicación obligatoria, el 4 de julio, una asamblea del
ramo de gasolineras discutió las posturas y estatutos de cuatro centranles: UGT, CNT,
CC.OO. y USO. Más de la mitad de los 2.300 trabajadores del sector en la provincia
acordaron afiliarse a la CNT.
Cuando la patronal denuncia el convenio, ya que la CNT no quería negociaciones bajo el
control de la AISS, sino negociaciones directas con la patronal (que ésta teme y prefiere
ser amparada por la Administración, de cara al laudo de obligado cumplimiento), CC.OO. se
apresura a pedir 850 pesetas de sueldo diario. Pero las asambleas que cada miércoles,
desde fines de junio, se celebran para arrancar mejoras sobre el convenio interprovincia¡
(que de 450 ptas. de jornal había pasado a 700 a raíz de la simple amenaza de huelga)
querían subidas acordes con el nivel real del coste de la vida en Barcelona; 1.000 ptas.
de jornal, decide la asamblea. El índice del coste de la vida en Barcelona es mucho más
elevado que en otras provincias.
La patronal se cierra y la asamblea de trabajadores opta por la huelga legal, que se
tramita y comienza el 21 de octubre a las 6 de la mañana.
El cuarto día, CC.OO. lanza la consigna de vuelta al trabajo. Fracasada la maniobra
inicial de rebajar la plataforma asamblearia, trata ahora de enfrentar a los trabajadores
y a la CNT con el pueblo. La patronal no tardó en utilizar el cable que le echaban: a la
comisión negociadora le advierten que se está boicoteando el recibimiento a Tarradellas.
Se propala por varios pueblos (Granollers, Santa Eulalia) que la CNT provocaba el caos con
una huelga revolucionaria. Se logró que grupos de gente invadiera las gasolineras
pidiendo a los obreros que volvieran al trabajo.
Los pocos afiliados de CC.OO. en el sector rompieron sus carnets, la afiliación a CNT
pasó del 90 por ciento. Pero el daño estaba hecho.
El 24, nuevo asalto antiobrero: la CAMPSA instala 'surtidores ilegales, sin medidas de
seguridad y servidas por esquiroles, amenazando incautar las gasolineras y revocar las
concesiones para ir al despido masivo de huelguistas. El gremio de empresarios insta a dar
de baja a los trabajadores de la Seguridad Social. Pero la CNT está advertida, y sabe que
no pueden hacerlo, pues la huelga se ha tramitado legalmente.
Para atender los casos de urgencia. los trabajadores sólo aceptaban el salvoconducto del
Sindicato de Transportes de la CNT. El sindicato, frente a las amenazas de muerte, frente
a los asaltos y amenazas a los locales cenetistas en busca de la caja de resistencia,
frente a las presiones de la Guardia Civil en los centros de trabajo, advierte a las
autoridades que la paciencia de la CNT tiene un límite.
La asamblea de trabajadores se mantiene firme en su postura de huelga cuando el 26 de
octubre el gobernador civil reúne como emergencia a la patronal y al comité de huelga.
La tensión fue grande en las 5 horas que duró la reunión. El comité de huelga fue
coaccionado con informaciones (que desgraciadamente eran reales) de que, a instancias de
CC.OO. los compañeros en varias gasolineras habían sido golpeados por el pueblo.
Es cierto que la situación era insostenible. En el mercado negro se vendía gasolina a
200 ptas., se pudría pescado en camiones se saqueaban los depósitos. El gobernador, en
hilo directo con Madrid, anuncia que la huelga tiene que acabar ese día o la CAMPSA
retirará las concesiones. Un patrón se desmaya, hay voces y puñetazos en la mesa. Un
compañero anuncia que sale de allí a encadenarse a su gasolinera con sus 4 hijos.
Finalmente, se llega a un acuerdo: la patronal ofrece 103.500.000 pts. a repartir entre
los 2.300 huelguistas, suponen 881 pts. de salario mínimo diario, retroactivo desde el 1
de abril del 77, y revisable en junio del 78. Pero lo que se subía por encima de las 700
del convenio interprovincial no constaría en nómina Los compañeros marchan a
comunicarlo al sindicato para que la asamblea ratifique o no el acuerdo. A las 8 de la
tarde del 26, la asamblea acuerda respaldar lo negociado por su comité de huelga y
reincorporarse al trabajo.
Un sector cenetista, no del propio sindicato de Transportes, consideró que se habían
presentado hechos consumados a la asamblea; que esto se debía a la escasa experiencia
anarcosindicalista del comité de huelga, cinco de cuyos componentes sólo militaban en
CNT desde hacía 2 meses; que la afiliación debe ser más selectiva... Pero más allá
del radicalismo verbal, creemos que la huelga. en la que no ha habido un solo despido y
que ha terminado con una relativa victoria, es un paso adelante en la experiencia de lucha
de la clase obrera catalana, en si¡ confianza en el movimiento asambleario frente a los
pactismos políticos.
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