EL
GOBIERNO Y LAS CENTRALES POLITICAS PACTAN A ESPALDA S DE LOS TRABAJADORES
Cuando los trabajadores estamos perdiendo la terrible huella de miedo que
nos dejó a todos la dictadura, las burocracias sindicales se aprestan a llamarnos al
sacrificio para salvar a los capitalistas de su crisis. A cambio quieren obtener de¡
Gobierno su parte de¡ pastel.
Desde hace meses, ¡las "tres grandes" de¡
sindicalismo democrático (CC.OO., UGT y USO) están empeñadas hasta el cuello en
negociaciones con el Gobierno de la reforma. Muchos no ven claro quién se ha llevado al
huerto a quién. Para nosotros la cosa no tiene vuelta de hoja. Quienes salimos perdiendo
seremos los trabajadores.
¿Qué se cuece en estas negociaciones?
Por una de las partes, se trata de obtener del
Gobierno un "paquete" de medidas que permita consolidar su implantación en el
mundo laboral. Esa implantación es aún minoritaria para la totalidad de las centrales;
la afiliación real no sobrepasa, el 15 por ciento de los asalariados, aunque las cifras
que airean las centrales duplican esa proporción.
El famoso "paquete" incluiría regalitos como la amnistía laboral, o al menos
una indemnización que hiciera las veces de esta reivindicación obrera; una protección a
los trabajadores sindicados y especialmente a las burocracias sindicales, que permitiera
afirmar que se había terminado con el despido libre; una reglamentación de las
elecciones sindicales controladas por las centrales; la distribución del patrimonio
sindical; la participación de los sindicatos en la gestión de la seguridad social, etc.
Con tales presentes, las centrales negociadoras podrían comparecer ante los trabajadores
cual nuevos Reyes Magos y pedirles a cambio que sean buenos hasta el año que viene, y que
acepten apretarse el cinturón, porque si son malos van a venir los coroneles con el
carbón.
Para la otra parte, la cosa está aún más clara. Lo que se negocia es más o menos
ésto: si vosotros me asegurais que los trabajadores van a estarse calladitos ante el
paquete estabilizador de restricciones económicas que les vamos a meter, nosotros os
ayudamos a haceros con el control efectivo de las masas obreras.
"Paquete" por "paquete", parece que la voz de los trabajadores ha sido
sustituida por la de los políticos y los dirigentes sindicales profesionales. Toda esa
gente que negocia es gente a la que le pagan por eso, por dirigirnos la vida a los demás.
Es lógico que en tales regalitos ni se plantee la autoorganización obrera en las
empresas, el control de los trabajadores sobre la producción y la distribución, la
posibilidad de fórmulas autogestionarias para la economía y la sociedad. Todo eso son
utopías, se nos dice. En lo que hay que creer a pies juntillas es ahora en los Reyes
Magos Melchor Camacho, Gaspar Redondo y Baltasar Jiménez de Parga que nos traerán lo que
les pidieron los que votaron el 15 de junio.
¿Qué les pediste tú? ¿Y tú? A los descreídos que no les pedimos nada, más que nos
dejaran en paz, se nos recuerda que todavía existen el hombre del saco y los cuartos
oscuros, que el capitalismo, el Gobierno, el Ejército, están vivitos y coleando. Y
además que necesitan nuestra ayuda.
La disciplina laboral, versión renovada
Está claro que tanto los empresarios como el
Gobierno están interesados en sindicatos que puedan disciplinar la fuerza laboral y
pactar en su nombre; eso era exactamente lo que hacían los Verticales bajo el franquismo,
con la diferencia que entonces la disciplina pasaba por la cárcel y el pacto se quedaba
en la adhesión incondicional de los de siempre. En cambio ahora, ya se sabe, con la
democracia las cosas son distintas. La disciplina ciudadana y laboral se consigue con el
hábil "rnarketing" de los votos a golpe de dinero, publicidad y persuasión; si
alguno se desmanda, los "grises" siguen estando ahí; eso sí; ya hay sus más y
sus menos a la hora del "pacto", entre otras razones porque la parte sindical
tiene sus bazas políticas que jugar, y no se limita alacosa laboral y salarial. Pero al
final se pacta. Aunque sea lo del Gobierno de concentración" con Camacho y Fraga
codo a codo, a cambio del "plan de saneamiento" de los beneficios capitalistas,
pobrecitos ellos tan asustadizos que se fueron para Suiza; o por lo menos, si no se
consigue completar el pacto social con un pacto político, se obtiene el patrimonio
verticalista a cambio de un cierto compromiso entre caballeros, de echarles vaselina a las
huelgas. El caso es pactar.
¿Pacto o revolución?
La obsesión pactista es la clave política del
momento. Se trata de establecer las reglas del juego, ahora que han vuelto a autorizarlo.
Está claro que al Gobierno, al empresariado y al sindicalismo político les interesa el
pacto para hacer sus progra- i maciones, sus inversiones y sus campañas. Pero ¿interesa
el pacto a los trabajadores? ¿Y quién puede responder por ellos? Sólo su respuesta
será decisiva.
Mientras, a las negociaciones-fantasma (que aparecen y desparecen como el Guadiana, según
el ritmo de los borradores gubernamentales), se incorporan los uni tarios maoístas (CSUT,
SU) y los sindicatos nacionalistas (ELA-STV, SOC), sin que el tema de conversación
varíe. Las dimensiones del dichoso paquetito (que si el convenio lo negocian los comités
de empresa, que si las secciones sindicales, que si las elecciones deben ser antes o
después, y con estos o aquellos requisitos) A nadie se le ocurre decir allí que los
convenios son un arma de la patronal para aumentar los ritmos, ni que los trabajadores ya
están haciendo sus propias elecciones en muchas empresas sin que nadie se las organice.
Las del paquetón que nos ha preparado el Gobierno todos las aceptan.
Por lo demás, la compatibilidad entre medios pactistas y objetivos anticapitalistas se
explica fácilmente gracias al arsenal teórico marxista: condiciones objetivas,
correlación de fuerzas, etapas sucesivas, corto plazo, contradicciones principales y
secundarias, etc., etc.
Que nosotros sepamos, sólo ha habido un convidado de piedra que se ha permitido
rechazar las negociaciones y preguntar qué demonios pintan las autoridades políticas en
cuestiones laborales que los trabajadores mismos debían ventilar en sus asambleas. Pero
ya se sabe. Esos aguafiestas de la CNT ni quieren pactos, ni gobiernos, ni elecciones
decretadas por el Estado ¿qué quieren esos "pieles rojas" salvajes e insumisos
que alborotan el corral de los domesticados?, ¿cómo?, ¿la revolución?, ¿la
emancipación obrera?, ¿el fin del capitalismo y del salario?, ¿el comunismo libertario?
Pero hombre, si eso ya no se lleva. Eso son ensueños utópicos. Lo de ahora, lo realista,
lo eficaz, es creer en los Reyes Magos ...
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