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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 1 Noviembre 1977

¿Quién cree en los Reyes Magos?

EL GOBIERNO Y LAS CENTRALES POLITICAS PACTAN A ESPALDA S DE LOS TRABAJADORES

Cuando los trabajadores estamos perdiendo la terrible huella de miedo que nos dejó a todos la dictadura, las burocracias sindicales se aprestan a llamarnos al sacrificio para salvar a los capitalistas de su crisis. A cambio quieren obtener de¡ Gobierno su parte de¡ pastel.

Desde hace meses, ¡las "tres grandes" de¡ sindicalismo democrático (CC.OO., UGT y USO) están empeñadas hasta el cuello en negociaciones con el Gobierno de la reforma. Muchos no ven claro quién se ha llevado al huerto a quién. Para nosotros la cosa no tiene vuelta de hoja. Quienes salimos perdiendo seremos los trabajadores.

¿Qué se cuece en estas negociaciones?

Por una de las partes, se trata de obtener del Gobierno un "paquete" de medidas que permita consolidar su implantación en el mundo laboral. Esa implantación es aún minoritaria para la totalidad de las centrales; la afiliación real no sobrepasa, el 15 por ciento de los asalariados, aunque las cifras que airean las centrales duplican esa proporción.

El famoso "paquete" incluiría regalitos como la amnistía laboral, o al menos una indemnización que hiciera las veces de esta reivindicación obrera; una protección a los trabajadores sindicados y especialmente a las burocracias sindicales, que permitiera afirmar que se había terminado con el despido libre; una reglamentación de las elecciones sindicales controladas por las centrales; la distribución del patrimonio sindical; la participación de los sindicatos en la gestión de la seguridad social, etc.

Con tales presentes, las centrales negociadoras podrían comparecer ante los trabajadores cual nuevos Reyes Magos y pedirles a cambio que sean buenos hasta el año que viene, y que acepten apretarse el cinturón, porque si son malos van a venir los coroneles con el carbón.

Para la otra parte, la cosa está aún más clara. Lo que se negocia es más o menos ésto: si vosotros me asegurais que los trabajadores van a estarse calladitos ante el paquete estabilizador de restricciones económicas que les vamos a meter, nosotros os ayudamos a haceros con el control efectivo de las masas obreras.

"Paquete" por "paquete", parece que la voz de los trabajadores ha sido sustituida por la de los políticos y los dirigentes sindicales profesionales. Toda esa gente que negocia es gente a la que le pagan por eso, por dirigirnos la vida a los demás. Es lógico que en tales regalitos ni se plantee la autoorganización obrera en las empresas, el control de los trabajadores sobre la producción y la distribución, la posibilidad de fórmulas autogestionarias para la economía y la sociedad. Todo eso son utopías, se nos dice. En lo que hay que creer a pies juntillas es ahora en los Reyes Magos Melchor Camacho, Gaspar Redondo y Baltasar Jiménez de Parga que nos traerán lo que les pidieron los que votaron el 15 de junio.

¿Qué les pediste tú? ¿Y tú? A los descreídos que no les pedimos nada, más que nos dejaran en paz, se nos recuerda que todavía existen el hombre del saco y los cuartos oscuros, que el capitalismo, el Gobierno, el Ejército, están vivitos y coleando. Y además que necesitan nuestra ayuda.

La disciplina laboral, versión renovada

Está claro que tanto los empresarios como el Gobierno están interesados en sindicatos que puedan disciplinar la fuerza laboral y pactar en su nombre; eso era exactamente lo que hacían los Verticales bajo el franquismo, con la diferencia que entonces la disciplina pasaba por la cárcel y el pacto se quedaba en la adhesión incondicional de los de siempre. En cambio ahora, ya se sabe, con la democracia las cosas son distintas. La disciplina ciudadana y laboral se consigue con el hábil "rnarketing" de los votos a golpe de dinero, publicidad y persuasión; si alguno se desmanda, los "grises" siguen estando ahí; eso sí; ya hay sus más y sus menos a la hora del "pacto", entre otras razones porque la parte sindical tiene sus bazas políticas que jugar, y no se limita alacosa laboral y salarial. Pero al final se pacta. Aunque sea lo del Gobierno de concentración" con Camacho y Fraga codo a codo, a cambio del "plan de saneamiento" de los beneficios capitalistas, pobrecitos ellos tan asustadizos que se fueron para Suiza; o por lo menos, si no se consigue completar el pacto social con un pacto político, se obtiene el patrimonio verticalista a cambio de un cierto compromiso entre caballeros, de echarles vaselina a las huelgas. El caso es pactar.

¿Pacto o revolución?

La obsesión pactista es la clave política del momento. Se trata de establecer las reglas del juego, ahora que han vuelto a autorizarlo. Está claro que al Gobierno, al empresariado y al sindicalismo político les interesa el pacto para hacer sus progra- i maciones, sus inversiones y sus campañas. Pero ¿interesa el pacto a los trabajadores? ¿Y quién puede responder por ellos? Sólo su respuesta será decisiva.

Mientras, a las negociaciones-fantasma (que aparecen y desparecen como el Guadiana, según el ritmo de los borradores gubernamentales), se incorporan los uni tarios maoístas (CSUT, SU) y los sindicatos nacionalistas (ELA-STV, SOC), sin que el tema de conversación varíe. Las dimensiones del dichoso paquetito (que si el convenio lo negocian los comités de empresa, que si las secciones sindicales, que si las elecciones deben ser antes o después, y con estos o aquellos requisitos) A nadie se le ocurre decir allí que los convenios son un arma de la patronal para aumentar los ritmos, ni que los trabajadores ya están haciendo sus propias elecciones en muchas empresas sin que nadie se las organice. Las del paquetón que nos ha preparado el Gobierno todos las aceptan.     

Por lo demás, la compatibilidad entre medios pactistas y objetivos anticapitalistas se explica fácilmente gracias al arsenal teórico marxista: condiciones objetivas, correlación de fuerzas, etapas sucesivas, corto plazo, contradicciones principales y secundarias, etc., etc.

Que nosotros sepamos, sólo ha habido
un convidado de piedra que se ha permitido rechazar las negociaciones y preguntar qué demonios pintan las autoridades políticas en cuestiones laborales que los trabajadores mismos debían ventilar en sus asambleas. Pero ya se sabe. Esos aguafiestas de la CNT ni quieren pactos, ni gobiernos, ni elecciones decretadas por el Estado ¿qué quieren esos "pieles rojas" salvajes e insumisos que alborotan el corral de los domesticados?, ¿cómo?, ¿la revolución?, ¿la emancipación obrera?, ¿el fin del capitalismo y del salario?, ¿el comunismo libertario? Pero hombre, si eso ya no se lleva. Eso son ensueños utópicos. Lo de ahora, lo realista, lo eficaz, es creer en los Reyes Magos ...

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